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lunes, 30 de abril de 2012

José Mª Amigo: Una sueca en Maputo



Autor: Henning Mankell
Obra: Un ángel impuro
Tusquets Editores S.A.
Primera edición: febrero de 2012
Barcelona

Sabía quien era Henning Mankell. Pero no había leído ninguna de sus obras. Uno no puede leer todo. Y esta... solo porque trata de Africa. Muchos deben de conocer su estilo. Lo digo considerando que esta editorial le ha publicado ya 23 obras. 4 de tema africano.

Henning Mankell nació en Estocolmo en 1948. Tiene cuatro años menos que yo. Vive a caballo entre Suecia y Mozambique donde dirige (curioso) el teatro nacional. Es muy popular en su tierra por sus obras teatrales. Y conocido en el mundo por sus novelas policíacas cuyo personaje es el inspector Kurt Wallander.

Nada que ver con este 'Un ángel impuro' que narra las peripecias de una moza sueca que llegó a regentar una casa de putas, herencia de su segundo matrimonio, en Lourenço Marques (hoy Maputo). 

Basada la novela en la existencia, cierta, de una mujer sueca propietaria de uno de los principales locales de lenocinio del, entonces, Lourenço Marques. El mismo escritor en una nota al final del libro dice: 'siempre existe una semilla enraizada en algún suceso real que da origen a la ficción de cada uno de mis libros'. 

Pues eso, la semilla la tiene, la siembra y sigue el desarrollo que su imaginación alimenta. El terreno lo tiene por partida doble: Suecia, cuna del autor y del personaje y Mozambique donde pasa temporadas el escritor y transcurre una buena parte de la trama de 'Un ángel impuro'. 

Si luego engarza las aventuras vitales de la dama al tiempo histórico -últimos del XIX y principios del XX es la fecha que se lee en el archivo colonial de Maputo (repetimos, antes Lourenço Marques) apareciendo una señora sueca como una de las personas mas importantes en contribuir a la hacienda pública con sus impuestos y que es directora de un prostíbulo- ya puede crecer la historia. 

Frío en el Norte, calor en el Sur, con una misma sociedad clasista de amos y siervos. Con la particularidad de que el Sur se esconde tras el color de la piel: blancos, los amos; negros, los siervos. Hanna, la protagonista, el ángel impuro que así la llamaba su padre, una jovencísima nacida en el interior de Suecia, es enviada a la costa, porque en casa no hay comida para todos; allá trabaja de criada  y poco después la enrolan de cocinera en un barco que transporta maderas con destino a Australia; en el barco se casa con un marinero y al poco de las nupcias el esposo muere; entonces desembarca Lourenço Marques.

Es allí, en esa ciudad, donde, a pesar de ser blanca y rica, a pesar de aterrizar de lleno en medio de prejuicios sociales y raciales (o quizás por eso), su origen de clase, su procedencia pobre, le hace ver la mentira de esos conceptos. La injusticia, la violencia, la brutalidad que los blancos ejercen contra la mayoría de la población negra se le va desvelando, poco a poco, comparando cada caso con su propia experiencia vital. Y se enfrenta a ello. Sin ninguna dirección. No es un choque social, sino personal. De ella, como Hanna, procedente de una de las zonas mas pobres del interior de Suecia; como criada que ha sido. No es una toma de conciencia social, ni de sublevación social. Aunque algún motín presencia: un levantamiento de la negrada que termina en una carnicería; de negros, claro. 

Levantamiento que no le sorprende porque ha llegado a la conclusión que todo ese maltrato a los negros, los malos modos, los gritos, los castigos corporales... no son mas que miedo de los blancos; miedo, si; a los negros; de ahí que uno de los negocios mas lucrativos sea la venta de perros pastores alemanes  adiestrados para atacar a los negros. Y, al revés, el silencio, la mansedumbre, la humildad, la sumisión... de los negros esconde un odio visceral a los blancos.

La novela, a mi modo de ver, tiene tres tiempos que vienen a ser solo dos: un primer momento de suspende, de incertidumbre, hasta que se encarrila el destino de Hanna; luego un segundo de remanso que casi coincide con la travesía del barco hasta Mozambique; y un tercer tiempo, que tiene las mismas características que el primero, su estancia en Lourenço Marques que se va acelerando en intriga, en anhelo de ver pronto el desenlace final.

Una pega, un borrón que hasta el mejor escribiente tiene: la batalla, la lucha, el empeño de Hanna en la defensa de una mujer negra, con la apenas ha tenido trato, hasta extremos de heroismo, me parece a mi poco creible o poco convincente o, para ser mas benévolo, no suficientemente explicado.

Conclusión: pegas aparte, me ha gustado.

sábado, 11 de febrero de 2012

José Mª Amigo: Merienda de negros, ¿racismo de Waugh?


Libro: Merienda de negros
Autor: Evelyn Waugh
Editorial: Anagrama
Barcelona, 2008

'Merienda de negros' se publicó por primera vez en la colección 'Panorama de narrativas' en 1985 y luego en 'Compactos' en 2008. El título de la edición original fue 'Black Misehlef' del año 1932. Yo la leo ahora, en febrero de 2012. Está nevando. Hace un frío que pela. Tanto, que mis manos las tengo enguantadas. En la calle me dicen que hay 7'5º bajo cero. Dentro no sé... 10 u 11º grados. Entra un fresquillo por la parte izquierda donde están los ventanales que me deja la nalga temblando. La nieve se pega a los cristales.

En fin, 'Merienda de negros' si no me ha dejado tan frío se ha acercado un tantico. La culpa es mía que no recibo este humor inglés con las venas abiertas. Se me cierran los conductos formando una barricada al gracejo de Evelyn Waugh. El hombre hace esfuerzos para llevarme hasta su sentido de las agudezas. Pero no llego a la meta. El ingenio, el gracejo, la gracia, el chiste, el humor que a mi me llega, a lo mas hondo, es aquel que sorprende provocándome tempestades de risas, vendavales de carcajadas. O brisas de ironías donde aflore la sonrisa a mis labios. Aunque sea timidamente. Sin embargo, estas salidas, estas ocurrencias del inglés, del novelista inglés llamado Evelyn Waugh son tan... tan... tan desangeladas (para mi) que me deja solo con la pura razón. Descarnado. Sin que atraviese o recorra el trayecto de la burla por todo mi cuerpo. Y lo convulsione. No. En el cerebro queda. Y de ahí no sale. La carcajada no asoma, la risa se oculta, la sonrisa no aparece. Los músculos se quedan quietos. El cuerpo no interviene. De modo que puedo decir que no me he meado de risa. El intelecto no orina. Destila puros conceptos. 

Y solo desde ahí, desde ese castillo inmaterial, desde mi coco, percibo una ácida comicidad, que si que corroe a las sociedades que pinta y a los personajes que retrata. Son sociedades y personajes de desorbitada insustancialidad. Muñecos en grotescas situaciones que, a la molondra, divierten. Como, por ejemplo, cuando una remesa de botas llega a los soldados. Soldados descalzos. Y en lugar de ponérselas se las comen. Son tropas de africanos. Por supuesto. Hay un poso, nos parece, un tanto racista. O antiafricano. O para ser mas benévolos con el autor: una visión pesimista de esa Africa que, para él, no es mas que salvajismo, barbarie y brutalidad. En lo que disiento, cordialmente. 

Si bien reconozco su maestría en el escribir, en saber transmitir esa visión abyecta de los pueblos africanos. Peor para los africanos. Y afortunadamente para ellos porque ya murió.

De Evelyn Waugh leí, y me gustó, 'Un turista en Africa' (debo de tenerlo en Santa Clara de Avedillo) Libro donde narraba -el titulo lo declara- un viaje por la parte oriental de Africa. Del Africa colonial. Posiblemente por las mismas fechas en las que ideó 'Merienda de negros'. Lo digo porque en el prefacio dice: 'Escribí 'Trapisonda africana' (título que le pusieron a una edición latinoamericana) después de haber pasado un invierno en Africa Oriental y Central'. Creo recordar que en 'Un turista en Africa' decía, al principio, mas o menos, que se iba a pasar el invierno a Africa para librarse del frío, la nieve y la niebla. ¡Qué cosas, como no me encuentro a gusto me voy de gira por ahí! Es de suponer que Waugh sería una persona acomodada... No lo sé... Deduzco esto... No conozco su biografía hasta esos detalles.

Me viene a la memoria otro libro del inglés que me citó el escritor navero Tomás García Yebra, 'Noticia bomba'. Entonces no caí en que también la tenía. Por Avedillo debe andar. Comencé a leerla y la dejé. Me aseguró, entonces, García Yebra que la novela citada era un ataque demoledor a los periodistas, o al periodismo, o ese mundo. 

No estoy seguro de que lo vaya a leer si se trata del mismo tipo de humor... De lo que si estoy convencido es de que 'Merienda de negros' le gustaría a Tomás García Yebra. Él escribe con ironía, con sorna, con chispa. Aunque el humor, el retintín del amigo Tomás tiene mas sal (para mi) que el de Waugh. No estoy comparándolos, ni haciendo un juicio de valor, ni coloco en una lista a uno por encima del otro, literariamente hablando. De hecho Waugh ya pasó a la Historia y Tomás está por ver si será acogido por ella. Por eso repito el latiguillo 'para mi'. Porque a mis entrañas le resultan más cómicas las situaciones narradas por Tomás García Yebra. A mi. Y no os apuntéis porque podéis salir perdiendo.

