jueves, 22 de febrero de 2007

PALABRAS PARA UNIR


Por Aurora Cervera


Para que exista entendimiento, no es suficiente hablar. Desde que nacemos reclamamos la atención y para ello 'actuamos'. Todos somos actores de nuestra propia vida.


El Teatro es parte de nosotros desde siempre y como todas las Artes, es un vehículo para la comprensión, la tolerancia y la comunicación entre seres humanos.


Así lo entendió en Consejo Escolar y el Claustro de Profesores del Colegio Público Vicente Aleixandre, al incluir dentro del programa de Apertura de Centros 1995/96 el Taller de Teatro Juvenil 'El Carrusel'.


En este segundo año, el grupo ha participado en el XIII Certamen de Teatro 'Santa Teresa', donde los niños Ángela Muñoz Rodríguez e Iñaki Rodríguez Cañibano, han sido premiados por su actuación; y en el IV Certamen de Teatro de Mingorria (Ávila), donde gracias a la colaboarción del Taller de Pintura y Dibujo del Colegio, cuya monitora es Mª Paz Menéndez Suárez nos han otorgado el Premio al Mejor Decoardo.


Nos gustaría que el lema de nuestro proyecto fuera: 'Palabras para Unir', y que entre en los corazones de todos, niños y mayores de Las Navas del Marqués.




Aurora Cervera, actriz.

miércoles, 21 de febrero de 2007

ISABEL ESCUDERO: '¿Algo se mueve? o del Viaje al Turismo'



Isabel Escudero: ‘¿Algo se Mueve? O del Viaje al Turismo’

Al siemprevivo caminante de estos bosques, a Rufino, que con su andar hizo caminos.

