miércoles, 7 de marzo de 2007

Influencia del desastre de Chernobil en la salud de los niños




INFLUENCIA DE LA RADIACIÓN NUCLEAR DE CHERNOBIL EN LA SALUD DE LOS NIÑOS

Por Shmerco Eugenio (*)


A consecuencia del accidente en la central nuclear de Chernobil, fueron lanzados a la atmósfera una enorma cantidad de elementos radioactivos: yodo 131, cesio 134, estroncio 89, plutonio 238/239/240, etc.


Del territorio afectado, un 18 % de su extensión presenta una densidad de contaminación de 20 curies por kilómetro cuadrado, donde vive el 20% de la población de la República, mientras que el 70% del territorio presenta una densidad de de contaminación de 15 curies por kilómetro cuadrado. en el territorio afectado por la contaminación nuclear se encuentran 27 ciudades y 3678 pueblos con una población total de 2.200.000 habitantes.


actualmente el mayor peligro para el organismo humano, en las regiones contaminadas por los elementos radioactivos, viene dado pro la presencia de isótopos del cesio 137/134 y del estroncio 90, pues debido a sus cualidades químicas y a la actividad biológica, penetran facilmente en el suelo y de ahí a los vegetales. Los animales al comer esos vegetales acumulan los elementos radioactivos en sus tejidos musculares.


El cesio penetra principalmente en el organismo humano con los alimentos vegetales y animales.


Examinados 67 niños, de edades comprendidas entere 8 y 13 años, de las regiones contaminadas se observó que 45, lo que representa el 67'2% del total, referían dolores de abdomen; 23 (osea el 34'3% del total) referían vértigos, cansancio severo y palpitaciones; 15 niños (el 22'3%) presenta nauseas o vómitos y 13 (el 17'9%), tenían episodios alternantes de diarrea y estreñimiento (síndrome de intestino irritable)


Cuando eran examinados por ultrasonidos, al realizar ecografía de las vías biliares, se pudo constatar que casi la mitad de los niños -47'6%- presentaban discinesia de los condcutos biliares, 10 padecían de anomalías congénitas de la vesícula Biliar.


También se ha observado que los niños de las regiones afectadas por la contaminación nuclear están propensos al desarrollo de patologías varias de todo el tubo digestivo, incluyendo patologías por hipersensiblidad alimentaria. Todo ello es debido a que la falta de alimentos limpios contribuye a la reabsorción intestinal de los eleemntos radioactivos que se han acumulado en el tubo digestivo.


El sistema inmunológico también se ve afectado por los elementos radiopactivos acumulados en el organismo humano, y como resultado de dicha alteración se registra un aumento constante de las enfermedades alérgicas y autoinmumes. Se ha comprobado que el 37% de los niños del grupo examinado tiene disminuido el número de células -T, células T cooperadoras y células B. Además se han descubierto títulos elevados de inmunoglobina E. El 12% de los habitantes de estas territorios afectados por la contaminación nuvlear enferman de leucemia o linfopenia. El 33'7% de la población presenta títulos elevados de autoanticuerpos.


Una consecuencia directa de la catástrofe de Chernobil es el importante crecimiento de las enfermedades de cáncer de tiriodes.


Las investigaciones demostraron que la toma de las plantas medicinales que contienen mucosidades, polivitaminas, ácidos orgánicos, microelementos y otros elementos que normalizan el metabolismo de las células y tejidos, aumenta la estabilidad del organismo humano hacia la radiacción ionizante.




(*)Shmerco Eugenio es doctor fitoterapeuta. Presidente de la organización humanitaria 'Fitocentro antialérgico para niños'


(*)Artículo revisado por el doctor José Manuel Senovilla, médico de Las Navas del Marqués




