miércoles, 10 de marzo de 2010

Cintio Vitier: Carta a los pioneros

-

Hoy he recibido carta que me habla de ustedes:
De que quisieran tener en sus propias letras
Las palabras de la poesía que esgrimimos
Como herramientas, como armas, como flores,
Para hablar del trabajo, de la guerra, del amor,
Para cantar la poderoso música de la Revolución.
Y me he puesto a escribirles de vuelta, y encuentro
Que es un poema lo que he estado escribiéndoles,
Un poema con las sencillas palabras diarias,
Para agradecerles la alegría que su carta me ha traido
(Una alegría entre las alegrías de nuestra vida revolucionaria).
Y para hablarles, también,
De esa poesía que ustedes quieren tener en su propio dibujo,
Con vocales llenas de aire y los rasgos de la mano.

Esta poesía, mis queridos amigos, nosotros la encontramos
Acurrucada entre libros, maltrecha, perseguida,
Y con manos amorosas la levantamos temblando
Como a un animalito acorralado y hermoso
Que a duras penas podríamos retener junto al corazón.
Alguna vez el amor o la esperanza nos ayudaron
A hacerles la vida más llevadera cerca de nosotros,
Pera casi siempre fue arisca y triste, cabizbaja
Como quien ha perdido su casa y camina bajo al lluvia.

¡Qué felizmente distinto va a ser todo para ustedes!
La poesía ha salido de los libros, sacudiéndose las letras,
Y está junto a ustedes, sonriendo y cantando, está en ustedes,
En las cooperativas y en las fábricas, en las grandes marchas del pueblo,
En las banderas color de cólera, en el sacrificio
De los que caen, fusil en mano, defendiendo la tierra sagrada,
Y en la caminata del maestro bajo las estrellas,
Y en el trabajador voluntario que hace caer la caña o eleva una escuela.
Niños, mis amigos, mis hijos: las letras con que se escribe la poesía
Son ustedes caminando felices hacia un futuro de hombres verdaderos.

__________

Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Año V. Número 15 diciembre de 1985.

Responsable: Julio Valle-Castillo

Consejo Editorial:
Carlos Calero (Monimbó); Juan Ramón Falcón (Condega); Marvin Ríos (Niquinohomo); Cony Pacheco (Subtiava); Gonzalo Martínez (Bluefields); Gerardo Gadea (Ejército Popular Sandinista)

jueves, 4 de marzo de 2010

Iswe Letu: Acérrimo adalid


Era minúsculo pero de aliento considerable.

Aunque, íntimamente, acérrimo adalid -uno de tantos entre los jornaleros- de que, al labrantío, se le dejase agonizar y morir en paz.

Recóndita propensión déspota para un quebradizo y escuchimizado cuerpo. Lógica en la escabrosidad de su alma herida y quebrantada. Y laborada con doladeras; fraguadas, eso si, en el dulce ensueño; que no otra cosa eran: artimaña, solo artimaña, labiodental: forraje o potaje que se engullía entre ellos, superficialmente; y tratando de derrumbar, desguarnecida y estúpida -pensaban- sensiblería pequeño burguesa: en la cual, no obstante, caían todos ellos.

En realidad, era un ansia de tierra para trabajarla en propiedad individual y, si pudiera materializarse, intransferible. Esa ansia se transformaba en odio cordial -pero odio a la postre- los domingos, cuando jugaban a las cartas; y a la atardecida, los pequeños propietarios, levantándose de la mesa, se despedían saludando, con harto dolor de su corazón, para atender al ganado y otros menesteres y, ellos, los jornaleros, respondían:

--"¡Ale!, el que tenga hacienda, que la atienda; y si no, que la venda"

Y seguían jugando a las cartas con una mezcla de envidia y gozo.

Intención tan íntima de reestructuración terrena, hay que decir, nunca fue llevada a la práctica con hechos colectivos; resignándose o conformándose, todos ellos, con los llamados "huertos familiares"; cuya productividad no alcanzaba para mantener una pierna, cuanto más para alimentar una familia entera.

Libélula negativa su íntima y volátil protesta por cuanto pendulaba en un océano de triple oleaje contrapuesto: querer y no poder y no actuar.

Consideraba, y consideraban, inconscientemente, dadivosa marejada su amargura; pero de tan minúsculas olas que hender, lo que se dice hender, no hendían nada.