Que ya no hay viajes, ni viajeros: que todo es ya Turismo y turistas, que lo mismo le aguarda a usted en Sanghai que en el restaurante (chino) de la esquina y viceversa, que lo mismo va a pasar en las Chimbambas que en la telepantalla de su salita de estar; y que en ambos sitios solo pasará lo que está mandado, si es que pasa algo, parece ley implacable de los tiempos que más que correr vuelan. Así que vamos a ver si desde este CAMINAR CONOCIENDO que todavía confía –con terca inocencia- en conferir un tinte sagrado y misterioso en eso de ‘camino’ y ‘conocer’, a ver, pues, si desde este camino que se hace al andar y al desandar, y desde este conocer que se hace desconociendo lo sabido, podemos mover algo que no sea dinero, algo que por un instante se escape al ojo de la Pro-Videncia y por fin sin voluntad ni vigilancia se mueva.
Pero veamos algunas de las dificultades –si no la imposibilidad- de eso que llamamos movimiento.
La cosa es que la cuestión tanto Arriba, en los mismos cielos, como abajo a ras de tierra, parece consistir en moverse. Que eso llamamos la Realidad, tanto la cotidiana y ‘natural’ como la extraordinaria –y que antaño solíamos llamar ‘sobrenatural’- se fabrica con el movimiento; que solo eso de moverse y que las cosas se muevan hacen Realidad y su Ciencia: la Física.
Y sin embargo, a pesar de la evidencia, o quizá por ella, uno se pregunta sospechoso: ‘pero… ¿es que algo se mueve?’; porque es que si miramos a lo Alto, a eso del firmamento –al Universo como dice la Ciencia- el moverse de una estrella implica automáticamente su destrucción: la estrella se deshace en su fuga; ya no es lo que era; su corrimiento es su desaparición: cuando se corre una estrella se pierde. Pero, ¿qué pasa por acá abajo con eso del movimiento y los turistas que van o viene por doquier? ¿Qué les pasa, o no les pasa, a ellos cuando, tan extenuados como optimistas, se cruzan una y otra vez y al reconocerse intercambian sonrisas y saludos con tan mecánica naturalidad y en la desasosegada trama babélica? ¿Y en esa infantil carrera que menea al mundo, qué les pasa a ellos, o no les pasa, que tenga algo que ver con aquella fatal carrera de los astros? La cuestión es tan vieja como el mundo, y ya el zorro de Zenón la atacó certeramente por el centro. Pero la imposibilidad y la contradicción siguen estando vivitas y coleando y se presentan desnudas al sentido común cuando menos te lo esperas.
Veamos: que uno, al menos acá abajo, se mueve para y por ser el que es, y que no hay movimiento sin ‘identidad’ parece, pese a las apariencias, un hecho de pura lógica; y que el movimiento no se demuestra ni andando, ya que la condición primera es que usted, el que anda, se mantenga igualito a si mismo durante todo el trayecto, y que como aquella rodante naranjita de Mairena, aunque penas y descalabros contra esquinas y malos amores no le dejen ni en sombra de lo que era, sólo si queda alguna partícula que le sea particular y propia, que le haga a usted y al prójimo reconocerse y reconocerle –aunque sea en el más recóndito de sus escondrijos- o sea, que siga siendo usted el que es, inmutable, es gracias a eso y sólo por eso que usted se ha movido (¿Se acuerda de aquella clase de Sofística en la que el maestro ante el asombro de los aprendices afirmaba: ‘que todo cuanto se mueve es inmutable, es decir, que no puede afirmarse de ello otro cambio que el cambio de lugar; que el movimiento corrobora la identidad del móvil en todos los puntos de su trayectoria. Que sea lo que sea aquello que se mueve, no puede cambiar, por el mismo hecho de moverse’. Pues eso.) Claro que usted lo tiene más fácil que la pobre naranjita de Mairena, tan común la pobre; usted es un Nombre Propio y mientras que usted no pierda su nombre y no solo eso, sino que todos sus prójimos y prójimas le pierdan a usted de su memoria, la ilusión de moverse está garantizada. Tendría usted que, al revés de Ulises, perderse en el maremagno de los mares, entregarse al canto de las sirenas y al pasto de los dioses, convertirse en cerdo, arrastrarse por lodos y pedregales y, aún con eso, si al tornar a su hogar, su vieja nodriza, al palpar la cicatriz de su infancia, le reconoce, usted no se habrá de verdad ‘movido’ ni un ápice; se habrá desplazado, cambiado de lugar, pero usted seguirá inmutable siendo lo que es. O como aquel viejo samurai que al volver de la larga guerra no es reconocido por ninguna de sus siete concubinas y tan solo su caballo lo reconoce.
Recordemos de nuevo las palabras de Mairena: ‘Si lo que se mueve no puede cambiar, es el movimiento la prueba más firme de la inmutabilidad del ser, entendiendo por ser ese algo que no sabemos lo que es, ni siquiera si es, y del cual en ese caso pensamos el movimiento’. (En cuanto a nuestra pregunta del título, dejaremos para otro día, aunque sean inseparables, la cuestión del ‘algo’, que tiene tanta miga como el que ‘se mueve’). Lo cierto es que el movimiento, a la manera eleática, tiene que pensar un ser inmutable, al cual se le atribuye. Y concluye el maestro ‘Si todo, pues, se mueve, nada cambia’. ‘Si algo cambia, no se mueve’. ‘Si todo cambiase, nada se movería’.
Pero me parece que no vale tampoco hacer demasiados distingos entre transformación y movimiento. Ante la observación del alumno sobre la distinción entre cambio de lugar o movimiento y cambios cualitativos, ya sabéis lo que le respondió Mairena: ‘Dejémonos de monsergas… Los cambios cualitativos, si son meras apariencias que solo contienen cambios de lugar o movimientos, están en el caso que ya antes hemos analizado (arriba); si son otra cosa, escapan al movimiento y son, necesariamente inmóviles. Siempre vendremos a parar a lo mismo: el movimiento es inmutable y el cambio es inmóvil’. Y añade que si se estiman estas diferencias pasaría que: ‘si el cambio es una realidad y el movimiento es otra, la realidad absoluta sería demasiado heterogénea’.
Y ya mucho antes de Mairena y su maestro Abel Martín, la aporía de Zenón planteaba con desparpajo la contradicción suma en que se basa toda Física en cuanto la roza el lenguaje: ‘Un móvil ni se mueve donde está ni donde no está…’ porque si está no se mueve, y si no está ni se mueve ni puede hacer cosa alguna.
Así que, dado ese vínculo constitutivo recíproco entre ‘movimiento’ e ‘identidad’, no nos debe extrañar que en el Progreso de al Historia –en el Progreso del Progreso- cuando la constitución de la identidad individual refinada por el cual al Humanismo, amenaza con suprema perfección de esa entelequia del Hombre (mayúsculo y civilizado) una de las notas o rasgos sustantivos y definitorios de ‘Individuo’ (idéntico a si mismo) será el de su movimiento libre y continuo, y a ser posible uniformemente acelerado, de tal manera que precisamente su índice de de identidad individual será su motilidad y disponibilidad de movimiento: él es el que se mueve. Su capacidad de movimiento debe ser ilimitada y metafísicamente perfecta: ‘si estoy volando en avión a Ámsterdam soy Pepito’ o ‘si es martes estamos en Bélgica’.
No es de extrañar, pues, el éxito desmedido del automóvil particular –del coche individual- fenómeno coincidente con el auge de las democracias y paradigmático de esta constitución individual progresada vía movimiento. Los pies del Régimen demotecnocrático de los Países Desarrollados del llamado Estado del Bienestar, tiene que estar siempre moviéndose. Los mismos mensajes publicitarios de los anuncios de coches establecen bien claramente la similitud y simultaneidad de los términos ‘velocidad’ y ‘persona’, sin separar velocidad del objeto y personalidad del objeto, ya que en el caso del automóvil propio particular (máxima perfección de la mónada individual democrática) más bien el sujeto es el artefacto y el conductor un implemento cada vez más secundario. El éxito, pues, en todo el Mundo Desarrollado demuestra bien a las claras las hondas conexiones entre la constitución del Individuo moderno típico del tecnohumanismo democrático y su vana constitución con movimiento uniformemente acelerado, el desplazamiento sin fin de un sitio a otro como señal de ‘libertad personal’ (nótese que esta tan cacareada libertad personal consiste en la práctica –en el caso ejemplar del automóvil- en ir donde va todo el mundo a la misma hora y por la misma autopista, pero eso sí: con la ilusión democrática de hacerlo por gusto y libertad personal.
Y sin duda, otro fenómeno actual parejo y tan paradigmático como el del automóvil sobre la sustentación recíproca de ‘movimiento’ e ‘identidad’, es el del Turismo colectivo. Esas grandes oleadas de turistas movidos de la Zeca a la Meca, traídos y llevados de acá para allá, también al parecer, por decisión y gusto personal. ¿Es ese afán desmedido de constitución individual, de individualismo cada vez más autista el que hace moverse y removerse sin parar a las gentes de todos los Países Desarrollados? ¿Es la fiera necesidad de una Historia ya vieja y cansina que no tiene guerras donde mover y morir a sus peones? ¿son los espasmos automáticos de una Realidad demasiado hecha y maniática, amenazad de su propia fe, que entra en impaciencia motora en demencia senil y agita a sus átomos (individuos) y a sus moléculas (grupos) de acá para allá sin cesar hasta la tercera, cuarta o quita edad si es preciso? ¿O es que el mundo, ya papel de dinero (desaparecidas las cosas ya todas dinero), necesita batirse al mismo ritmo frenético del dinero, otra mentira que vive sólo de su movimiento?
Sea lo que sea, parece ser signo de los tiempos ese movimiento desquiciado y constante, esa fe incansable, esa seguridad de saber a donde se va y por lo tanto ir (olvidando la sabia conseja del poeta: ‘caminante no hay camino…’). Los zapatones del Régimen del Desarrollo no pueden pararse como aquellas zapatillas rojas del cuento.
Ya hemos visto (con ayuda de Mairena, de Zenón y del sentido común) como, al menos por aquí abajo, solo lo inmutable se mueve, y lo cambiante está quieto; y por Allá Arriba parece que correr/se es perderse, que moverse implica destrucción y negación instantánea de lo que se es: dejar de ser el/la/lo que se es. Y que estas razonables imposibilidades y paradojas desdicen el ilusorio trajín de los turistas (sin que ellos lo sepan, claro está)
Visto que eso de moverse, que parece lo más natural y evidente del mundo, es prácticamente imposible y que el movimiento no se demuestra ni andando, habría que ser astuto y buscarle las vueltas a esa naturaleza paradójica del tiempo y el movimiento, y quizá al llevarle la contraria pueda ser que de verdad algo se mueva; a lo mejor tenemos que pararnos para que algo nos pase, como esos árboles inmóviles que agitan sus cabellos al viento y por cuyo firme tronco la sabia rebulle incansable, quedarse quietos y despiertos y a lo mejor así pasa algo.

