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jueves, 13 de enero de 2011

'El sueño del celta' reivindica a Roger Casement, por José Mª Amigo



En cuanto a 'El sueño del celta', última novela del flamante Premio Nobel Vargas Llosa, es en realidad un fresco histórico y biográfico: la recuperación, dentro de un marco histórico, de un personaje irlandés, Roger Casement, luchador independentista, pero que antes de transformarse en furibundo nacionalista fue uno de los primeros europeos en denunciar la salvaje explotación, las atrocidades, del colonialismo en África y mas tarde en el Amazonas.

Los hechos que narra son conocidos, al menos para muchos de los que llevamos años interesándonos por los pueblos africanos.

La novela comienza en una cárcel del Reino Unido donde Roger Casement aguarda la decisión del Consejo de Ministros de su majestad británica acerca de si le conmuta la pena de muerte o si por el contrario hace oídos sordos a las voces que claman clemencia y es ahorcado.

Los jueces lo han condenado a la última pena acusado de alta traición ya que, siendo cierto para qué negarlo, en torno a laPrimera Guerra Mundial, negoció con el Gobierno Alemán a fin de aunar esfuerzos para derrotar con las armas al Imperio Británico. Es un hecho poco conocido que una parte del nacionalismo irlandés creyó que de esa manera lograría la independencia.

La novela está estructurada de forma que, en los capítulos impares, Vargas Llosa describe la vida en la cárcel de este anticolonialista y luchador por la independencia de Irlanda, sus pensamientos, sus recuerdos, las visitas que recibe; y en los capítulos pares podemos leer los viajes que Roger Casement realizó al Congo, primero, en las expediciones del famoso explorador Stanley y luego, como cónsul de Inglaterra, en la Amazonía y otros lugares. La novela nos dice de los informes que, para el gobierno inglés, realizó, demoledores, sobre la actuación colonial del rey de los belgas Leopoldo II que llegó a matar, bajo su batuta, a millones de congoleños; de igual manera llevó a cabo una misión en la Amazonía para denunciar la esclavización de los indígenas para que extrajeran caucho. En ambos informes recoge todo un catálogo de maneras de aterrorizar a los trabajadores y múltiples formas de matarlos cuando no les servían que hielan el alma al más duro. 

(Recordamos, ahora, al hilo de este comentario, de lo que la reacción imperialista acusa a Stalin y, desde luego, ante este monarca y ante estos empresarios del caucho, el lider bolchevique fue una hermanita de la caridad.)

Asi transcurre el relato, hasta dejarnos un cabal retrato del personaje (o esa es la intención del Premio Nobel; que lo consiga, o no, eso solo puede decir lo cada uno de los que lean la novela) hasta sus más escabrosas intimidades como sus relaciones sexuales con otros hombres al ser, como lo era, Roger Casement, homosexual. Contactos carnales que va volcando en un diario; diario aireado en la prensa mientras permanece en prisión y que algunos estimaron, entonces, y aun hoy mismo dudan de su veracidad, llegando a creer que, y están seguros de ello, fueron falsificados por los servicios secretos de su excelsa majestad británica para desprestigiar a un hombre muy popular, al que, años antes, habían premiado nombrándolo sir por los servicios realizados a la corona. Una forma malvada, como otra cualquiera, de preparar a la opinión publica para su ejecución. Como así hicieron, ahorcándolo. No desvelamos ningún arcano secreto de la narración pues cualquiera que abra Internet puede enterarse del  trágico final de este insigne anticolonialista y patriota irlandés.

Todos estos datos el escritor los va novelando, metiéndolos poco a poco, con el ritmo que considera más adecuado. Y con su maestria va logrando un lento transcurrir hacia el fatal desenlace.

Fiel a su ideología, opinamos nosotros, el colonialismo, el imperialismo y su sistema económico capitalista -que según Marx rezuma sangre de los pies a la cabeza- se parapeta, se esconde, se agazapa, teóricamente, tras la codicia humana y detrás de una serie de hombres crueles, sanguinarios, desalmados, quienes, saltándose leyes y éticas, arramblan con todo; empero, al final, el sistema se salva, condenándolos, como le ocurrió al cauchero peruano Arana, que se cuenta en la novela. Creemos que esto es falso, que el sistema es así y no puede ser de otro modo, queleopoldos y aranas los produce este sistema donde el hombrre es lobo del hombre.

Pero, ideologías aparte, está bien escrita y se lee con gusto, no exento de angustias y malestares por esos lobos. Y por esos corderos.



lunes, 3 de enero de 2011

Kenneth M. Stampp: Recordando a Nat Turner (*)


 Nadie que habitara el Sur de los Estados Unidos en el tiempo anterior a la guerra de Secesión podía decir que no conocía a Nat Turner (1). La trayectoria de este hombre marcó profundamente al pueblo sureño blanco, lo mismo que le marcaron la vida de John C. Calhoum (A) o Jefferson Davis (B). Aunque, Turner, es verdad, no era más que un esclavo en el condado Southampton, Virginia; además, una gran parte de su vida permaneció insensible a su condición esclava. Hombre piadoso, predicador baptista por vocación, aparentemente humilde y obediente como se suponía que debía de comportarse un esclavo. No se tiene testimonio alguno de que fuera mal alimentado, ni que se le sobrecargara de trabajo o que fuese tratado con especial crueldad. De modo que, si Nat Turner no podía ser persona de confianza, ¿quién podría serlo? Esto es lo que transformó su comportamiento en aterrador para el mundo esclavista.