TOMADO DE LAS PÁGS. XII y XIII DE FONTANA SONORA, SUPLEMENTO DE CAMINAR CONOCIENDO Nº 5 DE JULIO DE 1996

El Desastre de Chernobil


El 26 de abril de 1986, en la región de Kiev, a 12 km. de la frontera de Bielorrusia, se produjo una catástrofe en la Central Atómica de Chernobil. Por su escalada, complejidad y consecuencias es la mayor catástrofe de la Historia de la Humanidad en el uso de la energía atómica. Como resultado de la explosión de uno de sus reactores una inmensa cantidad de sustancias radioactivas cayó sobre Bielorrusia, cubriendo en 23 % del territorio de este estado, quedando contaminados 3.678 pueblos con dos millones de habitantes. La densidad de contaminación con cesio 137 y otros radionucleidos constituye más de l Ci x Km. cuadrado.
La inmensidad de las precipitaciones y la dirección del movimiento de las nubes radioactivas en los 2 o 3 primeros días después del accidente se dirigen primero al noroeste, luego al norte y después al noreste de la Central Atómica de Chernobil. El 30 de abril la dirección del viento cambió al norte u este. En el suelo quedó la huella radiactiva que coincide con la dirección del viento. Entre los radionucleidos de esta huella hay yodo (el periodo de semidesintegración es de 8 días), cesio 134 (2 años), cesio 137 (30 años), estroncio 90 (29 años), plutonio 239 (24.390 años) y plutonio 240 (6.537 años). Después del accidente, en Chernobil (Bielorrusia) se ha convertido en una zona de desastre ecológico. La situación empeora porque las manchas de contaminación radioactiva coinciden con las zonas en las que ya existía una alta polución química. Muchas regiones son prácticamente inútiles paras su uso agrícola.
Actualmente las fronteras de la contaminación no han variado. Desde este punto de vista podemos decir que la situación se ha estabilizado.
La mayoría de la población vive en tierras contaminadas. La fruta y verdura que se consume viene de las regiones menos contaminadas.
La escala de las consecuencias de esta catástrofe es tan enorme que es imposible superarlas sin la ayuda exterior. Se necesitan medicinas, aparatos médicos modernos, productos alimenticios para niños… El fin principal es minimizar las consecuencias de la avería y hacer todo lo posible para que el pueblo bielorruso no desaparezca de la faz de la tierra.


(Pag. XII de 'Fontana Sonora', suplemento de la revista 'Caminar Conociendo' nº 5 de julio de 1996)

BIELORRUSIA (Repúblika Byelarus)



BIELORRUSIA
(Repúblika Byelarus)


Organización del Estado
Antigua República federada en el ámbito de la URSS proclamó la independencia el 25/VIII/1991 y el 21/XII/1991 participó en la fundación de la CEI.
En base a la constitución del 30-3-94, el Presidente de la República elegido por sufragio directo por cinco años y por no más de 2 mandatos consecutivos, nomina al Gobierno y dispone de amplios poderes excepto el de disolver el Parlamento (260 diputados)
Presidente de la República (entonces): Alexander Lukasenko, elegido el 10-VII-1994.
Primer ministro (entonces): Mijail Chigir desde el VII-1994.
Miembro de la ONU, de la CEi y de la CSCE.

Superficie y población
Pro.capitales (89)km2 hab. (1989)

Brest, 40.000 – 1.171.000
Gomel, 25.000 – 1.774.000
Grodno, 40.000 – 1.171.000
Minsk, 29.000 – 3.199.000
Moguiliov, 29.000 – 1.285.000
Vitebsk, 32.000 – 1.413.000

Bielorrusia
(Minsk), 20.7.000 – 10.200.000

1989: rusos blancos; 77’9% rusos; 13’2% polacos; 4’1% ucranianos; 2’9% judíos; 1’1% tátaros…
Otras ciudades: Baranovichi, Bobruisk y Borisov

(Datos tomados del Anuario Estadístico Universal de Editora Internacional que puede consultarse en nuestra biblioteca)

DE LA PÁG. XII DEL SUPLEMENTO ‘FONTANA SONORA’ DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO Nº 5 DE JULIO DE 1996

martes, 6 de marzo de 2007

J. Mª Amigo Zamorano reseña el libro 'La palabra labrada'

Luis López Álvarez
José Mª Amigo Zamorano
reseña el libro
‘La palabra labrada’


Título: La palabra labrada(La poesía de Luis López Álvarez)
Autor: Juan González Soto
Editorial: Promociones y Publicaciones Universitarias, S. A.
Ciudad: Barcelona
Año: 1995