(*) Isabel Escudero es profesora de la UNED de Madrid y poetisa.
Estación de Las Navas del Marqués, abril de 1996.
En memoria de Rufino González, de las gentes y los campos de la Estación, que tanto le añoran

(TEXTO QUE PUBLICÓ LA REVISTA ‘Caminar Conociendo’ Nº 5 DE JULIO DE 1996 EN LAS PÁGINAS 28-29)

lunes, 19 de febrero de 2007

JULIO COLLADO NIETO(*): 'Aforismos del CAMINAR'


*Caminar es siempre estar empezando.


*Cuando encuentras un camino, dos fuerzas gemelas te atrapan: la una quiere seguir, la otra no desea llegar.


*Los caminos trillados son fáciles; lo malo es que están llenos de gente.


*¿Y si nos pasa como la burra de Balaam? Acaso es mejor no moverse para morir de deseo.


*Si hubieras sabido a donde ibas a llegar, no habrías llevado alforjas. O quizás habrías cargado con tanto equipaje que su peso te habría ahorrado la molestia de llegar.


*Y sin embargo, qué prisas. La cabra atada a la estaca en medio del prado también soñaba con la libertad mientras se hacía más prisionera dando vueltas alrededor de su palo carcelero.


*Vas de acá para allá. Así careces de tiempo para viajar hacia tí. ¡Qué bellos precipicios te pierdes!


*Escribo para no llegar a la locura -dijo- y empezó a emborronar folios como un loco.


*Lo malo-bueno del caminar es que, para llegar a metas interesantes nunca conoces el camino. Lo descubierto por otros ya no te atrae. ¿Qué tal si probamos a descubrir juntos?


*Lástima que nuestros caminos tengan final. Lo bello del viaje a Ítaca es no llegar nunca. Si encuentras a Penélope, las sirenas no aparecen. ¿Quién, entonces, amenizará con sus sones la travesía?


*Cuando miro los mapas y adivino tantos senderos, me pregunto si de verdad 'todos los caminos van a Roma'. ¿De regreso todos nos llevarán al Amor?


*A veces se escribe no para huri de caminos transitados sino para conocer atajos inhóspitos. De antiguo se sabe que 'no hay atajo sin trabajo'. El masoquismo también existe.


*¿Alguien sabe qué camino lleva el viento? Un día, allá en la niñez, montas en una escoba, te dejas llevar por el solano y sueñas que eres mayor. Ahora querrías hacer el camino de vuelta.


*En el viaje más propio, tu vida, eres un extraño: deciden tu salida y amañan tu llegada. Eres un corredor de fondo actuando sin entrenamiento previo. ¡Cómo te va a salir bien la carrera!


*Claro que, si tuvieramos que ensayar como echar un pie tras otro, estaríamos más tiempo por el suelo que caminando.


*Si la memoria nos salva del olvido, los dioses se equivocaron de nuevo al concedernos un ojo en el cogote. Tendríamos, por el contrario, un nuevo problema a la hora de peinarnos.


*Si las esencias se venden en frascos pequeños, será también cierto que las veredas son los caminos más verdaderos.


*Me gusatría tener un camino propio, como Santiago. ¿Dónde se comprarán caminos?


*A veces caminamos tan veloces que perdemos la cabeza en cualquier recodo. No es, por eso, extraño darse de bruces con tantas almas en pena.


*A la vista de la Historia, tendremos que cambiar el dicho popular 'los caminos del señor son infinitos' por 'los caminos de al guerra son la leche'.