Esa inferioridad, ese pequeño oleaje, no obstante, estaba adornado de ínfulas ególatras, humildísimas si, pero ínfulas; y que sirvieron para muy poco. Pobre marejada transmitida, al hijo emigrado, si no por una educación sistemática, que no pudo darle, y oralmente era comprometido, sí en la carne rasguñada.

Los nones mechados e insertados en el aire de su cabaña, ante la lumbre de su hogar, atravesado por corrientes heladas que latigueaban sus espaldas, después pude comprender el porque no salieron al exterior nunca.

Como pude entender que, la punzadura espiritual que guardó durante años y nunca la declarara, nada mas que a unos pocos, demostraba fehacientemente que un cuerpo, por muy pequeñito que sea o por muy degenerado que parezca, esconde un cerebro hecho durante siglos para eso, para cavilar.

Demostraba también el dicho, en lenguaje guerrero: "no hay enemigo pequeño".

Esta verdad de Perogrullo necesitaba demostrarse en un ser como este: sumiso, apocado, conformista, un si es no es imbécil, borracho muchas veces, casi enano, de barba negra y tupida como mono y un sonreír continuado como el tonto que parece que mira con la boca.

Necesitaba demostrarse cabalmente, para comprender las corrientes de pensamiento rebelde que, como un guadiana, aparecen y desaparecen a lo largo del planeta.

Esa verdad perogrullesca, que yo descubrí, me llenó de alegría pues echaba por tierra la concepción de las llamadas "minorías selectas inasequibles al desaliento".

Su casa, en la que entré una sola vez -recién encaladas sus paredes, y fregados y adecentados los suelos con, a modo de pintura, la mierda de las bacas convenientemente envuelta en agua y que olía a limpio- por lo que pude ver, constaba de dos partes: una espacio enfrente de la puerta, con leña y aperos de labranza y una cocina, diminuta, separada de lo anterior por una pared de adobes, a la izquierda; tenía esta cocina, en su frente, el hogar con lumbre de paja y un puchero al fuego; en la parte de la derecha, una mesa de madera donde cabían muy ajustadas dos personas; y mas a la derecha, un camastro donde dormía.

Me habló de bastante cosas: de su niñez en el orfelinato del que había salido sin transformarse en delincuente; y lo decía con orgullo pues distintos compañeros habían terminado en la penitenciaría; de la contienda del 36, en las filas antagonistas a la República; y porque le acarrearon a la fuerza, es un decir, pero de manera acostumbrada, al estar, como estaba entonces, en el servicio militar, dentro de la jurisdicción que quedó en poder de los sublevados contra la administración legítima.

Subrayaba lo de que fue acarreado a la fuerza, en razón de que muy bien pudiera haber guerreado en la otra zona, mismamente a la fuerza, de haberle pillado la sublevación en lado contrario.

El, de asuntos políticos, no entendía, aunque sí se le alcanzaba que fue a salvaguardar las posesiones de los labradores del pueblo y no nada suyo que no tenía ninguna propiedad.

Del desposorio con una muchacha a la que todavía rememora con apasionamiento y que, lamentablemente, se le murió al despuntar el retoño, un año sobrevivió con él solo --se le saltaron las lágrimas

-- Mese murió enseguida, ¡Dios la tenga en su gloria!

Aquí le interrogué sobre su religiosidad ya que iba al templo, los domingos y fiestas de respetar, sin fallar un día siquiera:

-- Algo tiene que haber. Aunque no creo yo que estos palos... Pero esto que no salga de aquí -dijo cogiendo dos maderos, cercanos a la lumbre, poniéndolos en cruz.

Y luego sus ojos se encendieron como dos ascuas.

-- ¡Ah!, pero Cristo: ese si... ¡como le maltrataron! -- concluyó.

Fue un razonamiento muy gráfico y no había que manifestar nada más: con eso valía.

Su protesta, alimentada, como se decía, de hambres y fríos, alcanzó colorantes asesinos que, bienaventurada o desgraciadamente --según se vea-- no pudieron encarnarse en hechos sangrientos, por afrentas recibidas, día a día, en su pueblo, por bravucones:

-- "Me cagüen..., por chulos: que eso es lo que son".