“Desde entonces ya Castilla/no se ha vuelto a levantar,/en mano de rey bastardo/o de regente falaz./Siempre añorando una junta,/o esperando un capitán./Quién sabe si las cigüeñas/han de volver por San Blas./Si las heladas de marzo/los brotes se han de llevar./Si las llamas comuneras/otra vez crepitarán…”

Recordamos estos versos, del romance ‘Los comuneros’ de Luis López Álvarez, a propósito del libro que, el abulense Juan González Soto, acaba de publicar sobre el bardo leonés Luis López Álvarez.
Nos topamos, nosotros, hace años, con ‘Los Comuneros’, por azar, en una estación de ferrocarril y lo compramos, sin advertir que era un romance e ignorando quién era su autor; nuestro estímulo manó de diferentes veneros, unos históricos y otros personales: el levantamiento comunero y el cariño o querencia a la tierra castellana, al encontrarnos, como nos encontrábamos, entonces, en otro territorio matrio o patrio que nos viera nacer.

Hoy sabemos que Luis López Álvarez nació en la La Barrosa (León) el 7 de agosto de 1930; que tiene en su haber 14 libros de poemas, algunos tan célebres como el mencionado ‘Los Comuneros’; una decena de creaciones en prosa; de él se han ocupado, alrededor del centenar de escritores, en publicaciones diarias o revistas de literatura como Vicente Aleixandre, Guillermo Díaz-Plaja, Andrés Sorel, Robert Saladrigas, Luis Jiménez Martos, Francisco Umbral… Le han hecho treinta entrevistas; figura en decenas de florilegios; tiene más de diez volúmenes vertidos a otros idiomas como el francés, rumano, húngaro; e incluso un conjunto musical, Nuevo Mester de Juglaría, sacó un disco con la letra del romance de ‘Los Comuneros’.

A pesar de ello, no había un estudio que abarcara su producción completa, sino artículos o ensayos parciales o puntuales, hasta que, ahora, Juan González Soto, ha llevado a cabo una tarea rigurosa y minuciosa, arracimando todas las consideraciones que, numerosos escritores, como ya se ha dicho, han volcado, a lo largo de estos años; y siempre teniendo muy en cuenta lo hecho por el novelista y escritor venezolano, Gustavo Luis Carrera.

El abulense Juan González Soto, nacido en Cabezas del Villar, ha dedicado su tesis de Licenciatura a mostrar las vinculaciones entre los acontecimientos históricos y la producción de este gran poeta castellano que arrancó con un amoroso libro juvenil, ‘Arribar sosegado’, abiertamente influido por San Juan de la Cruz. Luego ‘Víspera en Europa’ (1957), ‘Las Querencias’ (1969), ‘Rumor de Praga’, (1971), ‘Los Comuneros’ (1972), ‘Cárcava’ (1974), etc., todo ello, Juan González Soto, nos lo acerca con bastantes versos y numerosísimas anotaciones a pie de página. Se completa con un prólogo de Ramón Otero Sans, un repaso a las antologías, una semblanza biográfica y hasta una conversación con el propio López Álvarez, amén de abundantísima bibliografía.

Libro interesante sobre un PERSONAJE CONTRADICTORIO COMO LA VIDA MISMA: a los 2 años le llevaría, la vida, hasta Valladolid; a los 20 a París, donde estudió Periodismo, Ciencias Políticas, Sociología del Arte y Estudios Latinoamericanos; el año de 1957 le encaminaría a Brazaville (Congo Francés) como redactor de Radio-Televisión Francesa; se une al combate contra el colonialismo; y su responsabilidad llegó a extremos de ser camarada de Patricio Lumumba; y fundar el Instituto de Estudios Congoleses por donde transitaron numerosos estudiantes, muchos de los cuales participaron en el levantamiento congoleño en pro de la independencia nacional, ahogada en sangre; como lo fue el mismo primer Ministro y amigo del poeta, el ya mentado Lumumba; igualmente asesinados lo fueron, otros amigos, como Mbuye, Secretario General del partido de Lumumba; Finant, jefe de la provincia Oriental y Mpolo, Ministro de la Juventud; él mismo temió por su vida, seriamente; aunque, al final, salió del Congo sin que nadie osara tocarle un pelo.

