Mostrando entradas con la etiqueta Reseña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reseña. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de abril de 2012

José Mª Amigo: Una sueca en Maputo



Autor: Henning Mankell
Obra: Un ángel impuro
Tusquets Editores S.A.
Primera edición: febrero de 2012
Barcelona

Sabía quien era Henning Mankell. Pero no había leído ninguna de sus obras. Uno no puede leer todo. Y esta... solo porque trata de Africa. Muchos deben de conocer su estilo. Lo digo considerando que esta editorial le ha publicado ya 23 obras. 4 de tema africano.

Henning Mankell nació en Estocolmo en 1948. Tiene cuatro años menos que yo. Vive a caballo entre Suecia y Mozambique donde dirige (curioso) el teatro nacional. Es muy popular en su tierra por sus obras teatrales. Y conocido en el mundo por sus novelas policíacas cuyo personaje es el inspector Kurt Wallander.

Nada que ver con este 'Un ángel impuro' que narra las peripecias de una moza sueca que llegó a regentar una casa de putas, herencia de su segundo matrimonio, en Lourenço Marques (hoy Maputo). 

Basada la novela en la existencia, cierta, de una mujer sueca propietaria de uno de los principales locales de lenocinio del, entonces, Lourenço Marques. El mismo escritor en una nota al final del libro dice: 'siempre existe una semilla enraizada en algún suceso real que da origen a la ficción de cada uno de mis libros'. 

Pues eso, la semilla la tiene, la siembra y sigue el desarrollo que su imaginación alimenta. El terreno lo tiene por partida doble: Suecia, cuna del autor y del personaje y Mozambique donde pasa temporadas el escritor y transcurre una buena parte de la trama de 'Un ángel impuro'. 

Si luego engarza las aventuras vitales de la dama al tiempo histórico -últimos del XIX y principios del XX es la fecha que se lee en el archivo colonial de Maputo (repetimos, antes Lourenço Marques) apareciendo una señora sueca como una de las personas mas importantes en contribuir a la hacienda pública con sus impuestos y que es directora de un prostíbulo- ya puede crecer la historia. 

Frío en el Norte, calor en el Sur, con una misma sociedad clasista de amos y siervos. Con la particularidad de que el Sur se esconde tras el color de la piel: blancos, los amos; negros, los siervos. Hanna, la protagonista, el ángel impuro que así la llamaba su padre, una jovencísima nacida en el interior de Suecia, es enviada a la costa, porque en casa no hay comida para todos; allá trabaja de criada  y poco después la enrolan de cocinera en un barco que transporta maderas con destino a Australia; en el barco se casa con un marinero y al poco de las nupcias el esposo muere; entonces desembarca Lourenço Marques.

Es allí, en esa ciudad, donde, a pesar de ser blanca y rica, a pesar de aterrizar de lleno en medio de prejuicios sociales y raciales (o quizás por eso), su origen de clase, su procedencia pobre, le hace ver la mentira de esos conceptos. La injusticia, la violencia, la brutalidad que los blancos ejercen contra la mayoría de la población negra se le va desvelando, poco a poco, comparando cada caso con su propia experiencia vital. Y se enfrenta a ello. Sin ninguna dirección. No es un choque social, sino personal. De ella, como Hanna, procedente de una de las zonas mas pobres del interior de Suecia; como criada que ha sido. No es una toma de conciencia social, ni de sublevación social. Aunque algún motín presencia: un levantamiento de la negrada que termina en una carnicería; de negros, claro. 

Levantamiento que no le sorprende porque ha llegado a la conclusión que todo ese maltrato a los negros, los malos modos, los gritos, los castigos corporales... no son mas que miedo de los blancos; miedo, si; a los negros; de ahí que uno de los negocios mas lucrativos sea la venta de perros pastores alemanes  adiestrados para atacar a los negros. Y, al revés, el silencio, la mansedumbre, la humildad, la sumisión... de los negros esconde un odio visceral a los blancos.

La novela, a mi modo de ver, tiene tres tiempos que vienen a ser solo dos: un primer momento de suspende, de incertidumbre, hasta que se encarrila el destino de Hanna; luego un segundo de remanso que casi coincide con la travesía del barco hasta Mozambique; y un tercer tiempo, que tiene las mismas características que el primero, su estancia en Lourenço Marques que se va acelerando en intriga, en anhelo de ver pronto el desenlace final.

Una pega, un borrón que hasta el mejor escribiente tiene: la batalla, la lucha, el empeño de Hanna en la defensa de una mujer negra, con la apenas ha tenido trato, hasta extremos de heroismo, me parece a mi poco creible o poco convincente o, para ser mas benévolo, no suficientemente explicado.

Conclusión: pegas aparte, me ha gustado.

lunes, 26 de enero de 2009

José Mª Amigo Zamorano: Cantar de las dos Torres contra el espectador



José Mª Amigo Zamorano: Interrogándonos en torno al 'Cantar de las dos Torres'


"La Fe de los hombres hijos de muerte" que a veces -así comienza García Calvo ¿su? 'Cantar de las dos Torres'- "alzaba a los cielos altivas torres" y otras veces "las arrumbaba (sic) por tierra", "siendo una y misma la Fe", "a fin de ser diferentes, partido tienen al mundo en harturas y escaseces".

Pues bien, esa Fe llevó a oficiales y jeques del mundo de las escaseces a reunirse en una tienda "en la linde del yermo de los Edenes"; y a magnates, ministrantes y generales del mundo de las harturas a congregarse, "allende el vasto Océano", en el "salón del Blanco Palacio".