*No te abrirás camino nunca con tan poco espíritu de lucha -dijo- y tú le escuchabas a la vera del sendero. Pensabas tal vez que no es preciso abrir caminos sino hacerlos más anchos para caber todos. Tú reías; él se enfadó.


*Otros, sin embargo, se abrieron camino en la vida y nos robaron las cañadas. ¿No habéis notado como huelen algunos pisos a historia trashumante?


*Pero no hay que apurarse. En algún tiempo y lugar debió ser cierto que 'con pan y vino se anda el camino'.


*Quizá no nos engañaron y existe una meta. Sería prudente apostar como enseñó Pascal y dejar algunos caminos expeditos. Aunque la prudencia es monótona...


*Al salir de casa, algunas personas se santiguan. ¿Pensarán que el viaje a la plaza es tan complicado como el de Ulises? Otras van co0ntando adoquines. ¿Será por si olvidan la ubicación de su hogar o por comprobar en su afán naturista que las piedras felizmente no se reproducen?


*En España, estamos tan acostumbrados a las corridas de toros que sólo aplaudimos al final de la faena. 'Si quieres que te quieran, muérete' dijo alguien. Y acertó.


*Los topos son los que más saben de caminos. Y no ven. Por algo será.


(*)Julio Collado, abulense, es profesor de adultos, sindicalista y autor de varios libros infantiles.


EN LA REVISTA 'Caminar Conociendo', Nº 5, PÁG. 27 DE JULIO DE 1996

miércoles, 14 de febrero de 2007

José Luís Morante: 'El Mejor Viaje'


La impronta de Borges -nos dice el autor- cambió el concepto de viaje; si antes -con Salgari, Kipling, Saint-Exupery y Kerouac- se necesitaban cualidades físicas y mentales especiales, ahora podemos recorrer el mundo en una biblioteca; pues bien, muy cerca de este concepto se halla López Vega, un joven poeta asturiano de Llanes que dirige con Almuzara la revista Reloj de Arena; ambos son miembros de la tertulia Oliver, notable vivero de jóvenes poetas en torno al poeta y crítico extremeño J. L. Martín García, cuyos nombres, aparte del desaparecido Victor Botas, suenan así: José Luis Piquero, Xuan Bello y Silvia Ungidos.

Reseña de libro, por José Luis Morante.

Título: Travesías
Autor: Martín López-Vega
Editorial: Renacimiento
Ciudad: Sevilla
Año: 1996
Páginas: 103

Travesías es un poeamrio bastante extenso que agrupa casi 50 composiciones escritas entre 1994 y 1995, generalmente breves. Está configurado en 5 secciones, epilogadas por un texto en prosa, un conjunto de notas plagado de referencias: versos de María Leitao y Sandro Penna, evocaciones de Li Po, Jan Lechon, o Pestelli, numerosos topónimos de viajes imaginarios a lejanos paises, o a discretos escenarios de la memoria, y significativas dedicatorias personales.

La primera sección 'Postales', se abre con una cita de Eugenio de Andrade. El poemario prologal 'Al comenzar el día' agrupa buena parte de las perpectivas y herramientas que utiliza la mirada de López-Vega en la conformación del poema: su poética tiene como argumento la descripción de un tiempo cotidiano que enaltece pequeños paraísos de los que el yo hace frecuentes enumeraciones -la presencia de una camarera, los sonidos de jazz, la impresión del color y la textura de una cabellera evocada por uno de sus versos- y se enmarca en un tono reflexivo que colecciona instantes y preguntas, en versos de amplia polimetría, que enlazan con distintas tradiciones. Los primeros versos son una cercana referencia a Borges y dan pie a las preocupaciones inmediatas de un sujeto poético, común y reconocible, que vive en los espacios de la melancolía del domingo, que recorre una cafetería y recuerda con complicidad otros versos que hablaban de un instante parecido.

Las viviendas soñadas, los días vividos en la piel de una biografía imaginaria, subliman y otorgan sentido a una vida real mucho más monocorde. Esa parecer ser la función de la literatura: ayudar a cimentar una existencia plena que trascienda el pálido reflejo de una realidad inconsistente. No hay otros paraísos que los de la memoria, pero estos pueden visitarse con frecuencia.

Hay composiciones que recrean historias aparentemente banales: el paseo del parque contemplando niños y palomas, la solemne visión de la catedral bajo una lluvia oblicua, al remembranza de imágenes amarillentas y momentos áureos de los días de infancia, la audición de unas notas musicales. Son precisamente esas historias de trivial contenido, esas imágenes de la propia vida, en las que mejor se reconoce el poeta:

"no deja de ser extraño
que justamente,
cuando la vida se va de vacaciones
y solo entonces, venga a visitarnos la vida".

Otras composiciones amplifican motivos clásicos: la certeza de un tiempo cíclico y sucesivo, donde sombras e instantes se repiten, las conexiones que entrelazan vida-literatura, y la tabla de salvación, en el naufragio de la fugacidad, de la escritura que da sentido en el simpel borrador de un poema a una jornada porque la mantendrá inalterable en la memoria. Parece qeu la felicidad es posible, porque en muchos casos no consiste en la posibilidad de mantener ilesa una costumbre.
Todo libro posee un abundante repertorio culturalista -un hecho que empeiza a ser sintomático en las últimas promociones líricas-, un renacido revival novísimo que contiene citas en idioma original portugués o francés, e incorpora al poema nombres propios llenos de prestigio literario, anotaciones y préstamos de poemas ajenos. Pero el aporte culturalista de López-Vega no es collage aleatorio, es un rasgo de estilo, un recurso expresivo, que aletrna con otros como el monólogo dramático -en ocasiones con gran carga emotiva, como en los versos del poema 'El engaño', dedicado a Victor Botas-, junto a composiciones casi aforísticas o epigramáticas, de las que 'Certeza' sería un buen ejemplo.