En una bodega, un poquito embriagado, extrajo una navaja con la determinación de rajar al pimpollo de un propietario que conceptuó a su desposada de ramera; el otro se rió de él abusando de su considerable reciedumbre; le inmovilizó el brazo armado con una mano y con otra mano le apretó la mollera hasta metérsela en la cubeta de vino; indefenso como estaba, y de impotencia lleno, le dio un ataque de nervios y tuvieron que trasladarlo al domicilio; desde aquel tiempo lo trataron de borrachín y, como tal beodo, se encurdelaba muy a menudo.

En las viviendas --no en todas-- donde sirvió le proporcionaban "vino como quien echa pienso al cerdo".

En los últimos tiempos del franquismo, como decía, los vínculos con los propietarios se habían despersonalizado hasta extremos de ajustarse por una porquería de estipendio y a la hora de la comida "te echaban a casa".

-- "Antes, por lo menos, comías con ellos y de su misma comida; y, si no todos, algunos te trataban como uno más de la familia; ahora eso se acabó; y no me gusta " -concluía.

Su rabia comenzó empozándola para dirigirla después hacia los que quieren guadañar el mas mínimo brote de protesta; pero en una inclinación espermática vacióla en su esposa que le dio un descendiente, como ya se ha dicho, aunque falleciera a consecuencias del alumbramiento, como también se ha dicho.

Inmortalizó aspiraciones en consumado acontecimiento amoroso, con toda la imperfección, pero con toda la esperanzada y alabanciosa polidipsia.

Un día será coronada de abricotinas, o pernigones, o ciruelas que tanto le gustaban; aunque la sangre manche todas las paredes.

Sangre que vio como le brotaba a su hijo cuando se le resbaló del catre y se rompió la cabecita; fue el principio de una sucesión de adversidades hasta que consiguió, mediante el venerable del pueblo, llevárselo a un establecimiento de caridad.

-- "Me cagüen... vaya si lo logré".

La ventisca debeló lánguida hojarasca y él, sin ser consciente de su labor, o por serlo, marcaba un precedente colactáneo al prolongarse en su descendiente; produciéndole una sublime delectación; placer resbaladizo difícil de apresar por los enemigos que llevó, siempre, marcados en su cerebro como con hierro al rojo vivo.

Ya anciano y apoyado en un báculo, para disimular la renquera de una pierna que le apareció a continuación de un mal, fue a cobijarse, con su retoño emigrado, a un pueblo éuscaro allá por los años de mil novecientos setenta y tantos.

Un día, contemplando la manifestación de los obreros de una papelera -encabezando la cual iba su vástago, entre otros, en vanguardia, agarrando la pancarta- como viera un vehículo de la policía, que él creyó, se lanzaba a toda velocidad contra los proletarios, temiendo seriamente por la supervivencia de su sucesor, se interceptó en la trayectoria del móvil.

Y lo hizo gritando algo que había oído vocear, bastantes veces, por aquellos lares. Algo que, aunque no entendía, le parecía un insulto gigantesco, muy sonado, taumatúrgico. Ese algo le brotó de un manantial acibarado. Ese algo cuyo espíritu, para él, se transformaba en despachurrador de hacendados perdonavidas de su pueblo.

Ese algo se le desbordó en su boca sin comprender que, precisamente eso, ese algo que nombraba, permanecía absolutamente indiferente a la huelga y a la manifestación que capitaneaba su hijo.

Y gritó: "Gora eta mil...". Y el automóvil le mutiló el grito y el cuerpo.

Murió atropellado por un auto policial sin que sus ocupantes penetraran en el porqué de su actuación.

Y menos, claro está, en la sonrisa que afloraba en sus labios mientras moría.

Fue poca cosa de cuerpo pero de aliento considerable.

martes, 23 de febrero de 2010

Helio Orobio: Cablepoema



(Pónganle, en lugar de Viet Nam, Afganistán, Irak y... y estará perfectamente actualizado el poema del poeta cubano Helio Orobio) 



Ese avión,
ese ojo que mira de reojo
hacia abajo,
tiene perfectamente localizado
el objetivo.
Una orden, solo una orden
y una aldea dejará de ser, de existir
en el mapa del Viet Nam.