Fuera lo que fueses, lo real, lo verdadero, cierto, es que Nat Turner llegó a creer que el destino lo había elegido para liberar a su pueblo de la servidumbre logrando convencer a numerosos esclavos para que lo ayudaran a conseguir esa meta. En un momento determinado observó indicios de lo que había estado esperando; y con el alba, el 12 de agosto de 1831, él y los suyos se alzaron en armas. Lo primero que hizo fue asesinar a la familia que lo tenía esclavizado. En su avance por las haciendas de Southampton se le fueron incorporando otros esclavos hasta conformar una cuadrilla de setenta hombres. (Otros parecían dispuestos a sumarse en cuanto los amotinados pasaran por sus fincas. Así, por ejemplo, el esclavo Jacob declaró 'que si pasaban por donde él estaba se les uniría y los ayudaría a exterminar a todos los blancos'.)

En dos días llegaron a matar, aproximadamente, setenta blancos y es muy posible que sobrepasaran esa cifra. Respetaron sin embargo a una pequeña y humilde familia de raza blanca 'porque no se veían a si mismos superiores a los negros'. Para justificar estas muertes, los miembros de la partida de Turner declararon que estaban hartos de castigos o que su intención era enriquecerse igual que sus amos. Uno de los esclavos rebeldes hizo alarde de su nueva condición poniéndose los calcetines y zapatos de su difunto propietario.

La revuelta dirigida por Nat Turner no duró mas de 48 horas. Rápidamente unidos, en  irresistible milicia, los blancos desperdigaron con facilidad a los levantiscos esclavos; a la derrota siguió una matanza; en ella no solo se asesinó a rebeldes sino a numerosísimos esclavos inocentes. Otros, acusados de 'haberse levantado... con criminal deliberación, resolución y acuerdo... de haber animado a la revuelta y de haber asesinado a personas libres de etnia blanca pertenecientes a esta comunidad', fueron juzgados por un tribunal especial durante los meses de septiembre y de octubre. Algunos fueron ejecutados; otros, trasladados. La mayoría de estos últimos no habían participado en la rebelión: solo habían declarado su simpatía por los rebeldes.

Nat Turner no pudo ser capturado hasta el 30 de octubre, unos dos meses mas tarde del levantamiento. Se le juzgó el 5 de noviembre, fue declarado culpable ese mismo día y ahorcado 6 días después. De esa forma finalizó un acontecimiento que logró en el Sur efectos parecidos a una gran conmoción social general y de la cual, tras tres décadas, no se habían recuperado todavía los blancos. La amenaza de que pudiera resurgir otro Nat Turner, de que pudiera nacer algún día una sublevación con mas envergadura, se convirtió en constante preocupación mientras pervivió la esclavitud. Los escritores partidarios de la sociedad esclavista sostenían, firmemente, que los habitantes del Sur no temían a los esclavos y que era mas fácil advertir señales de una posible rebelión de la clase obrera en el Norte que una revuelta en el Sur; no obstante, el miedo a que se produjera, vago unas veces, preciso otras, los acompañó hasta el fin de su 'peculiar institución' (2).

__________
(De la obra de Kenneth M. Stampp titulada 'The Peculiar Institution', 1956)
(*) Tïtulo nuestro
(A) http://es.wikipedia.org/wiki/John_C._Calhoun
(B) http://es.wikipedia.org/wiki/Jefferson_Davis
(1) para mas información leer en: http://es.wikipedia.org/wiki/Nat_Turner
(2) La esclavitud