Nos cuenta nuestro amigo abulense, Juan González Soto, que, en su conversación en Segovia, Luis López Álvarez le dijo que estaba haciendo un ensayo, rotulado ‘El Encinar’, haciendo referencia a su castellanía; es por lo que rememoramos, nosotros, los versos puestos en el encabezamiento de este escrito y que terminaban:

Si los pinares ardieron/Aun nos queda el encinar”.

A nosotros, aquí y ahora, nos queda este ejemplar, que agradecemos a Juan González Soto; y lo agradecemos por duplicado ya que, además, hace alusión a la publicación de la Biblioteca Pública Municipal de Las Navas del Marqués, ‘Caminar Conociendo’ de la cual ha recogido algún testimonio para su investigación; de manera que, hinchamos el pecho, inflándonos como pavos, por ser los coordinadores de tal revista.


José Mª Amigo Zamorano, Bibliotecario Honorífico de Las Navas del Marqués, es director de la revista ‘Caminar Conociendo’.


DE LAS PÁGINAS VII y X DEL SUPLEMENTO, ‘FONTANA SONORA’, DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’ Nº 5 DE JULIO DE 1996


Luis López Álvarez:

Nace en La Barrosa, León, en 1930, pero con dos años se traslada a Valladolid. Publica sus primeros poemas en el Círculo literario Marqués de Santillana. En 1950 viaja a París donde se licencia en Ciencias Políticas y se diploma en Periodismo. Trabaja en Francia para la radio y la televisión, y, posteriormente dirige la sección iberoamericana de la televisión de la UNESCO. Funda y dirige el Instituto de Estudios Congoleños. En 1969 publica Las querencias y en 1971 Rumor de Praga. Un año más tarde aparece su obra más conocida, Los comuneros. Funda en París la revista Desquicio, publicada en español. En 1985 recibe la Medalla de Oro de la Provincia de Valladolid. Viajero incansable, ha residido en La Habana y en Caracas.


BIBLIOGRAFÍA

Arribar sosegado (1953)Víspera en Europa (1957)Las querencias (1969)Rumor de Praga (1971)Los comuneros (1972)Cárcava (1974)Conversaciones con Miguel Ángel Asturias (1974)Neruda, muerte y testamento (1974)Tránsito (1979)Antología de Aimé Césaire (1979)Cómputo (1986)Elegíaca (1986)

ESTELAS EN LA MAR: DON RAMIRO


ESTELAS EN EL MAR: DON RAMIRO


Título: La gloria de don Ramiro
Autor: Enrique Larreta

Por Luis García Ares

Caminante, no hay camino,
Sino estelas en la mar’
(Antonio Machado)