Pero el ojo que ve
es visto, lo ven, lo miran de reojo
hacia arriba.
Una orden, sólo una orden
y la fortaleza F-105 dejará de ser, de existir
en las estadísticas de Air Force.




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Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Año V. Número 15, diciembre de 1985.

Responsable: Julio Valle-Castillo

Consejo Editorial:
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sábado, 30 de enero de 2010

Jacques Roumain: Negro, nigger, mugre negro (*)

Jacques Roumain: Mugres negros

(poner aquí este poema es un pretexto para que no se olvide la tragedia del pueblo haitiano; recordarlo en uno de sus poetas)

+

Y bien así es;
nosotros
los negros
los niggers
los mugres negros
ya no aceptamos
tan sencillo
se acabó
ser en África
en América
sus negros
sus niggers
sus mugres negros
ya no lo aceptamos
les sorprende
decir: sí señó
cuando limpiamos sus botas
sí padrecito
al misionero blanco
sí amo
al cortar para ustedes
la caña al cosechar
el café
el algodón
el cacahuate
en África
en América
como buenos negros
como pobres negros
como mugres negros
que éramos
que ya no seremos
Se acabaron ya verán
nuestro yes Sir
oui blanc
sí señor
y
cuidado, sargento
sí, mi jefe
cuando se nos dé la orden
de ametrallar a nuestros hermanos árabes
en Siria
en Túnez
en Marruecos
y nuestros camaradas blancos en huelga
muertos de hambre
oprimidos
expoliados
como nosotros despreciados
los negros
los niggers
los mugres negros
Sorpresa
cuando la orquesta de sus cabarés
de las rumbas y los blues
les toque otra cosa
que no esperaba la putería aceda
de sus padrones y zorras enjoyadas
para quien un negro
es sólo un instrumento
para cantar, verdad
para bailar, of course
para fornicar, naturlich
sólo un artículo
que se compra se vende
en el mercado del placer
sólo un negro
un nigger
un mugre negro
Sorpresa
jesúsmaríajosé
sorpresa
cuando agarremos
con risa terrible
al misionero por la barba
para enseñarle ahora nosotros
a patadas en el culo
que nuestros abuelos
no son
galos
que nos importa un carajo
un Dios que
si es el Padre
bueno entonces nosotros
los negros
los niggers
los mugres negros
a creer que no sólo somos sus bastardos
inútil berrear
jesúsmaríajosé
como odre podrido reventando mentiras
tenemos que enseñarte
lo que en definitiva cuesta
predicarnos a punta de chicote y yo pecador
la humildad
la resignación
de nuestra suerte maldita
de negros
de niggers
de mugres negros
La máquinas de escribir mascarán órdenes de represión
castañeando los dientes
fusilen
ahorquen
deguellen
a esos negros
esos niggers
esos mugres negros
Embijados como enloquecidas moscas de carroña
en la telaraña de las gráficas
desplomadas de la bolsa
los grandes accionistas de compañías mineras y forestales
los propietarios de destilerías y plantaciones
los propietarios de negros
de niggers
de mugres negros
y el teletipo delirará
en nombre de la civilización
en nombre de la religión
en nombre de la latinidad
en nombre de Dios
en nombre de la Trinidad
en nombre de Dios pardiez
tropas
aviones
tanques
gases
contra esos negros
contra esos niggers
contra esos mugres negros
Demasiado tarde
hasta el corazón de las selvas infernales
retumbará precipitado el tartamudeo terrible
telegráfico de los tam-tams infatigables repitiendo
repitiendo
que los negros
ya no aceptan
ya no aceptan
ser sus negros
demasiado tarde
porque habremos surgido
de las cuevas de ladrones de las minas de oro del Congo
y de Sudáfrica
demasiado tarde será demasiado tarde
para impedir en las plantaciones de Luisiana
en los grandes ingenios de las Antillas
la cosecha de venganza
de los negros
de los niggers
de los mugres negros
será demasiado tarde se lo digo
porque hasta los tam-tams aprenderán el idioma
de la Internacional
porque hemos escogido nuestro día
el día de los mugres negros
de los mugres indios
de los mugres hindúes
de los mugres indochinos
de los mugres árabes
de los mugres malasios
de los mugres judíos
de los mugres proletarios
Y aquí estamos de pie
todos los condenados de la tierra
todos los justicieros
yendo al asalto de sus cuarteles
de sus bancos
como un bosque de antorchas fúnebres
para acabar
de una
vez
por
todas
con este mundo
de negros
de niggers
de mugres negros