Los unos, en la tienda, expones sus quejas declarando que, los otros, les beben el petróleo con sus capitales y los tratan como a perros; se reafirman, por consiguiente, en su decisión de guerrear asestando un duro golpe al enemigo, "tal que rechine con él y se tuerza el eje del mundo" impactando tres aviones contra el "Sumo Conglomerado"; y tras constatar que su Fe es firme y desechar algunas voces que piden prudencia ('debe también lo prudente tenerle al brazo a lo justo') se disuelven.

Los otros, como señores del Orbe, examinan la Economía del mundo, constatando en primer lugar el equilibrio del Mercado; para a continuación ver a los Bancos un poco resentidos; y, todo hay que decirlo, les preocupan los rebotes y sobresaltos en los "Petrolíferos Campos" por "caer en territorio duro y reacio a tomarse nuestros intereses como propios"; tras apartar la idea prudente de desmontar las bases de esa desafortunada operación, votan a favor de la guerra, para que "la masa ansiosa de acontecimientos" no "se revuelva a donde no debe" y así "desvíe su ira a buen fin" hinchándose "de gesta y temblor" "su desolado vacío"; "la guerra, además, es el medio que guarda la paz interna y el orden"; y tras probar que su Fe sigue incólume ('mañana será nuestro día y sus luces Dios nos otorgue') se levantaron de sus asientos.

Las decisiones están tomadas.

Aquí el poeta se da una pausa para describir la construcción de la torres. Luego viene el vuelo de los aviones de la muerte, siguiéndole la destrucción de ambas torres gemelas, pues, a despecho de alertas precoces, redes retromóviles y láseres vigilantes del Sumo Conglomerado (de su fatuidad y soberbia), consiguen llevar a cabo con éxito el ataque. ¿Logran los jefes del mundo de las escaseces torcer el eje del mundo? Pues no. Solo un ligero temblor. Alguna conmoción y silencio. Enseguida proclamaron los jefes del mundo de las harturas: 'Si dos torres cayeron, tres nuevas ahí se alzarán'. Para, a continuación, subrayar: 'invasión de justicia y guerra y posguerra'. Con lo que el poeta puede relatar con objetiva frialdad lo que queda del ataque: ruina, desolación... y el llanto incontenible de las viudas con que termina el cantar.

Divertimento para unos años. Y el mundo que sigue partido entre abundancias y escaseces.

Fin.

¿Qué podemos desprender de esta 'breve y tremebunda' epopeya? ¿Y, sobre todo, qué podemos extraer para no ser simples espectadores (como nos recomendara Aimé Césaire) de este cruel desaguisado que, a nuestra vista, está llevando a cabo la Fe de los hombres hijos de muerte?

Las preguntas nos vienen porque siendo el autor considerado, como lo es, por numerosas personas 'maestro' tendemos a pensar que con este 'Cantar de las dos Torres' nos quiere enseñar, o mostrar, algo el autor. ¿O acaso no es la misión de un maestro guiar, iluminar caminos, desbrozar senderos?... ¿No es un maestro como faro, o brújula, de ciegos interrogadores?... ¿No es esa su gera?... O por lo menos menos mover un debate a fin de... ¿O sin ningún fin?... ¿Por el puro placer de contrastar opiniones?... ¿Solamente por eso?... ¿La guerra contra la Fe es simple palabrería?... ¿O el maestro conduce a la Acción mediante el Pensamiento?... ¿Acción y Pensamiento, no van unidos como decía Marx (D. Carlos)?... ¿Es solamente un empacho de vocablos bien hilados por juego de oratoria?... Si el tiempo de choque tremendo es el de siempre, ¿para qué hablar de esto?...

Seguimos con las preguntas, insistimos en ellas, porque no conocemos realmente el pensamiento de D. Agustín. Nosotros no lo hemos seguido de continuo. No conocemos los entresijos. No hemos tenido ocasión de oírle en esas intervenciones en ateneos literarios y libertarios.

Por cierto, nos preguntamos, ¿qué proceso le llevó al pensamiento ácrata?... ¿tienen, en su planteamiento, algo ver los clásicos del pensamiento anarquista?... ¿O ha llegado sin ninguna influencia por su propia reflexión?... Y, ¿cómo son ahora esos lugares libertarios?... ¿quién acude?... ¿son obreros?... ¿qué clase de obreros?... ¿serán acaso como esos soladores, electricistas, forjadores, pulidores, que construían las torres?... ¿o acuden profesores, pequeños comerciantes, artesanos, autónomos, funcionarios?... Nos gustaría saber todo esto.

O por el contrario, ¿son acaso una 'masa municipal y espesa' anhelantes de acontecimientos guerreros y sangrientos de fuera de sus fronteras, como describía a los burgueses Goethe en Fausto, la que acude a sus charlas?... Suponemos que no, que son trabajadores los asistentes que acuden a sus charlas. Pero no lo sabemos y nos gustaría saberlo.

¿Qué les dice?... ¿qué puede decirle un profesor a esos trabajares manuales, a esos obreros explotados o parados?... ¿qué mundo les alumbra?... Repetimos, nos gustaría saberlo.