Para finalizar copiaré el texto de la contraportada del libro que, aunque son palabras de propaganda del editor, viene a dar una visión general del libro y contraresta así mi opinión:

"Seth, el nuevo emperador de Azania, 'tirano de los mares y licenciado en Oxford', ofrece a su antiguo condiscípulo Basil Seal -insolente, sofisticado y amoral, una perfecta garantía contra la estabilidad y el orden- el cargo de 'Ministro de la Modernización' de su africano país. A partir de ahí se emprenden las mas descabelladas innovaciones y las iniciativas mas quiméricas, prococándose un sin fin de intrigas tribales y diplomáticas que desembocan en la anarquía y el caos, y en un auténtico festín canibal.
Esta novela, que en palabras de Waugh, 'trata del conflicto entre la civilización, con sus correspondientes y deplorables perversiones, y la barbarie', es una feroz y destructiva farsa que ataca simultáneamente a los salvajes de la jungla y a los de las ciudades modernas, sin dejar títere con cabeza, y en la que abundan personajes, gloriosa e inovidablemente cómicos, como el inepto y petulante embajador inglés o las dos damas que se presentan para observar el tratamiento dado a los animales en ese país 'bárbaro'.

sábado, 8 de octubre de 2011

'Laguardia negra' no es un cuchillo

Blanco Chivite, Manuel
Laguardia negra /Manuel Blanco Chivite - D.L.: SE-4108-2011; 
El Garaje Ediciones, S.L., 2011
(Garaje negro)
ISBN: 978-84-938214-5-6
_________
Este verano leímos, entre otros libros que a nadie importan, dos ambientados en el medio rural; a saber: 'Los lagartos de la quebrada' de Antonio Tejedor y este de 'Laguardia negra' de Manuel Blanco Chivite. El primero narra desde dentro, el segundo desde fuera. A ambos autores conocemos y los hemos tratado. Sin querer hacer, con este emparejamiento, un paralelismo literario entre ellos; Antonio Tejedor, es un escritor que inició hace poco su andadura como tal; el otro, Manuel Blanco Chivite, es un periodista avezado en múltiples  acontecimientos... Hasta ha jugado en cercanías con la muerte y otras vicisitudes políticamente extremas... 


(El que te oiga pensará que es un nuevo cid campeador galopando por la estepa castellana... Pero haz una parada. Y descansa un poco de tu sembrada frase 'vicisitudes políticamente extremas')


Antonio tiene dos novelas y algunos cuentos -por cierto, uno muy incisivo que termina con aquello de 'la pela es la pela'-; Manuel lleva ya en su haber obras de todo tipo: relatos, novelas negras, de entrevistas, de viajes, de tema sexual... hasta libro de vinos. Ello puede dar una idea del experimentado oficio de uno (la veteranía es un grado) y no tanto la del recluta; al que, no obstante, auguramos un porvenir nada desdeñable por la fuerza con que ha empezado... si la vida, los dioses y el tiempo se lo permiten.

Y siendo esto así, de nuestro trato con ellos, nos resulta difícil apartar lo personal de lo literario, de lo estrictamente literario. Pues una crítica... -¿esto es una crítica?, ¿seguro?, ¿de verdad?-... Una crítica debe transitar siempre por criterios literarios porque... Porque de otro modo se falsea subjetivamente el valor intrínseco de la obra, llevando al lector por derroteros de confusión... 


(¿quién te ha contado ese cuento de los criterios literaios?... ¡qué paridas continuadas!, ¡qué retórica mas gilipollas!; vamos a ver, ¿no te acuerdas de lo que te sucedió en Euskadi para reunir aquella antología poética?, ¿no recuerdas que cada grupo, panda, capilla o capillita de poetas se consideraban, con 'criterios literarios' los mejores y que los de otro grupo, gabilla, hato, capilla o capillita era, con 'criterios estrictamente literarios' una mierda?; ¿de qué 'criterios literarios' hablaban?)... 


Si, por derroteros de confusión al posible público lector y eso no es moralmente aceptable. Nos resulta difícil deslindar, decimos, ese trato con los autores, esa simpatía o antipatía, del corpus de la reseña que, a ser posible, debe ser aséptico, frío, despersonalizado... es decir: el abc, a la hora de escribir, por ejemplo, sobre una novela; o sobre un ensayo o sobre un manual del cultivo de patatas o de la poda de las vides... 


(¡Oye!, yo flipo en estrellitas, también se te ha olvidado lo de aquella crítica fría, aséptica, despersonalizada, pero elogiosa, del órgano de MUFACE -Mutualidad de Funcionarios Civiles del Estado-, hacia la labor traductora del amigo Ramón Sánchez Lizarralde -que en paz descanse- y que él propio Ramón te dijo: -'No creas todo lo que lees. Es un comentario de un amigo. Nos vemos los fines de semana en el pub'.-¿No te acuerdas? Pues ahí tienes los 'criterios literarios')... 


Esa directiva, esa linea recta, es garantía de un proceder honesto, de firmeza de valores que no se doblegan ni ante presiones de poderosos, ni amistades, ni favores... Y por eso, tales críticos o reseñadores, se ganan el aplauso a diestra y 'ezquerra'... 


(Así, así, tu sigue con los oídos taponados)

'Laguardia negra', que tenemos ante nosotros, novela de la colección 'Garaje Negro'; es decir: con ingredientes de novela negra, o sea, crímenes, policía, suspense... como no podía ser de otro modo. Si bien, en este caso, es ciertamente original. Tanto que se desvía, en varias partes, del campo de esta literatura; con reflexiones sobre las técnicas literarias: uso de los verbos, utilización de tiempos verbales, de si convienen el pasado, presente, futuro... o la inclusión en el relato de la recogida de materiales para elaborar el escrito, su ordenación y engarce en el lugar apropiado del texto.  La novelita de Blanco Chivite (decimos 'novelita' no de una forma despectiva o peyorativa sino por su corta extensión) está escrita con el estilo conciso, economía de palabras, lenguaje directo, limpio, fluido, buen ritmo... 


(Mira, aquí te ha quedado muy aparente tu pobre crítica y tu escaso vocabulario: has conseguido un juicio aséptico, imparcial, frío, al tiempo que alabancioso; no podrá quejarse el Manolo de tus palabras; aunque tu y yo sabemos que, a él, le importa una mierda jincada en un palo lo que tu puedas decirle de su novelita)... 


Y lo que está ciertamente muy logrado -aparte de colocar los materiales recogidos bien dosificados en el lugar justo-... 


(Otro acierto de tu reseña crítica -si es que esto tuyo es una reseña y es crítica- es valorar, en su punto, esta parte de la obrita, pues tu y yo conocemos que hay autores que escriben cuatro cosas suyas, propias, y la mayor parte pegan lo investigado, y que otros han hecho; así vemos a Reverte, con sus viajes a Africa,  cuenta un poco de su viaje propio, luego continua un mucho diciendo por ejemplo: por aquí vivió Stanley (o Burton), e hizo esto y lo otro y lo de más allá, se paró por aquí, viviendo y comiendo acullá durante... Y nos endiña páginas y páginas que las podemos leer en cualquier biografía de los exploradores;  parecido hizo el flamante Nobel Vargas Llosa, con mas oficio es cierto, en su 'El Sueño del celta' indagando sobre el nacionalista irlandés; ¿cuanto es de ellos, de su imaginación, de su creación?: Poco)... 


Un logro de 'Laguardia negra' es haber metido en pocas páginas una apretada acumulación de emociones, sentimientos e ideas impulsando al lector a seguir y seguir leyendo, hasta ver en qué desemboca o desembocan los personajes; de modo que dicha acción, esa poquísima acción que hay, parece multiplicada por cien o por mil. Y por fin, y ya terminamos, otro logro bueno, notable o sobresaliente -no somos expertos para dar nota exacta- es la idea de transmitirnos una población pequeña, Laguardia lo es, como aislada del mundo, sin conflictos, sin quiebras, un edén; eso si, envuelto en niebla, frío y lluvia... 


(Jajaja, ya te veo, tu esperabas -no lo niegues porque ese era tu deseo- un relato como un cuchillo; un cuchillo que rebanara a la sociedad por la yugular; o un arma de destrucción masiva de esta puta monarquía, jajaja. Tu esperabas un cuchillo-novela que actuara como pensaba Julio Fausto Aguilera que podría actuar un verso: 'Un verso / bien nacido y vigoroso, / y otro más encendido, / y otro más desvelo, / y otro verso más fuerte y más veraz, / le dan vida / a un sueño que recogieron / tierno, / y ese sueño de muchos, ya nutrido, / se vuelve una conciencia, / y esa conciencia, una pasión, un ansia... /Hasta que un día, / todo / -sueño,  conciencia, anhelo-, / compacto se organiza... / y entonces / viene el grito, / y el puño, / y la conquista...'


Y dentro de la subjetividad del reseñador... puesta por delante... para precisar la objetividad del comentador... debemos afirmar, y lo hacemos, que es cierto que esperábamos otro tipo de escrito, viniendo de quien viene. Una novela ácida, crítica, demoledora con el sistema, un puño,  un grito, una... y nos hubiera llenado mas. Objetividad aparte. Pero, hablando de 'criterios literarios', como lo hemos hecho, no podemos ponerle reparos: demasiado bien resuelve su narración en pocas páginas con tan denso contenido en ideas, sentimientos, reflexiones, de modo que resulte además entretenido; toca en su librito, como el de Antonio Tejedor, el poder y la represión del poder; distintos padres, distintas violencias o represiones, distintos poderes; unos brutales y otros refinados; tal que uno podría representar a una dictadura fascista en la persona del padre brutal y católico que apalea al hijo, echando por tierra esa Laguardia idílica y el otro padre, refinado, culto, al poder de  la monarquía  parlamentaria...