///

Del libro 'Poesía negra de América'. Bliblioteca Era. 1976
Traducción de Jorge Alberto Manrique

(tomado de: http://migueleguedez.wordpress.com/)
http://migueleguedez.wordpress.com/2010/01/18/mugres-negros-jacques-roumain-poeta-haitiano-1907-1944/
(*) El título es nuestro

martes, 26 de enero de 2010

Nombrar a Anthony Phelps y a Rony Lescouflair es recordar a Haití (*)

A propósito de Haití

Por: José Carlos Yrigoyen

Tomado de: http://www.elhablador.com/blog/

“Oh país mío, tan triste es la estación / que ha llegado el tiempo de hablarse en señas”, escribía el poeta haitiano Anthony Phelps a finales de la década del sesenta en su vibrante poema “Mon pays que voici”. Phelps, nacido en Puerto Príncipe en 1928, ya por entonces había publicado dos libros fundamentales para entender la poesía haitiana contemporánea: Éclats de silence, en 1962, y el que da nombre al poema antes citado, en 1968. Había pasado años en las infernales prisiones del duvalierismo, iniciado unos años atrás su exilio en Canadá, el cual se remontaría hasta mediados de los ochenta; era parte de esa generación de poetas cuya voz había surgido casi al mismo tiempo que la llegada del torvo Francois Duvalier, y al igual que sus compañeros, había elegido convertir su poesía en un arma y su obra en la denuncia del régimen que hacía padecer horrores medievales al pueblo haitiano. “Quién no duda ante el esfuerzo por cumplir / ante la ostentación de un mundo por construir o reconstruir / cuando la podredumbre febril lo roe hasta su síntesis / hasta su profundo desdoblamiento.” Se preguntaba Rony Lescouflair en la cárcel, donde había ido a parar por sus poemas contra el autonombrado presidente vitalicio, el que mandó erigir un enorme panel en la bahía de Puerto Príncipe compuesto por gigantescas letras rojas donde se leía esta frase pronunciada en alguno de sus inacabables y paranoicos discursos: “Yo soy la bandera haitiana, una e indivisible”, aquel que un día lo mandó matar mediante su brutal policía al darse cuenta que ni las amenazas ni las torturas podían silenciar sus llamados de pasar a la acción para destronar al opresor: “No basta tener sed para hacer brotar la fuente. Es necesario escarbar la tierra hasta lo más profundo de sus entrañas, y con los propios dedos”. La poesía haitiana coincidía en que había temas urgentes que tratar, y que no sólo era su misión describirlos sino ser parte activa del cambio de las cosas. Rehuyó el puro lamento y el miserabilismo –al menos en sus poetas más destacados- y el terror la volvió lúcida, aguda y muchas veces hasta paródica, en un intento de reflejar una realidad que a veces no se podía tomar de otra manera: “Tres veces cantó el gallo; / Pedro no traicionó: / se hizo diplomático”, escribió Lescouflair unos meses antes de convertirse en uno de los tantos mártires que la poesía haitiana cuenta en sus filas.

Lescouflair no dejó una obra muy amplia, pero sí un libro rotundo, Notre amour, le temps, les espaces, de 1965, que marca una época en la resistencia literaria de su país. Luego de su muerte, Notre amour… se convertiría en uno de los poemarios haitianos más reeditados de las siguientes décadas, y los versos que contiene tornarían en cantos de batalla para los intelectuales y estudiantes en la oposición: “Tengo la angustia de las tinieblas en mi nuca / Tengo el calor de los golpes / ignorado bajo mi piel. / Que se levante al fin el sol / y ahuyente mi miedo.” La historia es parecida con otro poeta y narrador víctima de las huestes de Papá doc, Jacques Stephen Alexis (1922–1961), que a pesar de haber desaparecido bastante joven dejó un par de novelas ya clásicas en Haití y Francia, Mi hermano, el general sol y Les Arbres Musiciens, además de una gran cantidad de poemas de corte izquierdista, entre las que destacan algunas piezas conformadas por imágenes despojadas que sin necesidad de propaganda retratan notablemente el inhumano estilo de vida del ciudadano haitiano. Es interesante que la dictadura, de alguna manera bastante retorcida, eso sí, haya intentado combatir la poesía de estos y otros autores con una lírica ínfima, mesiánica y totalitaria. A finales de los cincuenta la Imprenta Nacional distribuyó elegantes folletos en cuyos forros aparecía la bandera del país con el rostro de Duvalier. En la publicación se incluían cánticos y poemas divididos en secciones tituladas Sacramentos Duvalieristas, Los Diez Mandamientos del Duvalierismo, Actas de Fe y Esperanza de Papá Doc, Letanías a la gloria del Presidente Vitalicio. Ningún tirano de América fue tan lejos en su voluntad de deificarse.