De lo que si estamos seguros... bueno, no... intuimos... que, para Agustín García Calvo, como para muchos, la irrupción violenta y rebelde (así parece) de una fuerza, que se dice musulmana, en el mundo, ha sido como un rayo en cielo sereno. O casi. Y es que los mahometanos dominaron, como un ciclón, el mundo de la parte en que vivimos. Y luego se fueron extinguiendo, debilitando, oscureciéndose, hasta desaparecer como fuerza de Fe predominante. Recordamos a los poetas sus preguntas acerca de ellos: 'Que fue de ....?'... '¿Qué fue de Balk... ? se preguntaba Omar Kayyhan. '¿Qué fue de tanto fulgor?', quizás quiso decir como Manrique. Preguntas acerca de esplendorosas realidades del pasado, como las Torres Gemelas. Relacionadas con monumentos erigidos por la Fe. Eran pasado. Y ahora el pasado retorna. Ya se habla de Al-Andalus. Por lo que serían lógicas las preguntas exclamadas casi como exabruptos: ¿de dónde coños vienen estos que estaban más que muertos?... Y, o no estaban tan muertos como parecían, o se los han inventado para que, así, la teoría del choque de civilizaciones, ideada por el Departamento de Estado USA, en boca de un profesor hace poco fallecido, resultara una realidad guerrera fuera del cerebro que la ideara. El maestro da por sentado en ¿su? Cantar de las dos Torres que hay dos fuerzas (nosotros, siguiendo a Marx que nos enseñara a dudar, lo dudamos). Y que una de ellas decidió y logró tumbar las torres. Sin embargo, pudiera ser que, desde el Sumo Conglomerado, saliera esa misma orden para, luego, achacarle, endosándosela, a aquellos 'reacios a tomarse nuestro interés como propio'. De ese modo, conscientes de la superioridad de sus armas, y cubriéndose de razones morales para su Fe, aplastar los pocos focos de resistencia que aun le quedaban. Ya hay ejemplos de esas monstruosidades.

Empero, como la historia así nos la han vendido, así la tomamos. Y de ella, tal como aparece en el 'Cantar de las dos Torres', sacamos algunas conclusiones no muy claras:

-Que poco se puede hacer por Arriba y mucho por Abajo.
-Que hay que hacer guerra a la Fe. Y Guerra a la Guerra.
-Que no queremos meternos nosotros en sus desafueros.
-Y, si, que con estas conclusiones, si estamos conformes.

__________
Foto tomada de la página web 'El Naviero'. Una pintada en la pared de una ermita de la población abulense de Las Navas del Marqués donde pasa temporadas el escritor zamorano

José Mª Amigo Zamorano: Dudas en torno a García Calvo

En la portada de una de sus últimas publicaciones, 'Cantar de las dos Torres', si no la última, Agustín García Calvo (D. Agustín) que algunos le dicen El Maestro, y con razón, porque maestro fue en institutos, academias y universidades y aún sigue ejerciendo su magisterio...; decimos que, en la portada, su nombre, como autor de este cantar, viene (como en otros libros suyos de poesías) entre signos interrogativos; tan notorios, además, que están trazados con su puño y letra, es decir: con su caligrafía particular.

¿Por qué lo hace?... ¿Qué quiere indicar con esos signos?... ¿No se considera autor del librito?... ¿No son suyos los diecisiete poemas?... ¿O qué?...

Veamos en este caso concreto: lo que narra no ha nacido mayormente de su imaginación, ya que, se dice en la contraportada, 'aprovecha el resonante derrumbe de las torres gemelas' de la imperial ciudad de Nueva York. De modo que, en puridad, son otros los que tendrían que apropiarse de ese escacharramiento, del amasijo de materiales y cadáveres, en que se convirtió la Fe de haber querido posesionarse del cielo, al tiempo que ponían barricadas a la trayectoria de los rayos del sol sobre los humanos, achicándolos sombriamente; y fueron otros los que, impulsados por la Fe, estrellaron 'tres aviones, tres de chatarra y de pedo de gas' contra esos elevados complejos arquitectónicos de la vanidad; no ha sido él, precisamente él, el inventor, el ideólogo, de tal hazaña; de su caletre no ha nacido semejante desbaratamiento; brotó, si, de la Fe contra la que guerrea; a ella, por lo tanto, y sólo a ella, hay que colgarle el mérito. No nos extraña que dude de su autoría.

Empero la interrogación ya tiene, en su misma sustancia, una cierta negación de... Por lo que no está bien expresado eso de poner 'duda'; no, no es duda, sino certeza lo que encierran esos dos signos interrogativos, lo que queda implícito en la pregunta: él ha escogido las palabras, ha hilado las frases, ha colocado el pentagrama y le ha puesto música a la epopeya: música 'risueña y tremebunda'. En resumen: ha querido dejar constancia literaria del colosal estropicio de la Fe que, en ocasiones, dicen, mueve montañas; y, en este caso concreto, desmorona torres que antes había levantado. Es como un notario que da fe de lo que aconteció, mas como, por otra parte, él es el que ordena los elementos de la trama y pone a su capricho otros que no estaban en el sangriento guión de los ideólogos del desaguisado, de ahí su titubeo, su autoría interrogativa, su no pero si.

Aunque, quizás, haya querido decir algo más, sobre las creaciones de obras literarias, con estos signos de interrogación con que encierra su nombre: ¿Agustín García Calvo?

Ya lo hemos dicho, lo repetimos: ordena los trozos del drama, y quita o añade otros, él escoge los vocablos, engarza las oraciones y elige el formato: la epopeya. Y, sin embargo, todo... o casi todo... (¡qué exageración por nuestra parte!)... le viene dado: tanto el hecho en si, como los tambores atronando, ya en Grecia se hacían cánticos parecidos; Homero los materializa en la Iliada y la Odisea; hasta las viudas de los aviadores Aixa, Fátima y Marien son sacadas del romance castellano y en el mismo orden se les hace aparecer en el 'Cantar de las dos Torres'.