Ocurre con frecuencia que cuando una obra literaria adquiere cierto relieve entran en escena críticos y comentaristas que, bien sea por empacho de erudición o por simple originalidad, acaban viendo en ella sentidos e interpretaciones que con seguridad nunca imaginó el autor. Sobre ‘El Quijote’, por ejemplo, se ha escrito mucho y bien, pero si Cervantes hubiera tenido en cuenta todo ello es fácil colegir que una vida entera no le hubiera bastado para escribir su novela.
En este breve artículo sobre ‘La gloria de don Ramiro’ no quisiéramos incurrir en lo anteriormente señalado. La novela en si misma se basta y se sobra para discurrir sobre ella guardando absoluta fidelidad, tanto a su acción como al nítido pensamiento de Larreta. Y, llevado de la mano de ambos, procederemos a analizar el hilo conductor de la obra, o lo que es lo mismo, la trayectoria vital del protagonista: don Ramiro.
La lectura de la novela, aunque se realice superficialmente, pone de relieve en don Ramiro se puede distinguir una doble trayectoria en su paso por la vida: la heroica e imaginaria que él solo se marcó en su fantasía y la real, que las circunstancias le impusieron. Nunca se cruzaron ambos caminos: incluso a medida que avanzaba en la edad su divergencia se hacía más y más patente. Este fue, en realidad el drama de Ramiro; drama, por otra parte, nada original, y del que todos, en mayor o en menor medida, tenemos cierta experiencia.
Por todo ello puede afirmarse que, si por héroe se entiende el varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes, don Ramiro es la encarnación del antihéroe. Y, aunque parezca una gran paradoja, este es quizás su principal atractivo, que no debemos confundir con su gloria. Porque el héroe agazapado que todos sin excepción llevamos muy en el fondo –y que posiblemente nunca jamás llegará a aflorar- es el que nos identifica con el protagonista y, en el que nos vemos retratados, quizá a través de detalles insignificantes, pero reales.
La trayectoria vital de don Ramiro es de sobra conocida: nacido en Ávila, y posible hijo de morisco, vivió hasta su madurez, donde, por cierto, desde un principio no le faltaron buenas maestras y maestros. Recuérdese, por ejemplo, a la campanera de la catedral, a la sensual mora Aixa, a su inseparable y fiel Medrano, etc. Pasa luego a Toledo y, tras de algunos escarceos místicos fracasados, reaparece en Las Indias, donde, por los alrededores de Lima, su degradación llega al máximo convertido en salteador de caminos. La novela concluye con un rayo de luz personificado en la presencia de Santa Rosa, que, llevada de su caridad, ofrece una oración por aquel muerto, desconocido para todos. Y, llegados a este punto, es inevitable establecer un paralelismo entre los finales de la novela y el ‘tenorio’:
“… que pues me abre el purgatorio
Un punto de penitencia,
Es el dios de la clemencia,
El dios de Don Juan tenorio”
Entonces, como ahora y como siempre, es Él quien tiene la última palabra.
Don Ramiro, en efecto, no hizo camino en la vida. Dejó estelas tras de sí, como todos las dejamos, pero en este caso concreto fueron más bien amargas. Y, como todas ellas, brillaron un instante para desaparecer después, absorbidas por la inmensidad del mar.
La trayectoria imaginaria, la que él soñara en su juventud, dejó, si cabe, todavía menos huella. La negra honra, que decía Santa Teresa, se encargó de abortar muchos de sus ideales. Y al final todo pasó, ‘sicut nubes, quasi naves, velut umbra… Amado Nervo, el gran poeta mexicano, repite la misma idea en su poema ‘A Kempis’, pero esta vez en español:
"Mas como afirman doctores graves,
Que tú, maestro, citas y nombras,
El hombre pasa como las naves,
Como las nubes, como las sombras… "

Y así pasó don Ramiro. La gloria le vino por otro camino; por donde nos vendrá a todos. Sus ‘hazañas’, sin embargo, quedaron plasmadas para siempre por la mano magistral de Larreta. Y a favor de su prosa, recia y excelente, cobran especial resonancia las emotivas palabras con que Jorge Manrique da el definitivo adiós a su padre, el maestre don Rodrigo:
“Aunque la vida perdió,
Dexonos harto consuelo
Su memoria”

Luis García Ares, poeta abulense, es autor de ‘Sonetos interiores’
Ávila, marzo de 1996

(Leído en la página VI de ‘Fontana Sonora’, suplemento de la revista ‘Caminar Conociendo’, nº 5 de julio de 1996)

Álvaro Mateo López: Ávila y Miguel Delibes


Ávila y Miguel Delibes

Por Álvaro Mateo López

Título: La sombra del ciprés es alargadaAutor: Miguel Delibes
Editorial: Destino

Para el redactor de esta reseña el nombre de nuestra revista le recuerda la novela ‘Camino’ de Delibes y también la primera novela de éste ‘La sombra del ciprés es alargada’. A propósito de un artículo de Unamuno sobre Ávila escrito tras leer ‘La gloria de don Ramiro’ –novela de la cual consideran algunos críticos influido Delibes- nuestro colaborador traza un paralelismo diferenciador entre ambos autores apoyando sus argumentos en Julián Marías y centrándose en la primer obra de Delibes dice:

“Si Unamuno hubiese conocido a Delibes, no lo podría tachar de descripcionista: Delibes vive la ciudad provinciana y plasma su ambiente cerrado, familiar y entrañable. Ávila aparece como símbolo de la incomunicación y un lugar preciso para la obsesión por la muerte. Pedro aparece, como Unamuno, metido en el paisaje, sobre el que reflexiona en su interior. Ciudades como Ávila reconcilian al Rector de la Universidad de Salamanca consigo mismo. Ambos, en Ávila, encontraron la hermosa tristeza de las soledades.