Eso, alguien, podría decir que es rizar el rizo... ¿Por qué? Pues porque no sabes de dónde sale, a qué viene ahora esta novela, qué impulso la origina... En una palabra te jode darte cuenta de que a pesar de haberlo tratado -al Manolo claro- adviertes, sorprendido, que no lo conoces apenas. La novelita, que es entretenida, no la sitúas en ninguna continuación de nada. Es como una rayo en cielo sereno. Repito, te preguntas: ¿por qué ahora?... ¿qué preocupación le anima?... ¿qué pensamiento la motiva?... 


-Una recomendación: mira, no te metas en mas berenjenales, copia los tres párrafos de la contraportada y da por buena la reseña o crítica; si es que esto es una reseña crítica de 'Laguardia negra' con 'criterios literarios'. Que lo dudo

-Vale. Lo copiaré. Accedo. Dice así: 

1º párrafo
"Laguardia, una hermosa villa de la Rioja Alavesa, es sin duda uno de los lugares más tranquilos donde pasar unos días de vacaciones disfrutando de sus paisajes, de su urbanismo medieval, sus murallas, sus iglesias y, desde luego, sus magníficas bodegas, sus excelentes vinos y su no menos excepcional gastronomía.

2º párrafo
"En tan pacífico lugar vienen a encontrarse dos hombres obsesionados, buscando cada uno su propia venganza. Uno actúa, el otro pretende ser el cronista de los hechos en los que él mismo se involucra. Pero las cosas se perfilarán muy pronto como mucho mas complicadas y retorcidas de lo que cabría esperar.

3º párrafo
"Laguardia se convierte así, bajo la fría lluvia y la niebla de un mes de enero de 1995, en un pueblo de sorprendentes tintes siniestros: Laguardia negra."


martes, 31 de mayo de 2011

Sobre acampadas, protestas y revoluciones

Está más claro que el agua que las diversas acampadas insurgentes de España no estaba en el guión de l@s que han dirigido los asuntos públicos a su capricho. Y nos ha sorprendido a tod@s, incluid@s l@s que se ha levantado de su aparente postración, e izándose se han concentrado acampad@s, como una sola persona, en plazas de toda España, no hay quien lo dude. Lo cual nos alegra. Y esa sorprendente indignación masiva ha incrementado nuestra alegría.

Hayamos asistido, o no, a las asambleas rebeldes de l@s acampad@s, hemos latido al unísono con ell@s, viendo por fin un pueblo, al que antes mencionábamos, alabándolo en nuestros escritos, que no veíamos por parte alguna.

Podíamos entender que algo estuviera gestándose por abajo -'por abajo', como suele expresarse don Agustín García Calvo- pero nada, o poco, salía a la superficie: ciertos arrebatos insurgentes que, con la misma velocidad que se elevaban, morían; nos referimos a las multitudinarias manifestaciones contra la guerra de Irak y contra sus responsables: el denominado 'Trío de las Azores'. Y en esa comprensión, o intuición esperanzadora, de que algo hervía en los corazones de muchas personas, tomadas así una a una, entraba la memoria de las traiciones de partidos de izquierda como PCE o PSOE en los que las masas explotadas, el pueblo llano, había confiado. Era de sentido común que hubieran envenenado de mala hostia los sentimientos de muchas personas honradas al ver la deriva hacia el compadreo, de los dirigentes de esos partidos, con jefazos franquistas, tragándose demasiados sapos y culebras; siendo el mas importante de ellos la aceptación de una monarquía heredera y heredada de la dictadura; nos acordamos así mismo de los llamados sindicatos de clase (CC.OO y UGT) hundiéndose en el lodazal de los pactos ('Pacto de la Moncloa', con su 'Estatuto de los Trabajadores') donde perdía el Trabajo y ganaba el Capital. También guardamos en el magín del recuerdo la destrucción práctica del asociacionismo; por ejemplo: las asociaciones de vecinos que cortaron el cordón umbilical que les unía a los vecinos...

Todo ello, pensábamos, se habría introducido en las gentes, poco a poco, levantando un muro, una barrera, entre el Poder y el Pueblo, de desconfianza, hasta de odio, para con los actores de ese desbarajuste en cauces democráticos y terminaría explotando. Esos responsables son, claro está, los políticos; pero también los que se esconden tras consejos de administración de bancos, de jefaturas militares, de obispados o centros cardenalicios.

Si a toda la rabia interior, que suponíamos soterrada y retenida, se le une la tremenda injusticia de un estado monárquico que está impidiendo -natural viniendo de donde viene- que de cunetas, fosas o cementerios, se extraigan los miles de cadáveres de los asesinados por los fascistas a lo largo de los años y se agrega ahora el paro ocasionado por la crisis económica que ha llevado a la ruina a miles y miles de familias mientras los causantes de ese desaguisado se forran... 

Todo ello tenía que concurrir y lo ha hecho en una explosión social. Que a todos nos ha sorprendido, para qué negarlo, por mas que fuera de sentido común.

Este descontento, esta protesta, este levantamiento, esta revuelta..., lo llaman por ahí 'Spanish Revolution' (Revolución Española) De la misma manera que, hace unos meses, a las revueltas que Tunez encabezó las denominaron 'Revolución Arabe'. Nosotros pensamos que 'Revolución' es otra cosa, mas profunda, para que estas protestas lo sean. Creemos que no es más que una 'triquiñuela del viento' como decía León Felipe. Porque, vamos a ver: ¿Se ha derribado, o tambaleado, el estado monárquico? No. El Rey, puesto por el dictador Franco, sigue siendo jefe de los ejercitos de tierra, mar y aire; ejércitos que siguen agrediendo a pueblos de países invadidos; ¿la policía está controlada?: no, la policía rodea las acampadas; ¿y la banca?: la banca continúa amurallada y enrejada en sus soberbios edificios; ¿acaso la iglesia es algo distinto?: no, la iglesia sigue controlando las conciencias...

Y para demostrar que el Estado no dudará en machacar las revueltas ahí está la brutalidad de la policía catalana aporreando a los indignados acampados en Plaza de Cataluya

Por eso decimos que esto no es más que una triquiñuela. Sin querer menospreciar por ello el movimiento que se valdrá de muchas de ellas para avanzar, paso a paso, hacia esa Revolución.

Ya hemos dicho que esto no es una Revolución con mayúscula. Al menos de momento. No sabemos si continuará. Ni de qué manera. O si se acaba, cómo terminará. Si es termina. Ahora bien, nada se va sin dejar huella. De eso estamos seguros. Y si no es una Revolución, porque no lo es en el sentido acabado del término, si es un revulsivo en las conciencias semejándose mucho, en este aspecto, a la Revolución. La Revolución del Pensamiento.

De todas estas acampadas: #acampadasol, #acampadasevilla, #acampadabilbao, #acampadavalencia, #acampadabarcelona... quizás lo mas valioso sea que los revolucionarios de verdad, los honrados, los honestos: marxistas, leninistas, troskistas, republicanos, anarquistas, comunistas, socialistas, cristianos de base... -le hemos oímos a García Calvo su discurso ácrata, y leímos a Fernández Liria su postura comunista- ... todos ellos salidos de sus chiringuitos político-ideológicos, más o menos consistentes: Corriente Roja, PCPE, AI, IA, PCE (m-l), CGT, IU, PCOE... o bajados de su torre de marfil intelectual independiente... han tenido contacto directo con los miles de ciudadan@s indignad@s, han oído sus demandas, sus análisis, y al mismo tiempo est@s acampad@s, est@s rebeldes, est@s descamisad@s, est@s perroflautas -como l@s denomina, despectivamente, la reacción derechista-, escuchan los discursos, las razones, las demandas, de est@s revolucionari@s y entre un@s y otr@s formando un frente, libre de sectarismos, y en perfecta simbiosis formando un pueblo unido, triturarán las ideas erróneas y las acciones inconvenientes quedándose con las más acertadas, porque un pueblo puesto a pensar es un cerebro poderosísimo capaz de llegar donde nunca jamás alcanzará el cerebro individual. De momento estamos viendo consignas, lemas, poemas, dibujos, videos... excelentes, y hemos leído artículos, profundísimos, que son claro ejemplo del pensamiento colectivo en acción y ebullición, aclarando muchos aspectos de la realidad de España. 

Dará sus frutos mas pronto que tarde.

No oimos, aun, eso de ¡España mañana será republicana! que, para nosotros, con nuestra carga ideológica encima, sería una muestra de que l@s rebeldes se han dado cuenta de la importancia capital de ese Estado que ha aglutinado a la oligarquía contra el pueblo. Aunque estamos seguros que pronto atronará por calles y plazas. La asamblea de Aldea del Fresno -y es un solo ejemplo- un pueblo de Madrid se ha posicionado por abolir la Monarquía, el Senado y por la destitución de aquellos ediles que no cumplan con su labor. En cambio oimos gritar dos consignas: una antigua: ¡El pueblo unido jamás será vencido! y otra mas reciente: ¡Oe, oe, oe, oe, le llaman Democracia y no lo es

Por algo se empieza. 

Un comienzo esperanzador, casi diríamos luminoso, si tenemos en cuenta las toneladas de olvido, de pasividad, de amodorramiento, de conformidad, de apatía... que, desde la muerte del dictador, han vertido, las fuerzas políticas de la llamada 'transición', sobre el pueblo español.

Decíamos al principio que estas rebeldías no estaban en la programación del Poder monárquico, lo que le ha agriado el estómago. 

En cambio, nosotr@s, como pueblo, nos hemos sosprendido, gratamente, de su viveza. Somos dichos@s. Ahora ya podemos morir sin remordimientos. Lo lucha continúa.