Porque vivió más que la mayoría de sus compañeros y tuvo tiempo para forjar con paciencia una obra personal y sólida, además de poseer un talento poco común, Anthony Phelps es aquel que con mayor fortuna repasa en sus libros el destino de Haití en el tiempo de la dictadura de Duvalier y su tormentosa historia posterior. Durante los setenta entregó el bellísimo Motifs pour le temps saisonnier, de 1976, donde encontramos la confirmación de una madurez y el hallazgo de una serenidad contemplativa que busca soluciones ante una autocracia que se va eternizando: “Todo un pueblo agobiado de silencio / Se desplaza en el mutismo arcilloso de los abismos / e inscribiéndose en las retinas / el movimiento verbalista reemplaza al verbo / Dondequiera la vida se queda en suspenso.” Su mejor libro es Orquídea negra, publicado un año después de la caída del hijo de Duvalier. Es uno de los pocos libros de Phelps que se han traducido íntegramente al español, gracias a la editorial mexicana Plural.

Ayer lo extraje de mis libreros y me puse a hojearlo, luego de releer las noticias del terremoto que ha destruido Puerto Príncipe y las principales ciudades haitianas. Contrastar la esperanza de los versos de poemas como “Tipografía Celeste” con las imágenes de estos días ha sido, quizá, una forma de rezo, una invocación por una tregua para una nación a la que desde su fundación le resulta imposible dejar de sufrir

__________
(*) El título es nuestro

domingo, 3 de enero de 2010

Eduardo Perilla: Los llanos - y 42

.
42


Caño Tigre:
El agua como alcohol
-----------------------el fondo oscuro.
Piedras con lama mecida por el agua
-----------------------como cabelleras.
Pescaditos de pecas pardas
abriendo siempre la boca
-----------------------como mascando chicle.
Otros redonditos-plateados
-----------------------como monedas de dólar.
Y los de rayas negras como cebras.
Parches de arena bajo
bajo las sardinas de cola roja.
Una coral rojo-negro-blanco-rojo-negro-blanco
cabeza en alto
cruza ondulante el caño.
Ruidos raros en la hojarasca.
Y en la orilla amarilla
huellas húmedas
¡De Tigre!

(*) Eduardo Perilla es poeta colombiano

__________

Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Año V. Número 14, marzo de 1985.

Responsable: Julio Valle-Castillo

Consejo Editorial:

Carlos Calero (Monimbó); Juan Ramón Falcón (Condega); Marvin Ríos (Niquinohomo); Cony Pacheco (Subtiava); Gonzalo Martínez (Bluefields); Gerardo Gadea (Ejército Popular Sandinista)

sábado, 2 de enero de 2010

Eduardo Perilla: Los llanos 21

21


Las quemas:
líneas rojas en la noche
-----------------------avisos de neón-
olor a
ceniza
y currucutús volando de entre el pasto.
¡Estamos en la mitad del llano!
En la maloca de Don Felipe
-----------------------con lamparita de petróleo
que ilumina los chinchorros y el humo de la cocina.
El cielo
-----------------------llenándose de estrellas.
La brisa fría se lleva el humo tibio del cigarrillo.
Más allá silban las culebras entre la paja.
-----------------------Y una estrella deslizándose!
-----------------------un satélite-
el Echo Primero (sic) en la soledad del llano:
-----------------------gringos
-----------------------go
-----------------------home!-



(*) Eduardo Perilla es poeta colombiano

__________
Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Año V. Número 14, marzo de 1985.

Responsable: Julio Valle-Castillo

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