Pero, ¿es Homero un creador personal o un ser colectivo?... ¿no estaba en el común de las gentes todas esas historias?... ¿no se contaba, así, con ese acento, al amor de la lumbre?... ¿no se ha trasmitido de generación en generación?... ¿no se lo narraban los padres a los hijos?... ¿es realmente Homero el autor?... ¿O quién?...

Y mas preguntas todavía: ¿no son los autores, que hoy firman, individualizándose sin recato, herederos de una riqueza que es del común?... ¿no se copian, en ocasiones, las ideas unos a otros?... ¿no se choricean (perdón por la palabreja) hasta versos enteros sin citar su origen?... ¿no lo hemos leído (sin que esto desdore su memoria) en cumbres poéticas tales como Lorca, Alberti y otros?...

Ya escribimos, en una anterior reseña sobre este mismo poemario, que el Conde de Volney, en su libro 'Las ruinas de Palmira', pone de relieve, para que se vea más nítido lo que es la Fe, cómo, antes de la batalla, los ejércitos le rezan a Dios para que les sea propicio en su guerra contra el enemigo. Involucran a Dios (ese fantasma) a fin de bendecir tal carnicería. Ambos creen. Tienen Fe. Agustín García Calvo (D. Agustín) quien guerrea contra esa Fe, como nosotros, seguro que conoce esa obra. Y la habrá leído. Sin duda. Y habrá más autores que hayan puesto de manifiesto esta contradicción de la Fe. Nosotros hablamos de lo que conocemos.

Esto no quita, en modo alguno, valor al 'Cantar de las dos Torres'. Es más, su interrogación de la portada incrementa su valía porque Agustín García Calvo, así, lo une, y se une, más, al Hombre Colectivo sin dejar por ello de ser un individuo creador.

Esto nos parece a nosotros, aunque, estamos seguros, dada la compleja personalidad del maestro, de que esta manera de presentarse al público tendrá otras motivaciones que habrá teorizado y expresado en multitud de ocasiones y en distintas tribunas desde donde se dirige a sus oyentes. Pero nosotros las desconocemos.

*

Y ya para terminar y en otro orden de ideas: en posterior escrito (si es que lo hacemos, que eso está por ver) trataremos de ver qué se nos desprende de él (del cantar de esas torres) en cuanto al modo y manera de guerrear contra la Fe que monta, como hemos podido ver, estos tinglados tan sangrientos.

Lo decimos porque se nos viene a la memoria aquello que escribiera Aimé Césaire, en su 'Cahier d'un retour au Pays Natal', impidiéndonos permanecer como mirones:

"Y sobre todo mi cuerpo y también mi alma, guardaos de cruzar los brazos en la actitud estéril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar de dolores no es un proscenio, un hombre que grita no es un oso que danza... '.

Pues eso, vamos a ver si el poema nos mueve a actuar en consecuencia.

jueves, 6 de diciembre de 2007

José Mª Amigo Zamorano: El Alijar navero en Urbano Blanco Cea

Acabábamos de hacernos cargo, mi esposa y yo, de la biblioteca de Las Navas del Marqués cuando recibimos un libro de Urbano Blanco Cea. Entonces yo escribí una letras que he encontrado por casualidad en un anuario. Sé que se las envié al corresponsal de 'El Diario de Ávila'. Supongo que lo firmaría él como si fuera su autor. Por entonces hice muchos escritos que luego firmaban los corresponsales. Fui una especie de 'negro'. No me importaba. Lo que quería es que se hiciera público lo que hacíamos en la biblioteca. Lo de menos era la firma del autor. Lo recuerdo ahora que Urbano Blanco Cea me ha enviado, por correo electrónico, el último de sus libros: 'El Alijar jara en flor', número 36 de la colección 'el toro de granito' que dirige mi buen amigo el poeta Jacinto Herrero Esteban. Me dice que lo presentó, aquí, en Las Navas, en el nuevo local que ha inaugurado la Caja de Ahorros de Ávila hace pocos días. Tengo que decir que cuando me lo envió yo no tenía el 'ordenata' porque se me había estropeado. Pero, con las ganas de leer lo que había escrito, me fui a sacarlo a un ciber. Un poco caro me salió. Y más cuando me acerqué a la exposición de pintura que se exhibe en ese local de la Caja que he mencionado más arriba. Y es que allí estaba, a la venta, el libro de Urbano. Seguro que a los diose no les gustaron mis maldiciones: valía casi un tercio menos de lo que me había costado en el ciber.

En fin... lo que escribí, antaño, fue lo siguiente:

"Un hermoso libro de poemas, de pasta marrón, en papel verjurado, ha entrado en esta biblioteca. Su autor: Urbano Blanco Cea. Su título: Lágrimas de ciego. Del que se han impreso 500 y éste es el número 20. Número 20 que, en nuestra biblioteca, se ha transformado en 12.563.


Amigo Urbano, acabo, como quien dice, de llegar a tu pueblo, no te conozco de nada, no sé quién eres, pero quiero comunicarte que con este número 12.563 ya estás en esta biblioteca, ya has cumplido "emocionado el sueño de figurar en su catálogo".Que lo sepan todos los naveros. Que lo sepan los pinos y los robles. Que este pregón vaya de risco en risco. Y lo oiga hasta Magalia.


Los maestros que te enseñaron a leer sentirán con orgullo que su semilla germinó.


Los mecenas que han invertido en sueños saben que tienen una realidad tangible.