Como afirma el poeta 'todos los libros que comienzan en unos versos concluyen en ciudades y tiempos que existen solo en el recuerdo'. Cada itinerario, propne un viaje. Ese continuo caminar requiere un solitario y esforzado pasajero que es capaz de descubrir, al concluir con éxito las diversas estaciones del camino, que en un lugar de llegada, más lejano o más próximo, con preferencia está -estaba- en nosotros mismos.

La conclusión propuesta la compartimos todos: el autoconocimiento es el último andén y desvela la plenitud del viaje. Vada trauecto, cada imposible travesía, enriquece las estanterías del pequeño museo donde se exponen nuestras señas de identidad.

José Luis Morante es profesor de literatura, poeta y crítico literario en divversos medios de comunicación entre los que destaca 'Cuadernos Hispanoamericanos'.


(Tomado de la revista 'Caminar Conociendo', nº 5, pag. 30 de julio de 1996)

martes, 13 de febrero de 2007

José Mª Muñoz Quirós: 'Viaje a Ítaca'


VIAJE A ÍTACA


Por José Mª Muñoz Quirós (*)


Cuando salgas de viaje para Ítaca’, en el principio mismo del amanecer, con la luz primera de la mañana, dispón de tu equipaje para un largo camino. En tus manos haz florecer el silencio de todas las caricias y abre los ojos, con el anhelo más rotundo de inmensidad. El horizonte queda lejos y el camino es difícil porque nada que sea hermoso se te da sin esfuerzo, se te regala sin antes haberlo ansiado profundamente.

En el mismo caminar está el descubrimiento del sendero. En el paso seguro se halla la emoción de cada obstáculo. Cuantos más lugares conozcas, mayor será la luz que al final se divisa. El corazón temblará, a veces, de incertidumbre y de miedo, y tal vez sientas el deseo de abandonar el camino, de quedarte quieto en la playa soleada de un instante. Que esta tentación no se refugio en tu corazón porque habrás fracasado. Que esta súbita y terrible deslealtad no se produzca nunca. El viajero de Ítaca es incansable, tenaz, inquebrantable. Sabe con la certidumbre de la intuición que Ítaca está siempre más allá, mucho más lejos, y que su estela perfumada de vientos y de brisas se encuentra en el recodo más impensado, en los parajes de la memoria nunca antes recorridos. El sol naufraga cada día con la tensión de la nostalgia, y sentirás el deseo de poseer lo que se te da con tanta belleza. Pero el engaño, el falso dios de cada instante es acecho tenaz, promesa que nada cumple, que se queda enquistada en lo próximo y en lo más inmediato. Ítaca, está más allá.

Mantén siempre a Ítaca en tu mente’ como una obsesión que no destruye, que tan solo invade tus ansias de llegar y la imposición permanente de no llegar nunca. En el conocimiento del camino está el disfrute de la meta, la verdadera tensión que cuaja en luz infinita y en sabiduría permanente, aprender a decir lo que subyace en cada cosa, lo que se viste de soledad y de silencio para que puedas llegar a su absoluta cercanía sin miedo. Estar próximo de Ítaca no te permite ausentarte del camino, dar gritos de júbilo, alegrarte con la inmediata prontitud: muchos espejismos incomprensibles te llenarán de tentaciones para que el caminar sea más rápido, para que la emoción no conozca el auténtico sentido de la llegada.

Tu mente sabe que no puede olvidar el destino que permanece ausente, la llama que ha de consumir, con lentitud, ese deseo hasta cumplirse. La desesperación solo conduce hasta los infectos arrabales de Ítaca, nunca hasta el centro poderoso donde se reconoce la plenitud de la vida, el misterio añorado de la Belleza. Nada te ofrecerá que tú no lleves, que no hayas conseguido en los mercados del camino, en la lentitud de cada cosa. Nada que tú no tengas será la recompensa, ese fruto que esperas ver granado en las manos que, viejas y cansadas, muestres tras el largo viaje. De tu experiencia se enriquecerá Ítaca, no tú de sus dones. ‘Ítaca te ha dado un viaje hermoso’, el transcurrir hasta las costas de ti mismo, hasta los acantilados de las playas más limpias. La permanencia en el camino ha encendido tu soledad hasta no estar solo, hasta la más infinita generosidad de tu alma.

Es difícil no cejar en el empeño, creer en lo que no conoces con absoluta claridad, viajar sin la guía que defina cada punto de tu camino. Pero es requisito esencial para llegar a la meta desconocer en qué altitud o en qué momento se producirá esa esperada eclosión de lo que has conseguido. ‘Pero no tiene ya más que ofrecerte’, y otra cosa no sueñes, porque solo los dones del viaje serán los pervivan en tu conocimiento, la clave que explique tu paso lento y sosegado. El cúmulo de sabiduría sabrá perdonar la pobreza de tu encuentro, la extraña desolación de aquel paisaje. Nadie te habrá engañado. Nadie se habrá burlado de tu esperanza. ‘Convertido en tan sabio’ serás capaz de comprender el sentido absoluto de Ítaca, la verdadera dimensión de su solitario mutismo. Entonces, cuando hayas finalizado el camino, cuando el aprendizaje haya sido esclarecedor de tu misma identidad y conozcas los misterios que se aferran a la condición última del ser y del vivir, ‘ya habrás comprendido el significado de las Ítacas’.