miércoles, 3 de junio de 2009

José Mª Amigo Zamorano: Ahondando en la vida del General La Cerda


Motorista, automovilista, caminante, viajero sin mas, si vienes, acaso, algún día, desde El Escorial, por ejemplo, a Las Navas del Marqués y en su misma entrada, en la rotonda, tuerces a la izquierda (por supuesto, si lo haces desde Ávila a la derecha, claro) por un camino que conduce a una parte del término municipal al que llaman Valladal, podrás contemplar muy hermosos paisajes que se pierden en la lejanía hasta Gredos o Guadarrama.
Puede que te sorprenda, metido en el camino, el rótulo de una villa, 'La Cerda', apartado de la vía, a la derecha. Y puede, claro, que su nombre te llegue al cerebro, así, por si solo, sin mas, sin añadiduras, acompañado de gruñidos, hozando y revolcándose en la basura. Podría ser. Como una cerda. Aunque también, por qué no, aureolado de morcillas, chorizos, longanizas, jamones...
Vamos, una chocante ambivalencia este nombre.
Como le choca a uno, recién llegado a Ávila, si te hablan así, de golpe, sin más añadiduras y retoques, de la 'Virgen de las Vacas'. Te lo toma a rechifla. O al menos te crees que es algún choteo irreverente hacia símbolos de la religión católica, apostólica y romana. Unir virginidad, todo pureza, con ese animal que enseña y arrastra sus tetas con impúdico descaro... Asociar a ese mamífero con la prístina e inmarcesible blancura de las vírgenes...
Y no, no es eso. Que exageración por nuestra parte.
Ni en un caso ni en el otro.
Esa es una imagen venerada en un barrio de Ávila. Aquel, 'La Cerda', es el apellido de un general que vivió por estos lares, que escogió su residencia, tras años de periplo guerrero por el mundo, entre estos paisajes cubiertos de pinares. Un militar cuya vida, además, muestra algunos interrogantes y hasta misterios. Misterios que, de desvelarse, quizás, desencantarían.
O no. Vaya usted a saber.
Don Pedro de La Cerda y López Mollinedo -¡cazi na!- nació un 19 de julio de 1871 en el pueblo de San Miguel, un arrabal de Manila capital de Filipinas. Siendo bautizado, nada más y nada menos, por el arzobispo de la misma capital. Su padre, Manuel de La Cerda y Gómez Pedroso, nacido en La Rochele (Francia) era militar de profesión con grado de coronel en el arma de infantería y capitán en la de cabellería; su madre, sin embargo, Blanca López y Montón, era madrileña, española por tanto. Y, como se ve, del mismo centro patrio.
El árbol genealógico de D. Pedro está suficientemente documentado, detallado, pormenorizado hasta el extremo de saber la nacencia de sus abuelos, tanto paternos como maternos. El escritor Pablo Herce, que ha investigado, un poco, a este general, dice: 'Los abuelos paternos son D. Manuel de la Cerda y Palafox y la Excma. Sra. Dª Candelaria Pedroso y Fidalgo, ésta natural de Madrid. Los maternos son el Excmo. Don Gregorio López-Mollinedo, de Madrid, y la Excma. Dª Petra Montón y Lagarriga, de Valencia.'
El hecho de seguir la carrera militar de su padre es algo muy normal en hijos de militares; y, en aquellos tiempos, con mayor razón, cuando se es muy joven y las decisiones eran tomadas por padres todopoderosos y autoritarios. Pero, incluso, muchos han sucumbido a esas órdenes aun siendo ya mayores. Lo raro hubiera sido apartarse de esa saga familiar. A los 15 o 16 años ingresa en la Academia General Militar, saliendo, al cabo de 3 años, con el grado de alferez, a los 19 años cumplidos; y, con ganas de emular a los guerreros de la historia en sus hazañas bélicas, se apunta de inmediato en la Academia de Artillería y luego en la de Caballería. Asciende a teniente. Ya tiene cierto grado de mando. A por más. De Filipinas a Cuba donde está tente mientras cobro el poder imperial español; y adonde le suben un grado más: ¡Capitán! ¡Y por méritos de guerra! ¡En 1895! ¡El mismo año en que mataron los españoles a José Martí en Dos Ríos! Allí enferma.
De Cuba no se olvidó nunca, jamás. En un libro que escribiera años más tarde, ya cuarentón, junto con su esposa, hacen todo un elogio de José Martí (*), el poeta cubano lider de la independencia, contra el que luchara, quizás entonces sin conocerlo, con las armas en la mano.
No se sabe si a causa de la enfermedad o porque lo solicitara, lo cierto es que las notas que hemos leído lo sitúan en España desde 1897 hasta 1902 y además desempeñando el cargo de Ayudante de Campo de su padre, para a continuación serlo, en ininterrumpida ascensión, del Teniente General Arsenio Linares Pombo a quien dedica una obrita 'Las armas de fuego a principios del siglo XX' en agradecimiento por los conocimientos que le ha sabido transmitir. El libro tiene cuatro apartados: 1º. Armas portátiles; 2º. Artillería de campaña; 3º. Vulnerabilidad; y 4º. Fuego en combate, métodos y conclusión; en esta parte se refiera a su estancia en Cuba. El libro muestra una especie de frontispicio introductorio copiando un informe del Ministerio de Guerra en el que se anuncia la concesión de una Medalla al Mérito Militar de primera clase, con distintivo blanco y pensionada, por su obra. Por si alguno mostrare interés por ella decirle que fue impreso en Madrid en 1904 en los 'Talleres del Depósito de Guerra' y alude al autor 'como Capitán de Artillería y Agregado Militar a la Embajada de España en Rusia'.