Las Navas del Marqués debe saber que tiene, si no un poeta, si un "diletante escribidor". Por sus poemas se pasean, como por un jardín florido, los románticos, junto a Machado y Lorca.


Sobre tus versos, "buenos o malos" o "buenos y malos" que tú ya sabes que "de todo hay en la viña del Señor", levita un espíritu romántico y también machadiano y lorquiano.

Si te digo que no vas con la moda, que no se hacen los poemas, hoy en día, así, no te descubro nada: en tu "exordio" nos aclaras que has hecho lo que te gusta, que se es feliz haciendo lo que se quiere.

Te animo a que sigas en esa línea de sinceridad. Sabes que, a veces, como dice Goethe, "nuestros hechos nos amargan la existencia". De modo que, siendo siempre uno mismo, es una manera, como otra cualquiera, de no amargarnos la existencia.

Yo suelo decir, de los álbumes de fotos, que son semejantes a panteones donde vamos guardando nuestras muertes sucesivas. Así los libros en las bibliotecas. Así el tuyo. Pero, al menos, se guarda en un lugar cálido. Y entrañable para ti. Y no en los gélidos frigoríficos que son esos panteones donde yacen, descansando de su arduo y duro trabajo a pico y pala, príncipes y monarcas, como en El Escorial. Tu fragmento de vida podrá, así, ser hojeado o leído en esta Biblioteca Pública Municipal de Las Navas del Marqués: "tu pueblo amado", "tu hogar".

Y como deseo que lo conozcan... ¡todos!... ¡que lo sepan todos!... lo repito, bien en alto, para que mi voz llegue hasta el ganadero que está echándole forraje a su ganado, hasta el barrendero que recoge incesante las hojas caídas del otoño, hasta el obrero que va a Madrid por la mañana temprano, hasta el ama de casa colocando la loza en la alacena, hasta el cabrero de rostro curtido por los aires helados de los altos... ¿queda alguno?... ¡ah, si! ¡quedan, quedan!: el bancario, el maestro, el oficinista, el camarero, el librero... ¡Oidlo bien!: ¡Las Navas del Marqués tiene un diletante escribidor! ¡Se llama Urbano Blanco Cea!."

No sé lo que aparecería en el diario citado de todo esto que escribí. No guardo copias de eso. Soy un desastre. Pero, ahora, leído después de numerosos años, creo que poco tengo que añadir, salvo dos cosas: Una): si, Urbano escribe como se hace ahora. No hay tendencias en una dirección determinada. Eso se acabó. Ahora cada uno escribe como quiere. Como él. Y eso está muy bien. Dos): Urbano no es un poeta que cante a Las Navas, un bardo de las hazañas de su pueblo, es un poeta de Las Navas del Marqués, nacido en este pueblo abulense, enamorado de su tierra. Nada más.

Hacía, antes, mención de los artículos que por entonces escribí. Algunos estuvieron dedicados a esta colección, 'el toro de granito', que estuvo olvidada décadas y sus libros, abandonados o arrumbados por organismos como la Diputación, aparecían tirados por pasillos... ¡Una dejadez! Yo recordé esa desidia e hice un homenaje a la labor que, con esa colección, llevó a cabo el poeta Jacinto Herrero Esteban. Como eran muchos los poetas que incluyó, entre ellos grandísimos poetas como el nicaragüense Ernesto Cardenal o la española Carmen Conde, me dediqué a comentar solo los que eran de Ávila. Es decir, cinco a seis poetas, de los cuales había uno de Las Navas del Marqués que hoy está en Colombia como profesor destacaddo en Ciencias de la Comunicación, si mal no recuerdo. Del resto, me viene a la mente ahora un tal Moises Gómez, un abogado abulense que creo vive por la provincia de León (del que dicen que no es mal poeta y a mi no me gustó nada) y el propio Jacinto Herrero Esteban. Parece ser que el hecho de denunciar esa dejadez no le gustó a las autoridades. Es buena señal porque quiere decir que di en el blanco. Luego se vengarían no dando un duro para las actividades que se hicieron en la Biblioteca Pública Municipal de estas Navas que dicen 'del Marqués'. Lo cierto es que se agitó el ambiente cultural abulense que estaba por aquellos años muerto o al menos dormido y pocos después se reanudó la colección. Algo tuve que ver, para qué negarlo, en esa reanudación de la colección 'el toro de granito' que ahora ha publicado a otro navero: Urbano Blanco Cea.

martes, 16 de octubre de 2007

Libros: Mamie Mason

La literatura negra norteamericana tiene un nombre propio, Chester Himes. Autor que desde los inicios se preocupa por las relaciones negros/blancos (hombre negro - mujer blanca) Sus novelas son siempre una gota de agua fresca, aunque terminen en frustración.

lunes, 30 de julio de 2007

José Mª Amigo Zamorano: de bienestar, armonía y plenitud vital

El libro, Palabras para el Bienestar, que Ediciones Obelisco acaba de publicar, ahora, en julio, es de Concha Barbero; tiene por subtítulo 'Un camino hacía la armonía y la plenitud vital'. Se resume así el viaje interior que la autora ha emprendido en pos de la felicidad. Meta no exenta de dificultades; dificultades que va sorteando, poco a poco, ayudada con una buena dosis de lecturas de los más diversas orígenes, sin desdeñar los de una u otra tendencia ideológica, que incorpora para conseguir una buena arribada a esa isla de la felicidad llamada armonía interior y plenitud vital.