Fdo: José Mª Amigo Zamorano


jueves, 11 de noviembre de 2010

Amor peligroso: compromiso y responsabilidad


La verdad es que hallar algo que sobreviva con dignidad en medio de una sociedad podrida es ciertamente difícil. Difícil pero no imposible. Aun con toda la podredumbre rodeando a los seres siempre hay algo que puede salvarlos: la esperanza o la inocencia. Y de esto trata Ben Okri en su novela ‘Amor peligroso’ que publicó en España Ediciones del Cobre allá por 1998 y que acabamos de releer.

Ben Okri nació en Minna el 15 de marzo de 1959. Ben Okri es un reconocido poeta y escritor nigeriano que ha desarrollado su carrera literaria en lengua inglesa. Okri pasó sus primeros años de vida en Inglaterra para luego pasar su infancia en Nigeria. Poco después de 1976 volvió a Europa para completar sus estudios universitarios. Flowers and Shadows (1980) fue su primera novela. Al igual que en toda su producción, se puede apreciar en ella un fuerte compromiso con la situación   política de su país y de toda África. Ha ganado varios premios incluyendo el Booker en 1991 por El camino hambriento, el Commonwealth Writers Price, el Paris Review Aga Khan Prize for Fiction, el Chianti Rufino Antico Fattore International Literary Prize y el Grinzane Cavour Prize. Okri está considerado como uno de los mejores narradores africanos de la actualidad. Su estilo, entre lo maravilloso y real, está influido por el realismo mágico sudamericano, pero sin  pertenecer por completo a       dicho estilo. El mago de las estrellas (2007) es su última novela publicada hasta el momento.

Amor peligroso trata de Omovo, un joven de un gueto de Lagos, capital de Nigeria, que trabaja en una oficina de otro barrio de la capital. Y que no le gusta mucho la verdad. A él lo que en realidad le apasiona es la pintura. Desde que llega del trabajo a su calle, en el gueto, prende su pensamiento del lienzo y pinta. Pero para ir y venir del trabajo, todos los días, tiene que salvar obstáculos que, vistos desde las sociedades desarrolladas de occidente, son casi un acto sobrehumano: autobuses atestados a los que hay que subir dando codazos, sufriendo empujones, escupitajos, sudores, apretujamientos… eso… cuando se consigue subir al vehículo, que no siempre se corona esa hazaña; otras veces hay que esperar al próximo bus, con el retraso que supone la espera y arribar tarde a la empresa, lo que lleva aparejado la bronca de los jefes o los comentarios maliciosos de los compañeros de oficina.

No obstante, todos los acontecimientos del vivir cotidiano le proporcionan motivos para plasmarlos en los cuadros. Lo que le paraliza muy a menudo frente al caballete son las dudas del por qué de las cosas: de la miseria del gueto, de las gentes del barrio, de la familia, de la ciudad, de la empresa… en fin, de su país: de Nigeria, su historia, sus tradiciones, sus religiones, sus lenguas, sus guerras tribales… por lo que el resultado final del cuadro es ajeno a lo que en principio quería plasmar.

Esa lucha interior por comprender lo convierte en una isla en medio de un mar nauseabundo, putrefacto, sin que sea consciente de su singularidad; pero si siente un cierto desasosiego. Solo se halla a gusto cuando se reúne clandestinamente con su amada Ifeyiwa. Clandestinidad necesaria al estar ella casada. Ambos son islas en medio de la miseria, la vulgaridad, la violencia, la grosería, el machismo, las ratas, las basuras, las arañas, los lagartos, los chinches, el polvo… todo lo feo y asqueroso que existe en el mundo. Por eso se pierden, en cada cita, por un dédalo de callejuelas huyendo de su calle, del gueto, con la ilusión de poder hablar y amarse en libertad, ajenos a cuchicheos y miradas maliciosas.

El relato se va desenvolviendo en este ambiente, hasta que la brutalidad del marido de Ifeyiwa obliga a esta a abandonar la casa familiar dirigiéndose hasta la aldea de sus padres y, cerca de ella se baja del autobús, en contra de las recomendaciones de las mujeres que van en el vehículo, que le advierten del peligro de andar a pie, de noche, cuando hay bandas de gente armada; a  poco de andar caminando hacia su aldea, cuando ya los olores de la infancia se le metían dentro de ella y la alegría volvía a enseñorearse de todo su ser, la matan.

Casi en paralelo él es despedido de la empresa y se va del barrio a una ciudad cerca del mar a meditar, a salir de sus dudas; retornando al barrio casi como un hombre nuevo, revestido y envestido de responsabilidad y compromiso.

La narración se desenvuelve la mayor parte del tiempo en el barrio, alguna jornada en la empresa, con escapadas a una exposición de pintura, a la casa de algún amigo, al taller de un pintor, a una ceremonia de una sociedad secreta; ocupando una parte importante del libro a la amada del personaje y al marido de esta. Dicha estructura le permite al autor mostrarnos la vida colectiva del gueto, con sus olores, calores y sudores y su vida insalubre;  la corrupción en las empresas; las inquietudes de los artistas como hombres del pueblo; la opinión de los amigos sobre el pasado, presente y futuro de Nigeria; la psicología de la mujer en Ifeyiwa y el machismo y brutalidad con el marido.

Dice al final el autor, en una nota aclaratoria: “En 1981 publiqué una novela titulada The Landscapes Within. Dangerous love (Amor peligroso) tiene origen en esa novela… Yo deseaba escribir una novela que celebrara tanto los pequeños detalles de la vida cuando los grandes, tanto los interiores como los exteriores. Quería ser fiel a la vida cotidiana, pero al mismo tiempo contar una historia que mereciera la pena… Pasaron muchos años hasta que recogí la materia prima, de la cual creció esta nueva obra. Amor peligroso es fruto de una gran inquietud. Espero, por lo tanto haber liberado su espíritu”.

No sabemos si a lo que se refiere es a esa defensa del compromiso y la responsabilidad. Porque eso es lo que hemos sacado en limpio. Un compromiso y una responsabilidad de la persona para laborar por un mundo mejor, por una Nigeria sin guerras, ni corrupción, sin miserias y sin desesperanzas. No es un mensaje partidista, sino un compromiso general contra una sociedad heredada del tribalismo y del colonialismo blanco; una sociedad dividida en clases donde unos, los más, tienen poco o nada y los otros, los menos, nadan en la abundancia. Y esa responsabilidad y ese compromiso de Omovo puede ser un Amor peligroso, como el dedicado a Ifeyiwa. Y una esperanza de poder derrotar a la podredumbre.
  

viernes, 13 de agosto de 2010

José Mª Amigo Zamorano: Ya puede empezar la guerra



Desde el balcón el ojo balconeando, gomoso, absuelto de indiferencias, daba una lección lenguaraz a las bocas, rebosante de acontecimientos y de intervenciones y las incitaba y concitaba al blabladeo.

También en la terraza de la plaza recoleta las miradas, ahitas, empujaban a los labios en un bisbiseo imparable y desconsiderado.

Pero la noche, negra y poderosa, tapió labios y bocas hasta la llegada del alba propensa a las comunicaciones.

Así fue durante muchos siglos, tantos que se pierden en la medida de nuestra imaginación, hasta que a blabladeadores y bisbiseadores les alumbró la noche al principio con una debil lucecita de razón y luego con un potente haz de rayos deslumbradores. Entonces se consideraron iluminados de derechos y exclamaron:

-Ahora no hay corte que valga en el transcurrir del tiempo.

Y hasta en sueños la luz de la razón engendró sus monstruos.

Las blabladeados y bisbiseados desde balcones y terrazas, torturados con chismes, infundios y otras deliciosas habladurías durante el día, por la noche dormían a pierna suelta libre de murmuraciones, chismorreos, maledicencias y otras variopintas invenciones canallas.

Eran libres por la noche a la que adoraron como diosa.

Mas llegaba la aurora, brillante y enceguecedora, y los transformaba en muñecos propicios al hazmerrerir de los habituales del balcón y la terraza, gente occiosa dada a crucificar al vecino que se atrevía a transitar por el espacio donde reinaban sus ojos, gomosos, y sus miradas, ahitas.

Así fue durante cientos, miles de años, tantísimos que uno no acaba nunca a imaginárselos.

Pro un día en la negrura de la nocheles nació una leve luz en el cerebro que luego se hizo poderoso chorro de luz, alumbrando su desdicha con un halo de esperanza: la razón les parió  monstruos de defensa.

Entonces se digeron:

-Ahora no hay corte que valga en el transcurrir del tiempo.

Y hasta durmiendo la luz de la razón paría engendros de defensa.

Ya tenemos enfrente blabladeadores y blabladeados, bisbiseadores y bisbiseados.