Delibes ofrece una situación concreta donde se sitúa la casa de Mateo Lesmes, en maestro de Pedro. Tal como se describe en la novela, se puede hallar en la Plaza de Pedro Dávila, el Marqués de Las Navas, enfrente de este palacio de esta noble familia abulense. Debajo de un ventanal del palacio aparece la inscripción que así reza: ‘Donde una puerta se cierra, otra se abre’. Me gustaría utilizar esta frase como símbolo de toda la novela, en la que aparece el tópico literario del Tempos fugit. Viene a ser la imagen del Uroboros, de la serpiente que se muerde la cola, del mito de Nietzsche del Eterno Retorno. Pedro observa en el camino de la vida, como todo a su alrededor va cambiando, mientras que su interior, continúan las mismas preocupaciones que, con el tiempo, van madurando, pero no desapareciendo. Delibes plasma en Pedro, como buen periodista, su situación concreta con detalles minuciosos. Recurre a la tradición castellana como un cronista. La naturaleza, los paisajes y la descripción de Delibes son una muestra de lo sencillo, de lo cotidiano. Realiza una fenomenología de lo empírico. La novela de Delibes se basa en el acontecer. El contexto lleva al protagonista a la angustia, a la meditación… lo que en otra persona habría llevado a la falta de la norma moral, ausencia de lo trascendental, reafirma en Pedro la postura de acogida de ello en su interior.

La contemplación de un paisaje le lleva al protagonista a promover la aventura de los Cuatro Postes. Lo arriesga todo por interiorizar aquel espectáculo que le deja sin palabras: Ávila emergía de la nieve mística y escrupulosamente blanca, como una monja o una niña vestida de Primera Comunión. Tenía un sello antiguo, hermético, de maciza solidez patriarcal. La villa cerrada en pelan y opulenta civilización, era como la armadura detonando en una reunión de fraques. Imaginé que no otra, en todo el mundo, podría ser la cuna de Santa Teresa, porque su espíritu impregnaba, una por una, de sus piedras y sus torres.

¡Cuántas veces sentía Santa Teresa en este lugar de su querida Ávila, tan mística como ella!

Por último, se observa en ‘La sombra del ciprés es alargada’ la fuerte simbología de los árboles. El ciprés proyecta una sombra de vida en soledad, de tristeza, de interiorización… de cementerio. Cuando Pedro vuelve a Ávila ve en la plaza de la casa de Don Mateo menos álamos de los que tenía anteriormente, le produce una sensación de vacío. Alfredo que ría estar cobijado en su tumba por la sombra de un pino: símbolos de vida, de sierra, de verdor, frente a los paisajes amarillentos y agrarios de la llanura.

Álvaro Mateo López
(Periodista de El Diario de Ávila)

(Pag. VI de la ‘Fontana Sonora’, suplemento de ‘Caminar Conociendo’ nº 5 de julio de 1996)

lunes, 5 de marzo de 2007

José Luís Morante reseña el libro 'Árboles en la música'


JOSÉ LUIS MORANTE RESEÑA EL LIBRO ‘Árboles en la música’

Título: Árboles en la música
Autora: Amparo Amorós
Editorial: Calima Ediciones
Ciudad: Palma de Mallorca
Año: 1995