(*)José Mª Muñoz Quirós, abulense, profesor de literatura. Premios Ateneo de Salamanca, Tyflos de la ONCE entre otros. Destacamos los libros Razón de luna, La estancia, Carpe diem, y Avilas al alimón con el pintor Díaz-Castilla

Ilustración del artículo con un dibujo que Antonio Quintana hizo para la traducción de los poemas de Cavafis hecha por Alfonso Silván.


(artículo aparecido en la revista ‘Caminar Conociendo’ número 5, en la página 31, de julio de 1996)

viernes, 9 de febrero de 2007

José González Torices: 'El Camino de los Trigos Libres'



EL CAMINO DE LOS TRIGOS LIBRES

Por José González Torices

Creo que nací con el camino pegado al zancajo. O cada dedo de los pies, andariegos de la tarde, fue marcando la trocha de mis escritos, de mis nombres; la senda misma de la grajea y la alondra, del teso, de la liebre y del lagarto, de la sanguijuela y de la carpa, del campesino castellano que es tanto como rezar salmos de cardo y de trompeta, y gritar, desde el púlpito de su alma, tomillo de filósofo: ‘¡Coño, coño, coño!’.
Que los dedos de mi mano fueron dando tinta de escritura a las veredas de no pocos cuerpos campesinos, dioses de barro y barbecho, de pan candeal e iglesia sin cigüeña y misa, casi Villamar de juventud comunera.
Así está el escribidor ahora: recostado en la pajera del propio folio y poema de su vida interior; viendo pasar, trashumantes, las pisadas de los demás; recordando, sin duda, las suyas propias con cierta complacencia amarga. Que el tiempo se disfraza de goma de borrar de no pocas mañanas transcurridas de llanto y gozo. Y es que desde la meseta de los años, sintiéndose un joven cuarentón, nacido en la cuna del universo, acarrea tantos recuerdos en el bálago de su memoria que la ventana de sus ojos se convierten en tren y vía por el mapa de la piel.
Creo que mi primer gateo fue en dirección de las eras, en busca del trillo de la trilla y de la parva. Dice, ahora, que todo mi cuerpo huele a bálago; y mi palabra huele a pudridera y a bálago también y a siesta junto a la botija y cantar de grillos y cigarras. Es lo propio de un camino mozuelo en un pueblo de adobe castellano. Y luego mis pies se dieron en escalar los árboles en busca de nidos, casi tirando al cielo la mirada rebuscando, entre nubes, al Dios del catecismo de don José María, el cura. Que mis manos, dicen, huelen a pájaro gorrión, todavía en pelajillo, y a pichón sin volar en día de tormenta. Y más allá de la piel más cercana, el río Valderaduey con los espadones y las aguas llaganosas. Y al otro lado de la tabla de multiplicar, al maestro don Manolo. Yo allí, escardando divisiones y tardes lluviosas y lecturas del Quijote. Y yo allí, aún niño, domesticando perdices dentro de los sueños de la bicicleta imaginada, nunca mía, que fuimos, aquellos, los hijos de los pobres.
Como dice mi palabra, yo trazando caminos de tiza y pizarrín cerca del arado, con mi padre. Era mi Castilla, la del horizonte, la que espantaba liebres a los señoritos que subían a correrlas desde la ciudad. Un conde había entre ellos. Dicen que decían que si se llamaba en conde Gamazo.
Y así los caminos de Castilla y de Zamora y de León, se arrosieron dentro del pecho de aquellos niños que solo veníamos a la ciudad, Valladolid, a través del tren Burra, o el de Palanquines, llamado de esa manera por su lentitud en la escalada de Torozos arriba. Éramos los niños, los caminos de la postguerra, los que aprendimos a hablar a base de padecer, de enfermar, de enterrar parientes y bautizar hermanos.
Entre otros senderos, conocimos el de la ermita de la Virgen del Socastro; y el de la otra ermita, la que se juntaba con el cementerio. La ermita del Cristo. Un yacente melenudo, con los ojos revirados y manos ensangrentadas. Le contemplábamos desde la puerta, pegadas nuestras barbillas a la misma ventana cruzada por las verjas. Luego salíamos corriendo, perdiendo la zapatilla, gritando ‘que nos coge Dios’. Y aquel don Jesucristo, sueño endiablado, nos fue metiendo, como en un horno de carracas y tenebrarios, el miedo a las horas de la vida, a los días, al pecado sin saber lo que es pecar. ¡Pecar!. El camino del pecado estaba en espiar las bragas, tendidas en el tendal, al fresco, de doña Felisina, la viuda que según oímos estaba liada con don Simplicio Otero, un rico de andar a caballo, veterinario de nombre y no de estudio; que la vagancia le capó los cursos de la Universidad, en Salamanca (‘Lo que natura no da…’)
Los mozancos se hicieron hombres y los hombres poetas y páginas de novela y escena de teatro. Y aquellos hombres se hicieron ciudad y la ciudad les borro de la mirada, los campos de trigo y las amapolas y las ovejas y los días cerca de los nidos y los nidos oliendo a niños y los niños oliendo a cansancio ahora, a asfalto, a palabras sin pan, vacías.
Desde la línea que escribimos, que no es más que el patinete para volver al corral de nuestra infancia, vamos marcando la trocha de retroceso hacia aquello que fuimos y no volveremos a ser. ¿Volver? Nadie vuelve, nadie. La ciudad y el pueblo eres tú, como el mar de vientos y barbechos y sementeras eres tú o los campos de trigo libres o las alondras. Tú y tus alondras. Sólo hay un camino: el camino de la voz recordada que pueda que repita el campanario de un libro en la estantería, como un vetusto castellano, castellano viejo: ‘Era un buen hombre, coño. Coño, coño, coño, coño, era un buen hombre’.