Puede empezar la guerra.

martes, 1 de junio de 2010

Concha Barbero de Dompablo: El Don de Vivir Como uno Quiere

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(El 15 de mayo, de este año 2010, presentamos ante un numeroso grupo de familiares, amigos de la escritora y algún que otro interesado el libro 'El don de vivir como uno quiere'; de los presentes en el acto uno especialmente considerado para mi: Urbano Blanco Cea que además de buen escritor es una excelente persona. Aquí pongo las palabras que leí para ese acto; juzgadas ahora, tras los días trascurridos, me parece que sobran la mitad o más de ellas; y es que, si no se controlan, las palabras fluyen a su libre albedrío, se desbocan e inundan las riveras; pasa lo mismo con nuestra lengua que, a veces, corre demasiado, sin control del cerebro y lanza, de cuando en cuando, impertinencias de las que luego uno se arrepiente; hay un proverbio africano que ya advierte de este peligro; pero, en fin, lo que leí es esto; nada de lo dicho tengo por qué arrepentirme; si acaso su abundancia; y queda para la historia particular de la escritora y para mi)

Buenas tardes señoras y señores, damos comienzo a este acto de presentación de un libro en este espacio cultural magnífico de la Caja de Ahorros de Ávila a la que agradecemos su permiso, como agradecemos a Ana su desvelo porque todo salga bien. Me llamo José MªAmigo Zamorano y me siento muy honrado de que Doña Concha Barbero de Dompablo, la autora aquí presente, me haya pedido que sea el que abra este acto. Me acompañan los escritores D. David Lentisco y D. Tomás García Yebra que luego intervendrán con su palabra certera y precisa sobre la obra.
El libro que hoy presentamos, 'El don de vivir como uno quiere', sigue profundizando en lo que Doña Concha Barbero de Dompablo denomina 'la autoobservación' y es la continuación de su anterior libro. En 'El Don de vivir como uno quiere' desarrolla, sobre todo, lo esencial del capítulo que en su primer libro denomina 'Tienes ilusiones y proyectos'.
Se dice que está compuesto con textos escritos 'en momentos de inspiración y de especial sensibilización'. De modo que el libro no es un tratado, o ensayo, seco y árido, extraido de su intelecto sin emoción, sin vida, sino que nace de sus más profundas entrañas espirituales. Es sincero, tiene vida. Late en él la persona que lo escribe. Son datos muy importante, creemos, sin los cuales pocos libros resiste el paso del tiempo.
Se podría abordar desde distintos ángulos: el pedagógico, el psicológico, el filosófico... Nosotros queremos referirnos aquí, solo a la utilidad  del libro y de paso subrayar su valor literario. 
Ya la introducción se abre con una cita del escritor alemán Hermann Hesse que reza así: 'Los libros sólo tienen valor cuando conducen a la vida y le son útiles'. 
Cita atinadísima ya que deberíamos plantearnos, cuando abrimos un libro, con intención de leerlo o comprarlo, que para qué podria servirnos. Tenemos bastantes en las estanterías de nuestras bibliotecas particulares e incluso hemos leído numerosos, de los cuales muchos de ellos no nos sirven para nada. De esto ya se hacía eco Cervantes en El Quijote.
Bueno, pues este libro de Doña Concha Barbero de Dompablo puede servirnos de guía para encauzar la vida. No la vida en general. Sino la nuestra. La propia. La particular. Puede llevarla por derroteros que nosotros queramos y no perdernos por andurriales que la casualidad, las circustancias, el azar, la suerte, las personas del entorno o... o ¡vaya usted a saber!... quieran dirigirnos. Que seamos nosotros mismos, como decía Luis Vives a Erasmo de Roterdam, los autores de nuestro destino.
Y es que el azar, la carambola, la potra, el ambiente... como ustedes quieran denominarlo... tienen una gran fuerza. La mayor parte de las veces es imperceptible. Este poder, que ha sido  bautizado con numerosas palabras: sino, fatalidad, estrella, hado, destino, casualidad, ventura, chiripa..., moldeador por encima de nosotros y muchas veces a pesar o en contra de nosotros, lo descubrimos, ya tarde, leyendo, al azar nunca mejor dicho, la novela (Un hombre bueno en Africa) 'A Good Man in Africa' de William Boyd. Novela que hemos vuelto a recordar leyendo 'El don de vivir como uno quiere' que estamos presentando.
En la novela que citamos, un hombre blanco, inglés, segundo en jerarquía de un consulado en Africa al que nunca, ni por asomo, hubiera pensado ir, se ve envuelto, sin querer, entre las ambiciones de un político nativo corrupto; las ocurrencias de su jefe consular, a las que no sabe decir que no, las relaciones con la esposa del político nativo citado, que le salen al albur, el cadáver insepulto de una sirvienta africana del consulado del que tiene que hacerse cargo sin desearlo y su actuación a regañadientes como Papa Noel y otras varias peripecias. Es un sinvivir que casi lo vuelve loco, un trajinar estresante a causa de no saber decir no a las cosas más peregrinas que le encargan. Hasta que se revela. Y entonces, si, se planta y dice hasta aquí hemos llegado y comienza a ser él. Y las cosas le salen mucho mejor. 
De lo que trataba la novela, o eso sacamos en conclusión, es del poder conformador de la contingencia, del azar, de lo imprevisto, del albur, y similares que ya hemos nombrado, en la vida de los seres humanos. Porque, efectivamente, hay muchísimas personas, como el protagonista, que se deja llevar, nos dejamos llevar, por los acontecimientos sin oponer resistencia. De modo que, poco a poco, nos vamos yendo, por senderos que nunca hubiésemos pensado transitar. Es más, los sueños, las ilusiones, los más íntimos deseos, nos pedían, dirigirnos por otros caminos, esos que Concha en su libro nos anima a seguir porque 'estamos capacitados para alcanzar el sueño de vida'. 
Por ejemplo, un servidor de ustedes, para qué hablar de otros, de muy joven (hasta esos remotos tiempos me ha hecho retrotraerme Doña Concha Barbero de Dompablo), quería ser granjero, tener un gallinero propio; pero mi familia dijo que no, que verdes las han segado, y yo me quedé sin poder realizar mi cacareado deseo, qué se le a hacer; más tarde, estudiando magisterio, logramos tener una página juvenil, en un diario de Zamora y allí escríbiamos, cada 15 días, Antonio Casado (hoy muy connotado periodista) y yo; soñábamos con ser, eso, periodistas; y él se fue a examinar a Madrid y lo suspendieron; mas no se amilanó y se metió en la escuela de periodismo que tenía el diario YA y que fundó un obispo, Herrera Oria (de esto, creo, sabrá más D. Tomás García Yebra); y Antoñito Casado terminó de periodista eximio porque dice la autora, y cito textualmente: 'hay personas firmes en sus convicciones que saben muy bien cual es su vocación y se oponen a directrices familiares, sociales o culturales, llegando a ser lo que desean'..
Bueno, pues yo no,  y al ver el cero de Casado, me espanté abandonando esa ilusión. Me dejé llevar por el pesimismo sin luchar. 
Y hoy estaría, a lo mejor, hablando o escribiendo, todo el santo día, de la Santa Transición y de sus beatos protagonistas. O distrayendo al personal de sus inquietudes por el paro, las hipotecas y demás angustias, con isabeles pantojas o belenes estébanes y otros especímenes de la fauna patria alabando sus ocurrentes tonterías como si de genialidades se tratara, mientras en mi oído sonaría el tintineo gozoso del dinero que recibíría por decir o escribir sobre semejantes bobadas. 
Y, fíjense, yo, ahora, puedo exclamar ¡Qué horror, monaguillo de diarios y teles! o ¡Qué espanto, un servidor cuidador de gallinas! Pero mi exclamación de horror, o de espanto, nace porque el albur, el hado, el acaso etc. etc, me ha modelado así, como ahora soy. Me ha ido transformando a su capricho y encaminado mi pensamiento de acá para allá hacia estos espantables rechazos.
Debido a ese dejarse llevar, o a ese buenismo, del que estamos algunos creados, el azaroso e imprevisible vaivén del mundo va labrando con paciente labor nuestra carne y nuestro espíritu, arañándolos, hasta vernos transformados en otra cosa que no estaba plasmada en el programa de nuestras ilusiones. Esa cosa que puede ser un guiñapo humano o bien otra persona que, al final, se adaptó como un sancho panza al devenir sorprendente viviendo feliz. Y comiendo perdices. 
En fin, decía Goethe en su magnífico Fausto, en traducción de Cansinos Assens, que 'nuestros hechos nos amargan la existencia'. No las obras de otros, no; sino las realizaciones propias, las nuestras. Bueno, pues para no amargarnos y decir basta al viento del azar, del destino, del que dirán, del común denominador etc, etc,  el libro de Concha viene muy bien, que ni pintiparado, al descubrirnos, como nos descubre, ese poder de elección y decisión que tenemos para decir basta y ser feliz, para romperle la crisma al más atrevido azar, a la más osada eventualidad. Es un buen antidoto 'El don de vivir como uno quiere' y su lectura una buena inmersión en nosotros mismos. Sin duda.

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Queríamos subrayar el valor literario de la obra de Concha, pues puede correr el riesgo de quedar reducido, su libro, a una obra de autoestima. Y es algo más: un libro valiente, sincero, veraz; vibra una persona, late un espíritu; y se nota un trabajo concienzudo para colocar en el lugar preciso, en el momento oportuno el yo o el nosotros de manera notabilísima: el yo de ella con el nosotros a los que nos dirige la palabra, para demostrar, mostrándonos, que su experiencia quiere compartirla con los demás; es su manera de llevar a la práctica el desasimiento, el desprendimiendo, la generosidad, el amor que predica; y lo defiende, así, con hechos, dejándonos su experiencia, por si pudiera servirnos, en contra del egoismo, en contra del todo para mi, que invade el entorno y el contorno y lo corrompe; subrayamos el valor literario también porque vemos utillizar en numerosas páginas un lenguaje muy cercano a la poesía o a la metáfora poética; en la musicalidad de las palabras; en un lenguaje limpio, rítmico en ocasiones, naciéndole de si como agua de manantial.
En su existir, subyugada por lo que le rodea, asomada a su mirador, inclinada en su atalaya, le viene rondando a  la cabeza un aleteo de ideas que va cogiendo al vuelo. Abre un hueco para que todas ellas vayan posándose con serenidad; es como amarrar un torrente; como controlar sus emociones sin dejar estrangular su espontaneidad, porque los frenos -dice- paralizan el ímpetu de arcoirisados destellos. Hay que conocer -añade - el haz y el envés de la vida, abrir la cortina de las posibilidades, desterrando la ociosidad que es la carcel donde se encierra la rutina preñada de un vaiven de preocupaciones que chirrían por doquier; ella, a su modo, desea rasgar la cortina de la uniformidad, desenredando sus tramas. Concha, para dar frescura a la existencia, abre un rincón de esperanza, meciéndose suavemente en las dulzuras de esa misma esperanza, dejándose acunar por el movimiento de la vida, espolvoreando de ilusión el mundo, moviendo los hilos que la enganchan a la vida. Luego, no deja que su entusiasmo se convierta en humo y su idea se la lleve el viento y con el sentido del humor, la alegría y el optimismo, que son refrescos para la imaginación, se anima a soltar las cadenas, a romper amarras, a salir del remolino, aunque cueste, distorsionando la calma existencial,  proyectando una nueva imagen; y si dibujamos fantasías -nos dice convencida de sus gozosas consecuencias-  nos advendrá una racha de alegría, o tal vez alguna ráfaga de agradecimiento, y así recorreremos el sendero de la vida, percibiendo su silbido melodioso, que producirá un hormigueo en el estómago; en realidad son mieles de la vida plena, pequeñas pinceladas de euforia; todo ello contribuye a que Concha Barbero de Dompablo esté seducida por su propia existencia. Y nos lo contagie a  los lectores.