Así, hallamos en su zurrón los personajes mas variopintos: desde Nelson Mandela, Bernar Shaw, Simone de Beauvoir... hasta René de Chateaubriand o Teresa de Calcuta o místicos indúes... incluye haikus japoneses o poetas como el cósmico vate de la democracia yanqui, Walt Whitman, por nombrar algunos.

Todo lo aprovecha con tal de llegar a ese paraíso o utopía del Hombre que ha sido siempre la Felicidad. Podrá parecer contradictorio que espigue a derecha e izquierda. Pero no. No lo es. Porque de lo que se trata no es de cambiar el mundo en sus estructuras sociales y económicas, como intentara antaño, por ejemplo, Carlos Marx (El Marx que consideraba al individuo feliz si con su trabajo alcanzaba a hacer felices al mayor número de personas) no se trata de hacer un cambio revolucionario al estilo de Carlos Marx, no, sino cambiar solamente su mundo: el de Concha Barbero: es ella la que se quiere cambiar para llegar a esa plácida llanura a la que aspira.

Podría decirse que su mirada no quiere, conscientemente, abarcar más allá de sus entrañas y del entorno en el que se desenvuelve. Es un cambio en las pequeñas cosas que son las que pueden darnos la felicidad o convertir nuestra vida en un infierno. Un camino, en fin, para andar por casa, comoda, alegre, confiada...

Y, para ello, en primer lugar, tiene que conocerse a si misma, como ya aconsejara Sócrates, a quien también cita. Todo para desprenderse de polvos y pajas, de rebabas incrustadas, de errores futiles, de comportamientos incorrectos, o genios intempestivos, o enfados estúpidos, pueriles... Si eso se logra, y lo logra, es como ir consiguiendo paulatinamente esa armonía interior que hará cambiar a su vez el entorno. Porque, y aquí recordamos un dicho muy manejado, 'La caridad bien entendida empieza por uno mismo'. Y si uno está conforme consigo ha llegado al ser y entonces comulga con el universo y todos felices y contentos y...

Se podrá estar, o no, de acuerdo con este planteamiento, pero lo que si está claro es que plantea una cuestión importante: cómo ser coherente. Y para ello, para apartar contradicciones del sendero, se necesita hurgar en uno mismo, analizarse...

Un libro que nos enfrenta a nosotros mismos y que, además, está bien escrito, con un lenguaje claro, sencillo, sin una palabra más alta que otra y con la cita oportuna y popular en su lugar conveniente.

Para ser su primer libro, es un buen comienzo que augura otros, que serán interesantes de leer.

viernes, 9 de marzo de 2007

Manuel Blanco Chivite: Cualquier Tiempo Pasado Fue Peor

Cualquier Tiempo Pasado Fue Peor



por Manuel Blanco Chivite


Reseña:

Título: La década oscura (1940-1950)
Autor: Luis Garrido
Editorial: VOSA
Ciudad: Madrid
Año: 1994
(donado por el Ayuntamiento de Las Navas)

La 'Década oscura' comienza en Las Navas del Marqués y nos habla del tiempo y el lugar en el que aconteció su origen –el de Luis Garrido, su autor- su nacimiento al trabajo, a los libros y a la escritura: la España de 1940 a 1950.

E incluso, antes, cuando Genaro, el ganadero de Las Navas, encuentra ‘caminando por la carretera a un mozalbete que huye de los borregos’.


Son recuerdos grises tirando en demasiadas ocasiones a negros, matizados por el ansia de vida y saber de un muchacho dedicado desde los trece años a ganarse los garbanzos y aprender por el viejo método de ‘compóntelas como puedas’.

La vida de Luis Garrido ha sido trabajo, duro trabajo, escritura y libros. Libros en el más amplio y completo sentido de la palabra: los ha escrito, editado, vendido… Librero desde hace muchos años, lo sabe casi todo del mundo del libro.

Pero, sobre todo, es escritor. Su obra ha sido juzgada, criticada, justamente elogiada y reconocida en cada nueva entrega. Sus novelas y libros autobiográficos se sitúan en la gran tradición novelística española que va desde Cervantes y la picaresca a Galdós, Baroja y a los grandes narradores de fondo de hoy día.

Allí, en la calle Hermosilla, de Madrid, tiene su librería Luis GARRIDO. Madrugador e inquieto, se ha hecho, durante años, sus diez o doce folios diarios. Allí fue destilando los recuerdos de ‘La década oscura’, ‘aquella época’ ominosa, fatal, triste, de gris y de sangre…

‘Era una época difícil… solo con que alguien pareciese policía te echabas a temblar…’.


Si se cantaba era ‘porque cantar siempre ayuda a pasar calamidades’. Tiempos en que ni Caperucita ni los pimientos podían ser rojos, sino ‘colorados’; en los que se apreciaba un número capicúa en el billete del tranvía porque… ‘la única esperanza de mejora para la gente era la suerte y un capicúa se tomaba como símbolo de un afortunado presagio’.

De ‘aquella época’, de aquellos trabajos, de aquellos temores –‘ten cuidado, hijo, ya ves lo que la ha pasado a tu padre’- de aquellos silencios a hierro y fusil, de aquellos sudores anónimos, ha extraído Luis Garrido este libro. Nos cuenta su vida, sólo eso, nada menos que eso, y lo cuenta bien, construyendo cuidadosamente, línea a línea, un fresco traspasado de sangre, carne y hueso, voces, risas…

En la ‘Década oscura’ están los menos importantes, aquellos de quienes nadie habla a no ser, de tarde en tarde, algún escritor o algún poeta. Gentes sometidas, las que solo contaban para trabajar, producir y callar… las más importantes, las que levantaron el país y, de paso, sobre su esfuerzo, se hicieron las grandes fortunas del franquismo.