(*) José González Torices nació en Quintanilla del Olmo (Zamora). Profesor, escritor y editor. Premios Unamuno, Sijé, Ciudad de Valladolid y Martín Abril de cuentos, novela, teatro y periodismo respectivamente.

DE LAS PÁGINAS 32-33, DEL NUMÉRO 5, DE LA REVISTA DE LA JUNTA DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE Las NAVAS DEL MARQUÉS, TITULADA ‘CAMINAR CONOCIENDO’ DE JULIO DE 1996

(*) GONZALEZ TORICES, José

(Quintanilla del Olmo, Zamora, 17/03/1947)
Estudia Magisterio en Tarragona y Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona. Becado por la Embajada Francesa, cursa estudios de Arte Dramático en Madrid. Desde 1976 reside en Valladolid, donde ejerce la docencia. En 1978 funda la editorial Castilla Ediciones, que publica libros destinados al estudio de la región castellano-leonesa. Actualmente dirige las colecciones Fuente Dorada, de Teatro Infantil y Juvenil, que edita Caja España de Valladolid; Zoo de Papel de Literatura Juvenil, en Ediciones Paulinas de Madrid; Campo de Marte, de Teatro Joven y Galería del Unicornio, teatro Infantil y Juvenil, de la editorial CCS de Madrid.Ha recibido numerosos premios, entre ellos el "Miguel de Unamuno", "Ciudad de Reinosa", "Villa de Aller" y otros, de cuentos. "Ciudad de Valladolid, "Xove" y "San Viator" de teatro. En poesía el "Fray Luis de León", el "San Lesmes Abad", "Florián de Ocampo", etc., además del premio "Villalar" de novela y el "Francisco Javier Martín Abril" de periodismo.

Bibliografía:
- Textos para una dramatización en la Escuela.- Bruño, 1972
- El rey de madera (Teatro).- Colección Bambalinas, 1973
- Teatro infantil.- Colección Bambalinas, 1974
- Cuentos infantiles.- Revista "Vida y Luz", 1974
- El cerco de la peste (Teatro).- Valladolid : Caja de Ahorros Provincial, 1976
- Villadormida. El cerco de las escobas (Teatro).- Edit. San Pío X, 1976
- Proceso a un espantapájaros (Teatro).- Valladolid : Caja de Ahorros Popular, 1980
- Nacho, el amigo de los pájaros.- Edic. Paulinas, 1980
- El milagro de las manos (Teatro).- Edic. Paulinas, 1982
- Teatro infantil.- Everest, 1983
- Esperando a Mambrú (Teatro).- Edic. Paulinas, 1983
- Cuentos infantiles y juveniles.- Edic. Paulinas, 1983
- Cuentos de fiesta.- Didascalia, 1983
- El dragón (Teatro).- Escuela Española, 1986
- Los miedos del general Tambor.- Escuela Española, 1987
- Tolo y los tambores. La Posada (Teatro).- Valladolid : Caja España, 1987
- Los secretos de la gata Nieva.- Everest, 1987
- Cuentos y poemas.- Santillana, 1987
- Las trompetas del rey Baltasar.- Escuela Española, 1987
- La noche de San Juan.- Everest, 1988
- Cuentos.- Revista F.C., 1988
- Palomas sueltas (Poesía).- Escuela Española, 1988
- Irico de Belén (Teatro).- Edic. Paulinas, 1989
- Mi teatrillo.- AGESA, 1989
- Canciones : Zoo musical, I.- Edic. Paulinas, 1989
- Déjame tener un gato.- Edic. Paulinas, 1989
- Los vencejos rojos (Teatro).- Valladolid : Diputación, 1990
- Tilín tilón, tijerilla y tijerón (Teatro).- Valladolid : Caja España, 1991
- Jugamos con los animales.- Edic. Paulinas, 1991
- La niña y el unicornio (Teatro).- Revista F.C., 1991
- El rey León (Teatro).- Revista F.C., 1991
- Tengo mucho cuento / il. Mª Jesús Leza.- Bruño, 1992
- El león y la familia Pococomo.- Edic. Paulinas, 1992
- El grito de las lechugas (Teatro).- Santillana, 1993
- Cuentos.- Santillana, 1994
- La cabeza del toro (Teatro).- Castilla Edic., 1994
- Cuentos.- Santillana, 1995
- El señor de las guerras (Teatro).- Edit. CCS, 1996
- La posada (Teatro).- Edit. CCS, 1996
- El laberinto de los pájaros y otros cuentos.- Castilla Edic., 1997
- Teatro de Navidad (3 v.).- Everest, 1997

viernes, 2 de febrero de 2007

Víctor M. Irún: León Felipe o el camino de la dignidad

LEÓN FELIPE O EL CAMINO DE LA DIGNIDAD

Por Víctor M. Irún (*)

Nadie fue ayer,
ni va hoy
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol…
y un camino virgen
Dios.