Con anterioridad, en 1903, escribió dos obritas: a) 'La caballería en la batalla', consta de tres capítulos: 1. Principios fundamentales de combate; 2. Empleo de la caballería en la batall; y 3. Métodos de combator; folleto ilustrado de 15 páginas, compuesto en la imprenta 'El Trabajo', calle Guzman el Bueno, 10, de Madrid; b) 'Organización general de la defensa', separata de la Revista Técnica de Infantería y Caballería que consta de dos partes nada más: a) Sistemas de ocupación de las diversas posiciones; y b) Principios generales sobre la ocupación de posiciones; su impresión, como en el anterior librito, en el taller tipográfico 'El Trabajo', calle Guzmán el Bueno, número 10 de Madrid.
Pablo Herce, en sus apuntes sobre la biografia de D. Pedro de La Cerda realizados en Madrid en octubre de 2003 y que nos ha facilitado don Paco Correal, añade que: 'en 1902 se traslada a París como agregado al 23 Regimiento de Dragones participando en unas maniobras; que en 1903 es Ayudante de Campo del Ministro de la Guerra; que el el mismo año se le nombra Agregado Militar a la Embajada de España en San Petersburgo donde estará hasta 1907; que durante su estancia en Rusia se le autoriza incorporarse al ejército zarista en la Primera División de Tiradores de Siberia Oriental como 'oficial extranjero' a las órdenes del mariscal Sajarov y su Cuerpo de Caballería, participando activamente en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905, en el Frente de Manchuria donde fue herido y condecorado'.
Ya de vuelta a España se le destina a la Comisión de Límites en Portugal, donde permanece hasta 1912. Año en el que pide permiso para casarse. ¡Es ya Teniente Coronel de Caballería! ¡Ahí es na!
Efectivamente, en 1912 se encuentra en Madrid con caracter estable, dentro de la estabilidad que supone estar en un ejército donde hoy estás aquí y mañana... ¡Dios dirá!
Solicita permiso para casarse con Eugenia Lefevre Tourte, ciudadana francesa que vivía en Chantilly-G, departamento de Oise. Lo hace a Su Majestal el Rey (que así hacían los nobles y los altos oficiales del ejército) este teniente coronel llamado Pedro de La Cerda. Y su jefe superior, un general, a la vera de la instancia, apoya su pedido de puño y letra. Era el 1 de diciembre de 1912.
Se ignora si le fue concedido tal permiso. Como también se ignora si se casó de verdad. Ni cuando. Ni dónde. Y aun hay más misteriosas sorpresas: en el Acta de Registro de Nacimiento, firmada y rubricada por el alcalde de la localidad de Nouard-le-France, que es copia del texto original, parece casi imposible que pudiera casarse este general La Cerda; lo decimos pues la tal Eugenia Lefevre tendría 10 años de edad. Esto se desprende, sin ninguna duda, de la copia citada hecha en el Consulado español de París el 30 de octubre de 1912 y legalizada por el Ministerio de Estado, organismo que hoy llamaríamos de Asuntos Exteriores, el 5 de diciembre.
Y, salvo error de fecha, contiene datos suficientes para hacer presumir que es verídico todo el documento. Así detalla que el alcalde del lugar certifica la inscripción en el registro de nacimientos de una niña recién nacida, venida al mundo el 19 de agosto de 1902 a las dos y media de la mañana en la rue Des Petits-Bois, a la que le pusieron por nombre Noemie Palmire Eugenie. Eran sus progenitores Emil Zacharie Velère Lefèvre, de 21 años de edad y, para más señas, trabajador del Ferrocarril del Norte y Marie Eugenie Isoline Tourte, tres años mayor que el marido. Su residencia, ya nombrada, estaba en Nouard-le-France término municipal de la localidad de Saint- Just-en-Chaussée. También especifica el documento que fue testido de este hecho Juan Francisco Victor Tourte, un carpintero que, por el apellido, parece ser el padre de la alumbradora.
Bien, efectivamente no se ha encontrado escrito alguno que certifique el casamiento de Pedro de La Cerda y Eugenia Lefevre, pero si se ha hallado en el Registro de la Propiedad de Cebreros (Ávila) su nombre, como compradora de la finca número 1449 conocida, entonces, como 'Los Golos' (hoy 'La Cerda') de la villa de Las Navas del Marqués, donde vivió la pareja, cosa que se sabe por gente de Las Navas y por un libro, que ambos escribieran, allá por finales de la decada de los años veinte del siglo XX, donde dice así: "Todo llega en la vida: el 27 de julio de 1928, solitos y sin que nadie se apercibiese, partimos de nuestra casita 'Los Golos', situada en la Sierra de Malagón, a 1.400 metros de altitud, centrada en inmenso y delicioso pinar. Por la tarde, en la capital, recogemos nuestros bagajes, y el 28, temprano, en el rápido, camino de París".