Foto de la izquierda: Tomás García Yebra, Concha Barbero de Dompablo, José Mª Amigo Zamorano, David Lentisco
Foto de la derecha: Concha Barbero de Dompablo
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jueves, 25 de junio de 2009

Alfa Ibrajím Sow (*): ¿Dónde fueron los héroes indómitos?

Alfa Ibrajím Sow (*): ¿Dónde se fueron los héroes indómitos?

¡He marchado mil años! por este país de exilio
que gime y madura bajo el peso de los diablos.
He pulsado la Kora en leyendas de los tiempos,
para rehallar las Voces bajo el rimero de años,
volver a verlas, sentirlas, oírlas como antaño
en cuentos, relatos y las charlas de las madres.
¡Sólo se ve la noche, los diablos que nos acosan;
sólo se siente el tiempo, los duelos, los sollozos
de un país que gime en la primavera de la vida!
¿A dónde se fueron pues, los héroes indómitos,
que retaban la tormenta, sacaban de la angustia,
reanimaban la confianza y guiaban al combate?
Bajo el peso de los satanes, lacayos y cómplices,
para revivir las Voces, sus lamentos, su revuelta,
despreciar el óbito, ir a la guerra, tomar la victoria.
¡Mil años! ¡Buscamos el rayo para trazar el surco!


Reanima el fuego, hermano mío;

la noche que ha llegado es negra;

y hay que andar silenciosamente.

*

(versión libre; que Alfa Ibrajím Sow nos perdone si en algo le hemos faltado)


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(*) Notable lingüísta y poeta, especializado en la literatura tradicional de su país. Proviene de una familia de eruditos de Labé. Enseña pular, la lengua de los fulbés. Ha mostrado su buen hacer poético sacando poemas en revistas y antologías.

Obras principales: 'Notes sur les procédés poetiques dans la littérature des Peuls du Fouta Djalon' (Presence Africaine. Paris. No. 54, 1965); La femme, la vache, la foi (poemas del Futa Yalon. Paris, Éds. Julliard, 1966); Chroniques et récits du Futa Djalon (Paris, Librairie C. Klincksieck, 1968) y Janngen Fulfulde (Paris, Eds. Presence Africaine, 1969)