En esa década, pues, se fraguó la vocación y la voluntad de futuro de Luis Garrido y el carácter de un hombre trabajador, tenaz y sumamente observador con una memoria admirable, gracias a la cual, casi medio siglo después, ha podido darnos estas páginas.

Páginas que son el grito de ‘tantos jóvenes frustrados en sus estudios, en sus oportunidades, en sus posibilidades de futuro’, en unos momentos en que todo, cultura, canciones, cine, tebeos, cuentos infantiles, periódicos, NODO, discursos políticos, ‘encubría la realidad y el que trabajaba recibía migajas y los que estabn en la cima se comían el pastel’.

Luis Garrido a los 13, a los 14, a los 15 años, cuando recorría Madrid para ir a trabajar, tenía a su padre preso en la cárcel de Burgos, por política, claro está. Inició su andadura bajo el signo del trabajo precoz y aún hoy sigue en el tajo. no es mala síntesis.

Mi generación –escribe al final- se pasó la vida reconstruyendo sin tener apenas tiempo de juzgar si era buena o mala su actitud’.

Tampoco a nosotros nos toca juzgar; lo que la generación de Luis Garrido hizo posibilitó casi todo lo vino después, quizá todo. Y en este caso, y en nuestro país, si se puede decir que cualquier tiempo pasado (entre 1939 y 1975) fue peor; aunque, para muchos vaqueros de Las Navas del Marqués, ahora, el viento del Mercado Común Europeo le haya aventado parte –si no toda- de la cabaña ganadera.

Manuel Blanco Chivite, editor, periodista, autor de numerosas novelas, sobre todo negras, estuvo condenado a muerte en 1975 por el franquismo.


SE PUEDE LEER EN LA PÁGINA 26 DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’ NÚMERO 5 DE JULIO DE 1996

martes, 6 de marzo de 2007

J. Mª Amigo Zamorano reseña el libro 'La palabra labrada'

Luis López Álvarez
José Mª Amigo Zamorano
reseña el libro
‘La palabra labrada’


Título: La palabra labrada(La poesía de Luis López Álvarez)
Autor: Juan González Soto
Editorial: Promociones y Publicaciones Universitarias, S. A.
Ciudad: Barcelona
Año: 1995

“Desde entonces ya Castilla/no se ha vuelto a levantar,/en mano de rey bastardo/o de regente falaz./Siempre añorando una junta,/o esperando un capitán./Quién sabe si las cigüeñas/han de volver por San Blas./Si las heladas de marzo/los brotes se han de llevar./Si las llamas comuneras/otra vez crepitarán…”

Recordamos estos versos, del romance ‘Los comuneros’ de Luis López Álvarez, a propósito del libro que, el abulense Juan González Soto, acaba de publicar sobre el bardo leonés Luis López Álvarez.
Nos topamos, nosotros, hace años, con ‘Los Comuneros’, por azar, en una estación de ferrocarril y lo compramos, sin advertir que era un romance e ignorando quién era su autor; nuestro estímulo manó de diferentes veneros, unos históricos y otros personales: el levantamiento comunero y el cariño o querencia a la tierra castellana, al encontrarnos, como nos encontrábamos, entonces, en otro territorio matrio o patrio que nos viera nacer.

Hoy sabemos que Luis López Álvarez nació en la La Barrosa (León) el 7 de agosto de 1930; que tiene en su haber 14 libros de poemas, algunos tan célebres como el mencionado ‘Los Comuneros’; una decena de creaciones en prosa; de él se han ocupado, alrededor del centenar de escritores, en publicaciones diarias o revistas de literatura como Vicente Aleixandre, Guillermo Díaz-Plaja, Andrés Sorel, Robert Saladrigas, Luis Jiménez Martos, Francisco Umbral… Le han hecho treinta entrevistas; figura en decenas de florilegios; tiene más de diez volúmenes vertidos a otros idiomas como el francés, rumano, húngaro; e incluso un conjunto musical, Nuevo Mester de Juglaría, sacó un disco con la letra del romance de ‘Los Comuneros’.

A pesar de ello, no había un estudio que abarcara su producción completa, sino artículos o ensayos parciales o puntuales, hasta que, ahora, Juan González Soto, ha llevado a cabo una tarea rigurosa y minuciosa, arracimando todas las consideraciones que, numerosos escritores, como ya se ha dicho, han volcado, a lo largo de estos años; y siempre teniendo muy en cuenta lo hecho por el novelista y escritor venezolano, Gustavo Luis Carrera.

El abulense Juan González Soto, nacido en Cabezas del Villar, ha dedicado su tesis de Licenciatura a mostrar las vinculaciones entre los acontecimientos históricos y la producción de este gran poeta castellano que arrancó con un amoroso libro juvenil, ‘Arribar sosegado’, abiertamente influido por San Juan de la Cruz. Luego ‘Víspera en Europa’ (1957), ‘Las Querencias’ (1969), ‘Rumor de Praga’, (1971), ‘Los Comuneros’ (1972), ‘Cárcava’ (1974), etc., todo ello, Juan González Soto, nos lo acerca con bastantes versos y numerosísimas anotaciones a pie de página. Se completa con un prólogo de Ramón Otero Sans, un repaso a las antologías, una semblanza biográfica y hasta una conversación con el propio López Álvarez, amén de abundantísima bibliografía.