Prosigamos la andadura de nuestro general. Es de suponer que todo este bagaje teórico y práctico, logrado desde que naciera en Manila, haya pesado en las autoridades político-militares, lo cierto es que lo nombran miembro de la Comisión para la Reforma de Leyes Militares, actuando al tiempo como vocal de la Comisión de Táctica y dirigiendo en Navalcarnero, pueblo de Madrid, cursos de aplicación para los grados de capitán y teniente de artillería; pero también de Información para Jefes Militares.
Al decir de Pablo Herce: 'El expediente militar de D. Pedro de la Cerda termina bruscamente. Se suspende la relación de ascensos, cargos y servicios en 1920 (cuando el interesado contana 49 años) y falta el final lógoco de todo expediente: el pase a la reserva, la licencia indefinida, el fallecimiento'.
En 1927 emprende, con su esposa Eugenia Lefevre un viaje alrededor del mundo; viaje que recojen, ambos, en un libro titulado 'Viaje universal en busca de la verdad' que hemos leído con sumo interés. Y que nos sorprendió, para qué vamos a negarlo. No por su maestría a la hora de describir lo que veían, no; porque, tampoco vamos a negarlo, no es precisamente una joya de literatura de viajes, no; sino por su pensamiento, creemos, muy distante de lo que pensaban los altos mandos militares. De su lectura se pueden destacar algunas facetas de este general: que no se debía llevar muy bien con el ambiente político de su patria; es decir: con la dictadura de Miguel Primo de Rivera; igualmente su actitud crítica con el capitalismo en general y con el de Estados Unidos en particular al que apoda 'Yanquilandia'; su abominación de las guerras, como la de la Primera Guerra Mundial; acusando al capitalismo de esas matanzas; y al imperialismo; en su viaje constata la acción depredadora de los ingleses en paises como India, China, Indonesia... Y los efectos nocivos, perniciosos, del dolar en América Latina.
Postura antiimperialista que, parece ser -no lo hemos leído- acentúa en el libro 'El sol de los Soviets. La Tercera internacional social de Moscú frente a la internacional armada del capitalismo'. Libro de 287 páginas, editado por Impresora Castellana. Valladolid, 1931. Dedicado a D. Niceto Alcalá Zamora. Dedicatoria que, como el mismo libro, firman Pedro de la Cerda y Eugenia Lefevre. Tiene 28 capítulos donde describen las estructuras del régimen soviético y su funcionamiento. Lenin y Stalin no salen malparados, al tiempo que atacan, como en el anterior, al capitalismo.
El hecho de ser publicado en Valladolid nos hace suponer, (por lo que le leemos a D. Manuel Azaña en la obra 'Diarios 1932-1933. Los cuadernos robados') que el general La Cerda se hallaba en Valladolid de general de la República con mando en plaza; copiamos las palabras Azaña:
'Cruz y Caminero comunican conmigo y ambos se quejan de la inacción de La Cerda. Llamo al teléfono al general La Cerda. Le informo de lo que se cuenta y le concedo 20 minutos de plazo para que vaya al cuartel de caballería y arreste a todos los que se encuentren en él no debiendo estar por razones del servicio. Promete hacerlo así inmediatamente. Desde Gobernación me hablan de autos cargados de ofciales que entran en Valladolid; de una camioneta procedente de Burgos. El general La Cerda me llama desde el cuartel antes de que transcurran 20 minutos. En el cuartel no había más que los de servicio, y ninguna novedad'.
24 de agosto de 1932 (página 43)
Y el 25 de agosto de 1932 (página 49):
'He recibido al general Cruz que manda la brigada de artillería de Valladolid. Me informa de lo ocurrido la otra noche cuando la última alarma. Y de la desatinada conducta del general de división La Cerda. El telegrama que este me envió en la mañana del 10 ya me puso contra él; pero los detalles de la reunión de generales, jefes y oficiales de la guarnición convocada por él en aquellos momentos son escandalosas. Le destituí por telégrafo. Ahora que ya está destituido es cuando se deciden a contarme que con ocasión de la fiesta de aniversario de la República, La Cerda dijo que este era un gobierno de zascandiles. La Cerda es un incapaz, semiloco. Un desastrado hasta en el vestir. Tiene una finca en Las navas. El general practica el naturismo y se pasea desnudo por el pinar. A cierta distancia va un asistente advirtiendo a los veraneantes:
-Apartense, que viene el general en cueros'.