miércoles, 3 de junio de 2009

José Mª Amigo Zamorano: Ahondando en la vida del General La Cerda


Motorista, automovilista, caminante, viajero sin mas, si vienes, acaso, algún día, desde El Escorial, por ejemplo, a Las Navas del Marqués y en su misma entrada, en la rotonda, tuerces a la izquierda (por supuesto, si lo haces desde Ávila a la derecha, claro) por un camino que conduce a una parte del término municipal al que llaman Valladal, podrás contemplar muy hermosos paisajes que se pierden en la lejanía hasta Gredos o Guadarrama.
Puede que te sorprenda, metido en el camino, el rótulo de una villa, 'La Cerda', apartado de la vía, a la derecha. Y puede, claro, que su nombre te llegue al cerebro, así, por si solo, sin mas, sin añadiduras, acompañado de gruñidos, hozando y revolcándose en la basura. Podría ser. Como una cerda. Aunque también, por qué no, aureolado de morcillas, chorizos, longanizas, jamones...
Vamos, una chocante ambivalencia este nombre.
Como le choca a uno, recién llegado a Ávila, si te hablan así, de golpe, sin más añadiduras y retoques, de la 'Virgen de las Vacas'. Te lo toma a rechifla. O al menos te crees que es algún choteo irreverente hacia símbolos de la religión católica, apostólica y romana. Unir virginidad, todo pureza, con ese animal que enseña y arrastra sus tetas con impúdico descaro... Asociar a ese mamífero con la prístina e inmarcesible blancura de las vírgenes...
Y no, no es eso. Que exageración por nuestra parte.
Ni en un caso ni en el otro.
Esa es una imagen venerada en un barrio de Ávila. Aquel, 'La Cerda', es el apellido de un general que vivió por estos lares, que escogió su residencia, tras años de periplo guerrero por el mundo, entre estos paisajes cubiertos de pinares. Un militar cuya vida, además, muestra algunos interrogantes y hasta misterios. Misterios que, de desvelarse, quizás, desencantarían.
O no. Vaya usted a saber.
Don Pedro de La Cerda y López Mollinedo -¡cazi na!- nació un 19 de julio de 1871 en el pueblo de San Miguel, un arrabal de Manila capital de Filipinas. Siendo bautizado, nada más y nada menos, por el arzobispo de la misma capital. Su padre, Manuel de La Cerda y Gómez Pedroso, nacido en La Rochele (Francia) era militar de profesión con grado de coronel en el arma de infantería y capitán en la de cabellería; su madre, sin embargo, Blanca López y Montón, era madrileña, española por tanto. Y, como se ve, del mismo centro patrio.
El árbol genealógico de D. Pedro está suficientemente documentado, detallado, pormenorizado hasta el extremo de saber la nacencia de sus abuelos, tanto paternos como maternos. El escritor Pablo Herce, que ha investigado, un poco, a este general, dice: 'Los abuelos paternos son D. Manuel de la Cerda y Palafox y la Excma. Sra. Dª Candelaria Pedroso y Fidalgo, ésta natural de Madrid. Los maternos son el Excmo. Don Gregorio López-Mollinedo, de Madrid, y la Excma. Dª Petra Montón y Lagarriga, de Valencia.'
El hecho de seguir la carrera militar de su padre es algo muy normal en hijos de militares; y, en aquellos tiempos, con mayor razón, cuando se es muy joven y las decisiones eran tomadas por padres todopoderosos y autoritarios. Pero, incluso, muchos han sucumbido a esas órdenes aun siendo ya mayores. Lo raro hubiera sido apartarse de esa saga familiar. A los 15 o 16 años ingresa en la Academia General Militar, saliendo, al cabo de 3 años, con el grado de alferez, a los 19 años cumplidos; y, con ganas de emular a los guerreros de la historia en sus hazañas bélicas, se apunta de inmediato en la Academia de Artillería y luego en la de Caballería. Asciende a teniente. Ya tiene cierto grado de mando. A por más. De Filipinas a Cuba donde está tente mientras cobro el poder imperial español; y adonde le suben un grado más: ¡Capitán! ¡Y por méritos de guerra! ¡En 1895! ¡El mismo año en que mataron los españoles a José Martí en Dos Ríos! Allí enferma.
De Cuba no se olvidó nunca, jamás. En un libro que escribiera años más tarde, ya cuarentón, junto con su esposa, hacen todo un elogio de José Martí (*), el poeta cubano lider de la independencia, contra el que luchara, quizás entonces sin conocerlo, con las armas en la mano.
No se sabe si a causa de la enfermedad o porque lo solicitara, lo cierto es que las notas que hemos leído lo sitúan en España desde 1897 hasta 1902 y además desempeñando el cargo de Ayudante de Campo de su padre, para a continuación serlo, en ininterrumpida ascensión, del Teniente General Arsenio Linares Pombo a quien dedica una obrita 'Las armas de fuego a principios del siglo XX' en agradecimiento por los conocimientos que le ha sabido transmitir. El libro tiene cuatro apartados: 1º. Armas portátiles; 2º. Artillería de campaña; 3º. Vulnerabilidad; y 4º. Fuego en combate, métodos y conclusión; en esta parte se refiera a su estancia en Cuba. El libro muestra una especie de frontispicio introductorio copiando un informe del Ministerio de Guerra en el que se anuncia la concesión de una Medalla al Mérito Militar de primera clase, con distintivo blanco y pensionada, por su obra. Por si alguno mostrare interés por ella decirle que fue impreso en Madrid en 1904 en los 'Talleres del Depósito de Guerra' y alude al autor 'como Capitán de Artillería y Agregado Militar a la Embajada de España en Rusia'.
Con anterioridad, en 1903, escribió dos obritas: a) 'La caballería en la batalla', consta de tres capítulos: 1. Principios fundamentales de combate; 2. Empleo de la caballería en la batall; y 3. Métodos de combator; folleto ilustrado de 15 páginas, compuesto en la imprenta 'El Trabajo', calle Guzman el Bueno, 10, de Madrid; b) 'Organización general de la defensa', separata de la Revista Técnica de Infantería y Caballería que consta de dos partes nada más: a) Sistemas de ocupación de las diversas posiciones; y b) Principios generales sobre la ocupación de posiciones; su impresión, como en el anterior librito, en el taller tipográfico 'El Trabajo', calle Guzmán el Bueno, número 10 de Madrid.
Pablo Herce, en sus apuntes sobre la biografia de D. Pedro de La Cerda realizados en Madrid en octubre de 2003 y que nos ha facilitado don Paco Correal, añade que: 'en 1902 se traslada a París como agregado al 23 Regimiento de Dragones participando en unas maniobras; que en 1903 es Ayudante de Campo del Ministro de la Guerra; que el el mismo año se le nombra Agregado Militar a la Embajada de España en San Petersburgo donde estará hasta 1907; que durante su estancia en Rusia se le autoriza incorporarse al ejército zarista en la Primera División de Tiradores de Siberia Oriental como 'oficial extranjero' a las órdenes del mariscal Sajarov y su Cuerpo de Caballería, participando activamente en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905, en el Frente de Manchuria donde fue herido y condecorado'.
Ya de vuelta a España se le destina a la Comisión de Límites en Portugal, donde permanece hasta 1912. Año en el que pide permiso para casarse. ¡Es ya Teniente Coronel de Caballería! ¡Ahí es na!
Efectivamente, en 1912 se encuentra en Madrid con caracter estable, dentro de la estabilidad que supone estar en un ejército donde hoy estás aquí y mañana... ¡Dios dirá!
Solicita permiso para casarse con Eugenia Lefevre Tourte, ciudadana francesa que vivía en Chantilly-G, departamento de Oise. Lo hace a Su Majestal el Rey (que así hacían los nobles y los altos oficiales del ejército) este teniente coronel llamado Pedro de La Cerda. Y su jefe superior, un general, a la vera de la instancia, apoya su pedido de puño y letra. Era el 1 de diciembre de 1912.
Se ignora si le fue concedido tal permiso. Como también se ignora si se casó de verdad. Ni cuando. Ni dónde. Y aun hay más misteriosas sorpresas: en el Acta de Registro de Nacimiento, firmada y rubricada por el alcalde de la localidad de Nouard-le-France, que es copia del texto original, parece casi imposible que pudiera casarse este general La Cerda; lo decimos pues la tal Eugenia Lefevre tendría 10 años de edad. Esto se desprende, sin ninguna duda, de la copia citada hecha en el Consulado español de París el 30 de octubre de 1912 y legalizada por el Ministerio de Estado, organismo que hoy llamaríamos de Asuntos Exteriores, el 5 de diciembre.
Y, salvo error de fecha, contiene datos suficientes para hacer presumir que es verídico todo el documento. Así detalla que el alcalde del lugar certifica la inscripción en el registro de nacimientos de una niña recién nacida, venida al mundo el 19 de agosto de 1902 a las dos y media de la mañana en la rue Des Petits-Bois, a la que le pusieron por nombre Noemie Palmire Eugenie. Eran sus progenitores Emil Zacharie Velère Lefèvre, de 21 años de edad y, para más señas, trabajador del Ferrocarril del Norte y Marie Eugenie Isoline Tourte, tres años mayor que el marido. Su residencia, ya nombrada, estaba en Nouard-le-France término municipal de la localidad de Saint- Just-en-Chaussée. También especifica el documento que fue testido de este hecho Juan Francisco Victor Tourte, un carpintero que, por el apellido, parece ser el padre de la alumbradora.
Bien, efectivamente no se ha encontrado escrito alguno que certifique el casamiento de Pedro de La Cerda y Eugenia Lefevre, pero si se ha hallado en el Registro de la Propiedad de Cebreros (Ávila) su nombre, como compradora de la finca número 1449 conocida, entonces, como 'Los Golos' (hoy 'La Cerda') de la villa de Las Navas del Marqués, donde vivió la pareja, cosa que se sabe por gente de Las Navas y por un libro, que ambos escribieran, allá por finales de la decada de los años veinte del siglo XX, donde dice así: "Todo llega en la vida: el 27 de julio de 1928, solitos y sin que nadie se apercibiese, partimos de nuestra casita 'Los Golos', situada en la Sierra de Malagón, a 1.400 metros de altitud, centrada en inmenso y delicioso pinar. Por la tarde, en la capital, recogemos nuestros bagajes, y el 28, temprano, en el rápido, camino de París".
Prosigamos la andadura de nuestro general. Es de suponer que todo este bagaje teórico y práctico, logrado desde que naciera en Manila, haya pesado en las autoridades político-militares, lo cierto es que lo nombran miembro de la Comisión para la Reforma de Leyes Militares, actuando al tiempo como vocal de la Comisión de Táctica y dirigiendo en Navalcarnero, pueblo de Madrid, cursos de aplicación para los grados de capitán y teniente de artillería; pero también de Información para Jefes Militares.
Al decir de Pablo Herce: 'El expediente militar de D. Pedro de la Cerda termina bruscamente. Se suspende la relación de ascensos, cargos y servicios en 1920 (cuando el interesado contana 49 años) y falta el final lógoco de todo expediente: el pase a la reserva, la licencia indefinida, el fallecimiento'.
En 1927 emprende, con su esposa Eugenia Lefevre un viaje alrededor del mundo; viaje que recojen, ambos, en un libro titulado 'Viaje universal en busca de la verdad' que hemos leído con sumo interés. Y que nos sorprendió, para qué vamos a negarlo. No por su maestría a la hora de describir lo que veían, no; porque, tampoco vamos a negarlo, no es precisamente una joya de literatura de viajes, no; sino por su pensamiento, creemos, muy distante de lo que pensaban los altos mandos militares. De su lectura se pueden destacar algunas facetas de este general: que no se debía llevar muy bien con el ambiente político de su patria; es decir: con la dictadura de Miguel Primo de Rivera; igualmente su actitud crítica con el capitalismo en general y con el de Estados Unidos en particular al que apoda 'Yanquilandia'; su abominación de las guerras, como la de la Primera Guerra Mundial; acusando al capitalismo de esas matanzas; y al imperialismo; en su viaje constata la acción depredadora de los ingleses en paises como India, China, Indonesia... Y los efectos nocivos, perniciosos, del dolar en América Latina.
Postura antiimperialista que, parece ser -no lo hemos leído- acentúa en el libro 'El sol de los Soviets. La Tercera internacional social de Moscú frente a la internacional armada del capitalismo'. Libro de 287 páginas, editado por Impresora Castellana. Valladolid, 1931. Dedicado a D. Niceto Alcalá Zamora. Dedicatoria que, como el mismo libro, firman Pedro de la Cerda y Eugenia Lefevre. Tiene 28 capítulos donde describen las estructuras del régimen soviético y su funcionamiento. Lenin y Stalin no salen malparados, al tiempo que atacan, como en el anterior, al capitalismo.
El hecho de ser publicado en Valladolid nos hace suponer, (por lo que le leemos a D. Manuel Azaña en la obra 'Diarios 1932-1933. Los cuadernos robados') que el general La Cerda se hallaba en Valladolid de general de la República con mando en plaza; copiamos las palabras Azaña:
'Cruz y Caminero comunican conmigo y ambos se quejan de la inacción de La Cerda. Llamo al teléfono al general La Cerda. Le informo de lo que se cuenta y le concedo 20 minutos de plazo para que vaya al cuartel de caballería y arreste a todos los que se encuentren en él no debiendo estar por razones del servicio. Promete hacerlo así inmediatamente. Desde Gobernación me hablan de autos cargados de ofciales que entran en Valladolid; de una camioneta procedente de Burgos. El general La Cerda me llama desde el cuartel antes de que transcurran 20 minutos. En el cuartel no había más que los de servicio, y ninguna novedad'.
24 de agosto de 1932 (página 43)
Y el 25 de agosto de 1932 (página 49):
'He recibido al general Cruz que manda la brigada de artillería de Valladolid. Me informa de lo ocurrido la otra noche cuando la última alarma. Y de la desatinada conducta del general de división La Cerda. El telegrama que este me envió en la mañana del 10 ya me puso contra él; pero los detalles de la reunión de generales, jefes y oficiales de la guarnición convocada por él en aquellos momentos son escandalosas. Le destituí por telégrafo. Ahora que ya está destituido es cuando se deciden a contarme que con ocasión de la fiesta de aniversario de la República, La Cerda dijo que este era un gobierno de zascandiles. La Cerda es un incapaz, semiloco. Un desastrado hasta en el vestir. Tiene una finca en Las navas. El general practica el naturismo y se pasea desnudo por el pinar. A cierta distancia va un asistente advirtiendo a los veraneantes:
-Apartense, que viene el general en cueros'.