León Felipe

 
El poeta de Tábara –pueblo donde nació León Felipe Camino Galicia- abrió los ojos hacia un cielo de almizcle y hierbabuena. Entre sus barbas –como las de su querido Whitman- las mariposas habían edificado una farándula de sueños y quimeras. A lo lejos, la meseta castellana se irisaba de magentas heridas de muerte. En lontananza, dos o tres chozas de pastores y casi difuminado en el horizonte la barranca color sangre de toro de un pueblecito cualquiera.

El poeta de Tábara hizo visera con la mano. Un sol de perfil pelado le hizo cosquillas en el entrecejo; de su pantalón de pana gorda sacó una pequeña bolsa de cuero. En ella un grueso libro con las pastas gastadas ‘Vida de del Ingenioso Hidalgo…’. Leyó dos párrafos seguidos en voz alta a un auditorio silencioso compuesto por las piedras del camino, los jaramagos secos y las infinitas hormigas que pululaban sobre la tierra. Eran los párrafos del capítulo de los galeotes. Ginés de Pasamonte se burla groseramente de la petición del pobre loco que acaba –a él y a los otros presos- de liberarlos.

Yo no soy un filósofo.
El filósofo dice: pienso, luego existo.
Yo digo: lloro, grito, aúllo, blasfemo…
Luego existo
.

León Felipe, poeta solitario del pueblo, poeta con la voz colectiva del salmista, pasó por el mundo ‘intentando encontrar a Dios entre la niebla’, como don Miguel, pero en vez de la tupida barba blanca se topó con esa baba verde que el falso sacerdote va dejando en el cáliz, manchado de ignominia.

Y en el Cáliz y en la Hostia
Ya no hay más que babas
Del gran conserje Pedro
Oh, Pedro, Pedro, que vendiste las llaves
del templo.

A pesar de todo, nunca se hundió nuestro poeta ‘en el cieno de la tierra’ como esa piedra pequeña con la que comparara su propia vida en aquel inolvidable poema de ‘Versos y oraciones de caminante’, su primer gran libro.

Quiso dar con un camino personal intransferible por el que llegar a la médula de la justicia; al sentido de ese mundo de sinsentidos –pues solo en el compromiso y en la lucha por los derechos del hombre encontró León Felipe una respuesta a su desazón existencial.

¡Justicia, que bien la necesita el español!
¡Justicia, relincha Rocinante!

Justicia. A manos llenas. A grito pelado. ‘Con un grito de estopa en la garganta’. Justicia, contra los cuarteles, los paredones, los falsificadores de medallas y trofeos, contra los poetas tramposos también…’

Ahora que la justicia vale
Menos que orín de los perros.
Ya no hay locos.
En España ya
No hay locos’
.

Muchas –demasiadas veces- le tocó al poeta soportar los manteos y las burlas en ventas de Juanes Palomeques cargados de razón; la razón de los que están lejos de la ‘honda raíz del grito’. ¡Y cuantas veces te gritamos que nos hagas un sitio en tu montura y nos lleves contigo, por tu camino de perfección y purificación entre la sangre derramada en los acicates del día, a esa otra Ínsula Barataria donde seguro que ahora habitas impartiendo la inequívoca justicia del pueblo, sabio y sin ripios!

León Felipe avanza por una trocha pisoteando ortigas con sus chirucas de piel curtida.

La palabra Democracia la ha pisoteado el Ku-Klux-Klan’. El viejo vate norteamericano que Lorca cantó ‘tan bello como un pájaro, enemigo de la vid’ es un punto de luz en el crepúsculo herido.

Ahora que el siglo XX llega a su fin y el hombre no es mucho mejor que cuando lo de las Cruzadas o lo del famoso suceso de Pilatos y el loco Profeta judío… ‘!Hay que relinchar!’ Y en los estercoleros fugaces los sicofantes preparan sus rituales colectivos de exterminio bailando en torno a los becerros dorados –ahora se llaman dinero a espuertas, nacionalismos estrechos, fundamentalismos religiosos- pero… ¿a dónde irá este poeta errante llamado León Felipe?, ¿a dónde, qué camino ha elegido este viejo solitario, apartado del redil, silbando siempre la eterna sinfonía de un ‘viejo y roto violín?’.

Seguramente, va a encontrar en cualquier plaza, en cualquier calleja de un pequeño pueblo castellano, con los estandartes, las reliquias que ya solo le quedan al hombre para seguir viviendo con esperanza. Va a reivindicarlos…

El olor a chorizo y a morcilla, que sale de un ventanal donde una madre canta un romance de amor; el gorjear atropellado de los gorriones, huyendo de dos niños que juegan a cazadores cerca del campanario de la iglesia… O el sabor de las migas después del trabajo.

Y el derecho a compartirlos con el que nunca le dio este invento ni para un traje nuevo. El derecho a la dignidad de no tener que pasar sobre el cadáver de otro hombre para poder vivir bien.
-

Esa dignidad pisoteada por todos –y cada vez son más- Ku-Klux-Klanes del mundo, los de aquí, los de allí y los de más allá.
León Felipe, sigue tu camino, que nosotros te seguiremos porque ‘también tenemos hambre y sed de justicia.
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(*) Víctor M. Irún es profesor de Literatura

(TEXTO DE LAS PÁGINAS 33-34 DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’, Nº 5, JULIO DE 1996)