Aparte del cotilleo sobre la vida privada de D. Pedro de La Cerda las palabras de D. Manuel Azaña indican el malestar del ejército que, en rumores más o menos fidedignos, hasta él llegaban; de reuniones en algunos establecimientos castrenses donde se criticaba a la II República; también nos muestran a un general conspirador. Pero ¿en qué dirección conspiraba? Hay que decir que, en aquellos momentos, se juzgaba al general Sanjurjo por su intento de golpe de estado; y unos abogaban porque se le fusilara y otros que se le perdonara la vida; en eso andaban los ánimos encrespados; hasta en el Consejo de Ministros se mostró la división, saliendo al final por mayoría que fuera perdonado. Por el libro que hemos leído, 'Viaje universal en busca de la verdad', no parece verosímil que el general se encaminara a posturas fascistas. Las ideas que se desprenden son más bien de tolerancia, respeto, fraternidad de hombres y culturas, convivencia respetuosa con ideas de todo tipo... no se metería, por tanto, en caminos muy derechosos; mas bien se escoraría hacia la izquierda política; en todo caso, dentro de su cristianismo, nos inclinamos a pensar que tal vez fuera masón; eso si, sin tener más que sospechas, o vislumbres, o indicios... conjeturas todas sin base firme.
Pero dejemos las sospechosas neblinas y vayamos a los hechos comprobados de su biografía: en 1934 se halla dirigiendo la represión contra los mineros asturianos en la llamada Revolución de Asturias; así escribe Luis Carlos Sen Rodríguez en el Nº 63 (30 de junio de 1986) de "Tierras de León", revista editada por la Diputación de León: 'Desde los primeros momentos de la revolución el mando de las tropas acantonadas en la provincia fue ostentado por el general de la Octava División, Pedro de la Cerda, mientras que al frente de las fuerzas que efectuaron la represión en el valle de Sabero se encontraba el capitán Ramón Cifuentes, capitán de Infantería perteneciente al Batallón Ciclista".
Y hemos leído en Internet lo siguiente: 'el general Batet va ser nomenat Cap de la 6.a Divisió Organica, en substitució del general Pedro de la Cerda y López de Mollinedo'?...
(La historia, por cierto, dice que Domingo Batet, el general Batet, fue fusilado por Franco al permanecer fiel a la República: 'fue fusilado el 18 de febrero de 1937, a pesar de las gestiones que, en su favor, llevaron a cabo los generales Queipo de Llano y Cabanellas. Franco hizo caso omiso de las peticiones de Queipo de Llano en favor de su amigo Batet en venganza por la negativa de aquel a perdonar la vida en 1936 del general Campins.')
Quizás tenga relación con todo lo anterior este documento que encontró Pablo Herce fechado en 1935 y que escribe de esta manera:
'El encargado de la Subsecretaría del Ministerio de la Guerra, Sección de Personal, se dirije por oficio al General de la Octava División Orgánica para responder a un escrito de éste, fechado el 9 de febrero del año señalado. Dicho oficio lleva la del 28 del mismo mes. Al parecer, el General de la Octava División, ante la invitación de la Superioridad para proponer personalidades que pudieran ser merecedoras de recompensa, señala que el 'Gneral de División Don Pedro de la Cerda y López-Mollinedo, al iniciarse el movimiento subversivo del mes de octubre (se refiere obviamente a la revolución de Asturias de 1934) y durante el periodo álgido desempeñaba el mando de la misma (la Octava División), contrayendo méritos que pudieran ser merecedores de recompensa. A dicha sugerencia responde el Jefe de Negociado Segundo de la Sección de Personal, D. Rafael Fernández, que 'este Ministerio ha resuelto no ha lugar a concesión de recompensa a favor del expresado General'.
Nada hemos averiguado de su actuación durante la guerra del 39-39. Por Las Navas aseguran que marchó a Francia. Sin embargo esto si que aparece en la Red:
'Prensa de Madrid de 26-julio-1936: El General republicano don Pedro de la Cerda, que veraneaba en Las Navas del Marqués, se adueñó del pueblo en nombre de la República al frente de las fuerzas milicianas y reduce a la Guardia Civil, cuyos números fueron asesinados'. ¿Qué prensa? No se dice. Aunque suponemos por la frase 'cuyos números fueron asesinados' que no debía ser fuente republicana. ¿Encabezó a los milicianos?... Por estos lares de Las Navas del Marqués nadie sabe nada de esto. Lo cual es muy significativo. Y le quita credibilidad.
Desde entonces parece como si se los hubiera tragado la tierra a él y a su esposa. Ni aparece fecha de su muerte, ni lugar de enterramiento. Misterio. Misterio. Misterio.
Tal vez algún día, algún allegado nos facilite estos datos; en ellos veremos quizás a La Cerda aureolado de encarnados chorizos, de rojizas longanizas, de suculentas morcillas, de sabrosos jamones... Aunque también podría ser, por qué no, que lo atisbáramos revolcándose en la basura u hozando en la mierda. La Historia, maestra de la vida que dicen, nos muestra ambas posiblidades.
Viajero que vienes de El Escorial, por carretera, a Las Navas del Marqués y en su misma entrada, en la rotonda, tuerces a la izquierda (y si procedes de Ávila lo haces, claro está, a la derecha) por un camino que conduce al Valladal podrás contemplar muy hermosos paisajes. Te lo aseguramos.
Pero puede que te sorprenda, metido en el camino, el rótulo de una finca, 'La Cerda', apartada a la derecha. No pases indiferente a ella. 'La Cerda', para que sepas, antaño, se llamaba 'Los Golos' y fue comprada por el general Pedro de la Cerda y su esposa Eugenia Lefevre. Una pareja singular.