Hasta la fecha, toda la obra de Amparo Amorós, excepto ‘Quevediana’ –tercera entrega y libro heterodoxo, pese al aparente clasicismo formal por la utilización continua del soneto-, que es punto y aparte irónico, irritado y catártico, donde resuena el conflicto de lo individual sobre lo colectivo, y donde se recurre a temas y referentes lingüísticos propios, nace de una premisa clave del acto de la escritura. El impulso básico de la creación es la idea de la realidad trascendida, la búsqueda de lo latente en lo representado. No interesa la descripción de cualidades ni la apariencia sensorial de las formas, sino lo que sugieren, la pluralidad conceptual que se extiende más allá del contorno y de las formas. Mas que la casuística de las imágenes se introspecciona el sentido.
La materia que definen los versos es una simple unidad organizativa, en tanto el poeta ocupa, en primer término, el lugar privilegiado de un médium que intuye en su interior una revelación natural y canaliza en palabras, para –según la conocida hipótesis de Mallarmé- dar un sentido más puro al lenguaje de la tribu.
La poesía sería el adecuado cauce verbal de un estado de conciencia, de una intuición en forma de respuesta. Pero no solo eso, además de instrumento expresivo, el lenguaje cumple una función metapoética e interesa a si mismo como materia de estudio, fuera de sus significados convencionales.
En un registro semejante se inscribe ‘Árboles en la música’, un poemario intenso, editado con mimo y pulcritud, que se presenta con una sugerente ilustración en cubierta de Paul Klee.
El libro agrupa 17 composiciones, generalmente largas, con página separatoria de titulación, para resaltar de facto el grado de independencia de cada una de ellas, pese a la evidente coherencia tonal. Muchas son inéditas, y otras se adelantaron en ‘Visión y destino’, libro compilatorio de su itinerario poético, publicado en 1992.
El índice además recoge anotaciones particulares –procedencia y autor- sobre los detonantes musicales de cada una de las composiciones. Según confiesa la propia autora, la música es arquitectura, suscita en el oyente una emoción mental. En ese clima –y en concreto en la audición de las ilustres piezas detalladas- se ha levantado la casa natural de la palabra. La percepción sonora enciende y crea el espacio interior propicio ante el folio en blanco:
“Porque con cada acorde le crece a cuando vive
Un bosque que desea tocar cielo, aún a costa
De su propio durar
…” (Página 9)
Ese espacio interior es depurativo y busca en su desarrollo una erradicación esencializada del yo. El sujeto poético simplemente transcribe, objetiviza un tiempo suspendido, receptivo recrea la actitud de la materia en la que se diluye. No interesan las circunstancias biográficas concretas, las coordenadas temporales y espaciales que sitúan la experiencia vivida, sino la esencia misma del sujeto, el ser, el sustrato común que permanece. Solo interesa el recuerdo en tanto se transforma en materia literaria.
La atemporalidad de esa poesía se convierte en rasgo definitorio porque recoge el subjetivismo de una realidad mutable, siempre presente y siempre renovada.
Decíamos que en todo el libro también está presente, en primer lugar el lenguaje. Hay una profusa selección connotativa en los títulos poemáticos, casi esquemáticas propuestas temáticas: el don, el vínculo, la herencia, le precio, la noticia… sustantivos cuyo nivel verbal sobrepasa la plena vigencia de los significados.
‘Árboles en la música’ propone un escenario de símbolos concretos. Podríamos establecer una primera correspondencia entre el árbol y el poema. Si el árbol es puente natural entre el suelo y la altura y unifica el geotropismo de las ramas y la interiorización de la raíz, el poema es al mismo tiempo impulso interno y vuelo, conocimiento y plenitud real del sujeto. Del mismo modo existe un vínculo entre palabra y semilla, primer estadio de un proceso de realización, en su albores simple estadio especulativo, que al cabo del tiempo halla liberación y se consolida. Y hay otro simbolismo evidente entre el leño que arde y la existencia, o entre la muerte y la ceniza.
La crítica ha etiquetado, con cierta uniformidad, la mirada estética de Amparo Amorós bajo el epígrafe ‘Poesía del Silencio’, una tendencia iniciada a comienzos de los ochenta, en pleno declive de la estética novísima, en la que persevera una tradición que tiene en María Zambrano, Francisco Brines y Juan Gil Albert, parentescos cercanos. Esta poesía de la meditación es indagatoria y establece un territorio común entre filosofía y poesía.
En ella percibimos una apropiación de elementos primigenios, de aquellos materiales nutricios –el agua, el fuego, el aire…- donde los presocráticos intuían el origen del mundo. Tales elementos nuclean una cosmogonía y exigen nuevas perspectivas lectoras que rebasan los límites concretos de cada libro y necesita de una nueva disposición. La lectura temática de la obra de Amparo Amorós delimitaría una constelación cosmogónica. Su poesía nace de una mirada visionaria de la elementalidad, una visión global, prelógica y abierta, llena de correspondencias, relaciones y simetrías.

José Luis Morante, nacido en un pueblo de Ávila, profesor de literatura en Rivas Vaciamadrid, es poeta y crítico.

(de la página VII de ‘Fontana Sonora’, suplemento de ‘Caminar Conociendo’ nº 5 de julio de 1996)