Libro interesante sobre un PERSONAJE CONTRADICTORIO COMO LA VIDA MISMA: a los 2 años le llevaría, la vida, hasta Valladolid; a los 20 a París, donde estudió Periodismo, Ciencias Políticas, Sociología del Arte y Estudios Latinoamericanos; el año de 1957 le encaminaría a Brazaville (Congo Francés) como redactor de Radio-Televisión Francesa; se une al combate contra el colonialismo; y su responsabilidad llegó a extremos de ser camarada de Patricio Lumumba; y fundar el Instituto de Estudios Congoleses por donde transitaron numerosos estudiantes, muchos de los cuales participaron en el levantamiento congoleño en pro de la independencia nacional, ahogada en sangre; como lo fue el mismo primer Ministro y amigo del poeta, el ya mentado Lumumba; igualmente asesinados lo fueron, otros amigos, como Mbuye, Secretario General del partido de Lumumba; Finant, jefe de la provincia Oriental y Mpolo, Ministro de la Juventud; él mismo temió por su vida, seriamente; aunque, al final, salió del Congo sin que nadie osara tocarle un pelo.

Nos cuenta nuestro amigo abulense, Juan González Soto, que, en su conversación en Segovia, Luis López Álvarez le dijo que estaba haciendo un ensayo, rotulado ‘El Encinar’, haciendo referencia a su castellanía; es por lo que rememoramos, nosotros, los versos puestos en el encabezamiento de este escrito y que terminaban:

Si los pinares ardieron/Aun nos queda el encinar”.

A nosotros, aquí y ahora, nos queda este ejemplar, que agradecemos a Juan González Soto; y lo agradecemos por duplicado ya que, además, hace alusión a la publicación de la Biblioteca Pública Municipal de Las Navas del Marqués, ‘Caminar Conociendo’ de la cual ha recogido algún testimonio para su investigación; de manera que, hinchamos el pecho, inflándonos como pavos, por ser los coordinadores de tal revista.


José Mª Amigo Zamorano, Bibliotecario Honorífico de Las Navas del Marqués, es director de la revista ‘Caminar Conociendo’.


DE LAS PÁGINAS VII y X DEL SUPLEMENTO, ‘FONTANA SONORA’, DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’ Nº 5 DE JULIO DE 1996


Luis López Álvarez:

Nace en La Barrosa, León, en 1930, pero con dos años se traslada a Valladolid. Publica sus primeros poemas en el Círculo literario Marqués de Santillana. En 1950 viaja a París donde se licencia en Ciencias Políticas y se diploma en Periodismo. Trabaja en Francia para la radio y la televisión, y, posteriormente dirige la sección iberoamericana de la televisión de la UNESCO. Funda y dirige el Instituto de Estudios Congoleños. En 1969 publica Las querencias y en 1971 Rumor de Praga. Un año más tarde aparece su obra más conocida, Los comuneros. Funda en París la revista Desquicio, publicada en español. En 1985 recibe la Medalla de Oro de la Provincia de Valladolid. Viajero incansable, ha residido en La Habana y en Caracas.


BIBLIOGRAFÍA

Arribar sosegado (1953)Víspera en Europa (1957)Las querencias (1969)Rumor de Praga (1971)Los comuneros (1972)Cárcava (1974)Conversaciones con Miguel Ángel Asturias (1974)Neruda, muerte y testamento (1974)Tránsito (1979)Antología de Aimé Césaire (1979)Cómputo (1986)Elegíaca (1986)

jueves, 1 de marzo de 2007

Julia Ochoa: 'Kískili - Kaskala'


Título: Kískili - Káskala

Autora: Julia Ochoa

Editorial: VOSA

Ciudad: Madrid

Año: 1944


A propósito de caminos (del prólogo de Javier Tomeo)


Dice Javier Tomeo en el prólogo que a diferencia del 'Kískili - Káskala' (que así se llama un camino que se abre en la Sierra de Urbasa (Navarra) que no llega a ninguna parte, este camino literario consigue el objetivo:


"Se trata, en efecto, de un Kískili-Káskala' que, a través de paisajes de perplejidades (como nos dice la propia Julia) nos conduce a mundos y situaciones que, salvo contadas excepciones, nos proponen hoy la inmensa mayoría de los escritores de este país.

Suele decirse que en materia de gustos no hay disputa, se dice, asi mismo, que cada maestrico tiene su librico. Nosotros y que Dios nos perdone otra vez si incurrimos en falta, preferimos los libricos escritos a partir de formulas literarias audaces, brillantes, ingeniosas. Los preferimos porque nos parece que no hay nada más irreal que todos esos realismos tan pretenciosos como frustrados y porque, sobre todo, nos aburren mortalmente todos esos notarios literarios que se limitan a levantar acta de lo que ven o, en el peor de los casos, de lo que pretender ver...

Deformar la realidad no significa, ni mucho menos, falsearla, sino, sobre todo, quintaesenciarla, es decir, elevarla a la categoría de símbolo, lo que supone tanto como hacerla accesible a los lectores más alejados precisamente de esa realidad que se ofrece y se deforma. Y esto es lo que, a nuestro juicio, consigue Julia Otxoa con los admirables apuntes literarios que, a modo de chispazos fulgurantes, configuran este libro.

En Kískili-káskala se nos ofrece un paisaje de perplejidades, es cierto, pero la perplejidad se considera aquí como camino que nos conduce al lector hacia la reflexión inteligente, no solamente como simple e inocuo juego de quienes, al escribir, sólo se proponen la fácil meta del entretenimiento"


(pagina X del suplemento FONTANA SONORA de la revista 'Caminar Conociendo' nº 5 de julio de 1996)