Aparte del cotilleo sobre la vida privada de D. Pedro de La Cerda las palabras de D. Manuel Azaña indican el malestar del ejército que, en rumores más o menos fidedignos, hasta él llegaban; de reuniones en algunos establecimientos castrenses donde se criticaba a la II República; también nos muestran a un general conspirador. Pero ¿en qué dirección conspiraba? Hay que decir que, en aquellos momentos, se juzgaba al general Sanjurjo por su intento de golpe de estado; y unos abogaban porque se le fusilara y otros que se le perdonara la vida; en eso andaban los ánimos encrespados; hasta en el Consejo de Ministros se mostró la división, saliendo al final por mayoría que fuera perdonado. Por el libro que hemos leído, 'Viaje universal en busca de la verdad', no parece verosímil que el general se encaminara a posturas fascistas. Las ideas que se desprenden son más bien de tolerancia, respeto, fraternidad de hombres y culturas, convivencia respetuosa con ideas de todo tipo... no se metería, por tanto, en caminos muy derechosos; mas bien se escoraría hacia la izquierda política; en todo caso, dentro de su cristianismo, nos inclinamos a pensar que tal vez fuera masón; eso si, sin tener más que sospechas, o vislumbres, o indicios... conjeturas todas sin base firme.
Pero dejemos las sospechosas neblinas y vayamos a los hechos comprobados de su biografía: en 1934 se halla dirigiendo la represión contra los mineros asturianos en la llamada Revolución de Asturias; así escribe Luis Carlos Sen Rodríguez en el Nº 63 (30 de junio de 1986) de "Tierras de León", revista editada por la Diputación de León: 'Desde los primeros momentos de la revolución el mando de las tropas acantonadas en la provincia fue ostentado por el general de la Octava División, Pedro de la Cerda, mientras que al frente de las fuerzas que efectuaron la represión en el valle de Sabero se encontraba el capitán Ramón Cifuentes, capitán de Infantería perteneciente al Batallón Ciclista".
Y hemos leído en Internet lo siguiente: 'el general Batet va ser nomenat Cap de la 6.a Divisió Organica, en substitució del general Pedro de la Cerda y López de Mollinedo'?...
(La historia, por cierto, dice que Domingo Batet, el general Batet, fue fusilado por Franco al permanecer fiel a la República: 'fue fusilado el 18 de febrero de 1937, a pesar de las gestiones que, en su favor, llevaron a cabo los generales Queipo de Llano y Cabanellas. Franco hizo caso omiso de las peticiones de Queipo de Llano en favor de su amigo Batet en venganza por la negativa de aquel a perdonar la vida en 1936 del general Campins.')
Quizás tenga relación con todo lo anterior este documento que encontró Pablo Herce fechado en 1935 y que escribe de esta manera:
'El encargado de la Subsecretaría del Ministerio de la Guerra, Sección de Personal, se dirije por oficio al General de la Octava División Orgánica para responder a un escrito de éste, fechado el 9 de febrero del año señalado. Dicho oficio lleva la del 28 del mismo mes. Al parecer, el General de la Octava División, ante la invitación de la Superioridad para proponer personalidades que pudieran ser merecedoras de recompensa, señala que el 'Gneral de División Don Pedro de la Cerda y López-Mollinedo, al iniciarse el movimiento subversivo del mes de octubre (se refiere obviamente a la revolución de Asturias de 1934) y durante el periodo álgido desempeñaba el mando de la misma (la Octava División), contrayendo méritos que pudieran ser merecedores de recompensa. A dicha sugerencia responde el Jefe de Negociado Segundo de la Sección de Personal, D. Rafael Fernández, que 'este Ministerio ha resuelto no ha lugar a concesión de recompensa a favor del expresado General'.
Nada hemos averiguado de su actuación durante la guerra del 39-39. Por Las Navas aseguran que marchó a Francia. Sin embargo esto si que aparece en la Red:
'Prensa de Madrid de 26-julio-1936: El General republicano don Pedro de la Cerda, que veraneaba en Las Navas del Marqués, se adueñó del pueblo en nombre de la República al frente de las fuerzas milicianas y reduce a la Guardia Civil, cuyos números fueron asesinados'. ¿Qué prensa? No se dice. Aunque suponemos por la frase 'cuyos números fueron asesinados' que no debía ser fuente republicana. ¿Encabezó a los milicianos?... Por estos lares de Las Navas del Marqués nadie sabe nada de esto. Lo cual es muy significativo. Y le quita credibilidad.
Desde entonces parece como si se los hubiera tragado la tierra a él y a su esposa. Ni aparece fecha de su muerte, ni lugar de enterramiento. Misterio. Misterio. Misterio.
Tal vez algún día, algún allegado nos facilite estos datos; en ellos veremos quizás a La Cerda aureolado de encarnados chorizos, de rojizas longanizas, de suculentas morcillas, de sabrosos jamones... Aunque también podría ser, por qué no, que lo atisbáramos revolcándose en la basura u hozando en la mierda. La Historia, maestra de la vida que dicen, nos muestra ambas posiblidades.
Viajero que vienes de El Escorial, por carretera, a Las Navas del Marqués y en su misma entrada, en la rotonda, tuerces a la izquierda (y si procedes de Ávila lo haces, claro está, a la derecha) por un camino que conduce al Valladal podrás contemplar muy hermosos paisajes. Te lo aseguramos.
Pero puede que te sorprenda, metido en el camino, el rótulo de una finca, 'La Cerda', apartada a la derecha. No pases indiferente a ella. 'La Cerda', para que sepas, antaño, se llamaba 'Los Golos' y fue comprada por el general Pedro de la Cerda y su esposa Eugenia Lefevre. Una pareja singular.
Dicen que en tardes de verano muy calurosas o en noches invernales, muy frías, de luna llena, con los campos nevados, se les ha aparecido, a ciertos individuos, esta pareja de amantes, paseando desnudos, por entre los pinares, cogidos de la mano, observados desde el cielo por dos cigüeñas negras.
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(*) "En América son muy escasos los que niegan el caracter de guerra civil a las que, por su independencia, sostuvieron las actuales república hispanoamericanas. José Martí, con profundo y sagaz conocimiento de la historia española, demuestra que nuestras guerras civiles, de las comunidades castellanas contra dinastías y gobernates extranjeros, emigraron a las Indias, a medio descubrir y conquistar, con Aguirre, Los Pizarro, Almagros y el viejo Carbajal; quienes se alzaron, en América, contra los despóticos Césares austricos, como hicieron en Castilla Padilla, su mujer heroica y el fiero obispo Acuña.
El gran Carbajal, veterano del saqueo de Roma y de Pavía, propuso a Gonzalo Pizarro, para colmar su rebeldía, que se casara con la hija del Inca y se proclamara Señor del Perú independiente. Carbajal, insigne entre los más insignes conquistadores, a los ochenta años de edad fue ahorcado por Lagasca.
Narra, exactamente coómo el mallorquín Juan Picornell fue desterrado a Panamá, con otros dos conspiradores, Lax y Andrés, y a Portocabello el cuarto condenado a muerte, Cortés. Después de novelesca salvación, se juntaron el Venezuela y auxiliaron a los libertadores Miranda y Bolivar. Fueron estos españoles, de la vieja España, los primeros que se unieron a los insurgentes en lucha con los realistas. No eran todos americanos los que luchaban por la emancipación, contra la tiranía hispana; ni españoles todos los titulados realistas, huestes mercenarias en las que no escaseaban los criollos. Por la Constitución lucharon: La Serna, virrey del Perú; Valdés, Canterac, Rodil y otros muchos, que se batieron en Ayacucho, frente a Sucre. Rememora la heroica campaña por la libertad de Méjico de nuestro insigne guerrillero de la Independencia Francisco Javier Mina.
Las obras completas de José Martí recogen los discursos del adalid de la palabra, la pluma y la espada de la República de Cuba; en varias de sus disertaciones insiste y hace la debida distinción de los españoles.
En el discurso conmemorativo del grito de Yara, indepencia de Cuba, pronunciado en el Gran Centro de Nueva York, dice textualmente: 'Reconocemos -¿cómo no hemos de reconocerlo recordando a Mina en Méjico, a Gainza en Guatemala, a Villamil en Cuba, al gallego Insúa en Nueva York?-, reconocemos el valor político del esspañol amigo de la liberttad, que la deja franco el paso sin oponerse a sus triunfos; nuestra profunda estimación por el español bueno y libre, sólo iguala nuestra determinación de arancar de raiz, aunque se queje la tierra, los vicios y las vergüenzas incomparables con que el español malo nos pudre'.
En otro de sus discursos, pronunciado en Tampa -velada conmemorativa del fusilamiento de los estudiantes de Medicina perpetrado en La Habana el 27 de noviembre de 1871-, hace una salvedad, muy honrosa, para quien se opuso a tanta crueldad reivindicando la honra española. Dice lacónicamente: 'Recordaré al bueno y magnánimo español, huesped inolvidable sea de todos nuestros hogares, laureado aquí en efigie junto con el heroico vindicador, quien en los dientes de la misma muerte, prefiriendo al premio del cómplice la pobreza del justo, negó fervoroso su espada al asesinato. Dicen que altivo sufre, comido de pesar, en el rincón donde apenas puede consolarlo la cólera del vencedor pudiente de los vencidos miserables. ¡Sean para el buenespañol, cubanas agradecidas, nuestras piadosas y más hermosas flores'.
Para terminar esta demasiado extensa afirmación, nunca olvidaremos el dolor profundo que percibió, al conocer la muerte del doctor José Martí -en el combate de Dos Ríos, Ventas de Casanova, junio de 1896-, el noble general don Anselmo Martínez Campos. Este hombre bueno, que escribió con sus hechos la historia contempóranea de España, modelo de patriotas y soldados, virilmente afirmó siempre que en todas las rebeliones y sediciones era la causa y pertenecía toda la culpa al jefe autoridad; sintió bien la pérdida del semejante bueno, sin fanatismos, con quien era posible entenderse para la paz y bien de todos.
Y no es preciso cansaros más, lectores amables,; las obras y conducta del doctor Martí integran el espíritu reinante desde la Pampa hasta la Sabana; indudablemente muy distinto del que domina en cámaras y camarillas de déspotas sembrados y serviles asalariados en su opulencia, en su vivir. Las hallaréis en todas partes, modestas estancias y humildes bohíos: constituyen y fundamentan el amerispanismo (sic) de la Amerispania (sic), concepto más piadoso, más justo, exento del vanidoso y común Hispanoamérica, que sufren colmados los primitivos poseedores de la tierra, aunque se pudran hartos.
Escrito este libro en castilla-español (sic), nunca por otras razones, expuesto al concepto espiritual iberoamericano, queremos dedicar especial recuerdo a síntesis, tan debatida, como los aprecios universales de historia hispana en América, investigada y estudiada sinceramente: ocultarse es engañar, además es pueril y falaz; reconocer errores es vital regeneración, única que puede salvar, con nobles rectificaciones en sus enseñanzas, es siempre la redentora Verdad."

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Pedro de la Cerda / Eugenia Lefevre en 'Viaje universal en busca de la verdad', página 31, 32, 33, capítulo IV; CIAP (Compañía Ibero-Americana de Publicaciones), Buenos Aires, Barcelona, Madrid, 1930.