Dicen que en tardes de verano muy calurosas o en noches invernales, muy frías, de luna llena, con los campos nevados, se les ha aparecido, a ciertos individuos, esta pareja de amantes, paseando desnudos, por entre los pinares, cogidos de la mano, observados desde el cielo por dos cigüeñas negras.
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(*) "En América son muy escasos los que niegan el caracter de guerra civil a las que, por su independencia, sostuvieron las actuales república hispanoamericanas. José Martí, con profundo y sagaz conocimiento de la historia española, demuestra que nuestras guerras civiles, de las comunidades castellanas contra dinastías y gobernates extranjeros, emigraron a las Indias, a medio descubrir y conquistar, con Aguirre, Los Pizarro, Almagros y el viejo Carbajal; quienes se alzaron, en América, contra los despóticos Césares austricos, como hicieron en Castilla Padilla, su mujer heroica y el fiero obispo Acuña.
El gran Carbajal, veterano del saqueo de Roma y de Pavía, propuso a Gonzalo Pizarro, para colmar su rebeldía, que se casara con la hija del Inca y se proclamara Señor del Perú independiente. Carbajal, insigne entre los más insignes conquistadores, a los ochenta años de edad fue ahorcado por Lagasca.
Narra, exactamente coómo el mallorquín Juan Picornell fue desterrado a Panamá, con otros dos conspiradores, Lax y Andrés, y a Portocabello el cuarto condenado a muerte, Cortés. Después de novelesca salvación, se juntaron el Venezuela y auxiliaron a los libertadores Miranda y Bolivar. Fueron estos españoles, de la vieja España, los primeros que se unieron a los insurgentes en lucha con los realistas. No eran todos americanos los que luchaban por la emancipación, contra la tiranía hispana; ni españoles todos los titulados realistas, huestes mercenarias en las que no escaseaban los criollos. Por la Constitución lucharon: La Serna, virrey del Perú; Valdés, Canterac, Rodil y otros muchos, que se batieron en Ayacucho, frente a Sucre. Rememora la heroica campaña por la libertad de Méjico de nuestro insigne guerrillero de la Independencia Francisco Javier Mina.
Las obras completas de José Martí recogen los discursos del adalid de la palabra, la pluma y la espada de la República de Cuba; en varias de sus disertaciones insiste y hace la debida distinción de los españoles.
En el discurso conmemorativo del grito de Yara, indepencia de Cuba, pronunciado en el Gran Centro de Nueva York, dice textualmente: 'Reconocemos -¿cómo no hemos de reconocerlo recordando a Mina en Méjico, a Gainza en Guatemala, a Villamil en Cuba, al gallego Insúa en Nueva York?-, reconocemos el valor político del esspañol amigo de la liberttad, que la deja franco el paso sin oponerse a sus triunfos; nuestra profunda estimación por el español bueno y libre, sólo iguala nuestra determinación de arancar de raiz, aunque se queje la tierra, los vicios y las vergüenzas incomparables con que el español malo nos pudre'.
En otro de sus discursos, pronunciado en Tampa -velada conmemorativa del fusilamiento de los estudiantes de Medicina perpetrado en La Habana el 27 de noviembre de 1871-, hace una salvedad, muy honrosa, para quien se opuso a tanta crueldad reivindicando la honra española. Dice lacónicamente: 'Recordaré al bueno y magnánimo español, huesped inolvidable sea de todos nuestros hogares, laureado aquí en efigie junto con el heroico vindicador, quien en los dientes de la misma muerte, prefiriendo al premio del cómplice la pobreza del justo, negó fervoroso su espada al asesinato. Dicen que altivo sufre, comido de pesar, en el rincón donde apenas puede consolarlo la cólera del vencedor pudiente de los vencidos miserables. ¡Sean para el buenespañol, cubanas agradecidas, nuestras piadosas y más hermosas flores'.
Para terminar esta demasiado extensa afirmación, nunca olvidaremos el dolor profundo que percibió, al conocer la muerte del doctor José Martí -en el combate de Dos Ríos, Ventas de Casanova, junio de 1896-, el noble general don Anselmo Martínez Campos. Este hombre bueno, que escribió con sus hechos la historia contempóranea de España, modelo de patriotas y soldados, virilmente afirmó siempre que en todas las rebeliones y sediciones era la causa y pertenecía toda la culpa al jefe autoridad; sintió bien la pérdida del semejante bueno, sin fanatismos, con quien era posible entenderse para la paz y bien de todos.
Y no es preciso cansaros más, lectores amables,; las obras y conducta del doctor Martí integran el espíritu reinante desde la Pampa hasta la Sabana; indudablemente muy distinto del que domina en cámaras y camarillas de déspotas sembrados y serviles asalariados en su opulencia, en su vivir. Las hallaréis en todas partes, modestas estancias y humildes bohíos: constituyen y fundamentan el amerispanismo (sic) de la Amerispania (sic), concepto más piadoso, más justo, exento del vanidoso y común Hispanoamérica, que sufren colmados los primitivos poseedores de la tierra, aunque se pudran hartos.
Escrito este libro en castilla-español (sic), nunca por otras razones, expuesto al concepto espiritual iberoamericano, queremos dedicar especial recuerdo a síntesis, tan debatida, como los aprecios universales de historia hispana en América, investigada y estudiada sinceramente: ocultarse es engañar, además es pueril y falaz; reconocer errores es vital regeneración, única que puede salvar, con nobles rectificaciones en sus enseñanzas, es siempre la redentora Verdad."

*
Pedro de la Cerda / Eugenia Lefevre en 'Viaje universal en busca de la verdad', página 31, 32, 33, capítulo IV; CIAP (Compañía Ibero-Americana de Publicaciones), Buenos Aires, Barcelona, Madrid, 1930.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Trazos Biográficos de Manuel Villegas López




TRAZOS BIOGRÁFICOS
DE MANUEL VILLEGAS LÓPEZ

Por Félix Rosado y José Bernaldo de Quirós

Manuel Villegas López, que nació en 1906 en san Sebastián y murió en 1980, está considerado como uno de los grandes y más importantes críticos y ensayistas del mundo cinematográfico; García Escudero le ha definido en ‘Film Ideal’ como el primer gran teórico del cine español.

Por los años veinte veranea en Las Navas del Marqués; conoce al escritor Eusebio García Luengo; más tarde, en Madrid, se hacen amigos y crean la revista ‘Letra’ junto con F. Carmona Nanclares que tiene una vida efímera.

Colabora hasta 1935, en las principales revistas de la época, destacando sus artículos en Nuestro Cinema, Film Popular y Films Selectos.

Fue crítico en Unión Radio –actualmente Cadena SER- entre los años 1932 y 1935.
Se exilió en 1939 a América del Sur. Allí colaboró en revistas y periódicos de Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro. Escribió ‘Cine del medio siglo’ (1946) y ‘Cine francés’ (1947). Escribe al tiempo un ‘Diccionario Universal del Cine’ (1948) que no llegó a publicarse por divergencias con la editorial. En 1950 fundó y dirigió el Centro de Estudios Cinematográficos.

Regresó a España en 1953 y colaboró en ‘Film Popular’, ‘Films Selectos’, ‘Nuestro Cinema’, ‘Film Ideal’, ‘Cinestudio’. Y en casi todas las revistas de la época ‘Índice’, ‘Objetivo’, ‘Ínsula’. También de 1962 a 1965 fue colaborador habitual de la revista ‘Triunfo’.

En 1964 fue premiado por el Ministerio de Información y Turismo.

Finalmente en 1965 obtuvo un justo reconocimiento al recibir la Medalla de Oro de la Federación Nacional de Cine Clubs.

En 1980 se le concede el Premio CEC a título póstumo.

ÚLTIMA OBRA ( PÓSTUMA)

Colección de las ‘Obras Completas de Manuel Villegas López'. Ed. JC, Madrid 1991.

Esta colección incluye la mencionada anteriormente sobre ‘Charlot’: ‘Charles Chaplin. El genio del cine’.

Merece la pena dejar constancia de las propias palabras que el mismísimo Charles Chaplin, sin ir más lejos, dijo del libro que le dedicó Villegas: ‘Es el mejor y más profundo estudio que se haya realizado sobre mis películas y la visión más hermosa, acertada y generosa de cuantas me han dedicado’.

El resto de la colección de sus obras incluye los siguientes títulos:

*La nueva cultura
*Arte, cine y sociedad
*El cine en la sociedad de masas
*Los grandes y fundamentales nombres del cine
*Aquel llamado cine español
*En el esplendor del cine francés


Félix Rosado y José Bernaldo de Quirós

EN LA PÁGINA 13 DEL NÚMERO 5 DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’ DE JULIO DE 1996

martes, 27 de febrero de 2007

Sonsoles Gascón y Pablo Herce reseñan su libro

Título: Ángela, Duquesa de Medinaceli y Marquesa de Las Navas
Autores: Pablo Herce, Sonsoles Gascón
Editan los autores
Año: 1995

La riquísima vida aristocrática y social del siglo XIX hizo que saltaran a primer plano de la actualidad toda una serie de personalidades femeninas verdaderamente fascinantes. Sobre alguna de ellas se han escrito posteriormenet artículos e incluso libros, además de sernos conocidas por la Pintura o la Escultura en magníficos retratos. Pero faltaba en esa galería la semblanza de una de las figuras más importantes de la alta sociedad decimonónica: la Duquesa de Medinaceli.

A colmar esta laguna viene el libro que aquí se reseña, 'Ángela, Duquesa de Medinaceli y Marquesa de Las Navas'. Su vida, su obra y su tiempo, que han escrito Sonsoles Gascón y Pablo Herce desde la perpectiva de nuestra época pero teniendo a su alrededor abundantes muestras de al obra dejada por la Duquesa, pues buena parte del año habitan entre creaciones y recuerdos de 'la Medinaceli', en la hoy Ciudad Ducal de Las Navas del Marqués (Ávila).

Por si conocimiento de la vida y personalidad de doña Ángela Pérez de Barradas y Bernuy, la noble cordobesa que en 1848 se desposó en Madrid con el XV duque de Medinaceli, fuera poco para llenar un libro, los autores han recogido innumerables testimonios y anécdotas sobre la biografiada y han acudido a documentarse al Archivo General de la Fundación 'Casa Ducal de Medinaceli', en la Casa de Pilatos sevillana, de donde vuelven con información y datos de priemra mano, incrementados con una iconografía considerabla. De ahí que su obra tenga el valor de lo auténtico y verdadero, dejando a un lado chismes y leyendas de dudoso gusto, , y se presente al público avalada por un prólogo debido al tataranieto de la propia figura estudiada, el Excmo. Sr. Duque de Segorbe, uno de los hijos de la actual duquesa. La lectura de esta obra pondrá sin duda de manifiesto a profanos y entendidos que detrás de tan bella y elegante mujer como fue Ángela Medinaceli había algo más que una buena presencia y señorío, lujo y riqueza, pues esta célebre y admirada dama se mostró siempre a la altura de su clase y atenta a los requerimientos de su tiempo, no solo como una de las fundadoras de la Cruz Roja Española, sino como adelantada de la naciente industrialización del país y mecenas generosísima.

El libro de Gascón y Herce se cuerra con unos Anejos que aportan curiosidades muy sabrosas sobre la vida en el 'Parque del Chalet', que doña Ángela hizo construir en el corazón del marquesado abulense de su esposo, así como contiene interesantes datos acerca de la creación ulterior de la Ciudad Ducal y la industria resinera a ella vinculada, además de abundante copia de ilustraciones que dan animación y aliciente al texto.

Revista 'Caminar Conociendo' (Suplemento Fontana Sonora pag. XI) del nº 5 de julio de 1996