miércoles, 16 de abril de 2008

José Mª Amigo Zamorano: 'Porros en un enero rojo'

Lo llamó enero rojo porque, por entonces, llevaba varios días que, a la caída de la tarde, cuando se adentraba en el robledal, el sol parecía enrojecer el bosque dando la sensación de estar en pleno verano.

A él el colorido le animaba. La atmósfera que lograba crear le atraía como un imán. Se sentaba en un tronco y se liaba un pitillo de marihuana. Luego lo prendía, daba unas caladas y respiraba profundamente. ¡Uf! era como tomarse un trago de optimismo.

Pero la tarde que narramos se metió más en la arboleda y cuando quiso volver sobre sus pasos la noche se le abalanzó de repente y no supo enontrar el camino de retorno. No le dio importancia, porque no quería encontrarse con su mujer y sus hijos quienes, en su estado soñador, siempre se reían de él. De modo que se arrimó tranquilamente al tronco de un árbol y se lió un segundo porro. Salió la luna e iluminó el bosquecillo. Las sombras que proyectaban los árboles semejaban terribles monstruos que a otros hubieran encogido el ánimo, pero no a él que suscitaron una estruendosa y sonora carcajada que el silencio de la noche aumentó y el eco le devolvió quedándolo en suspenso.

-¡Coño! Otro que se ríe... ¡Eh, tú!... ¿Te ríes de mi?

Y el eco repitió: '¿Te ries de mi mi mi... ?

Giró en redondo. Miró en todas direcciones. Se estremeció. Comenzaba a hacer frío de verdad. Posiblemente estuviera ya helando. Echó a andar por una vereda que, la luz de la luna, descubrió iluminándola. En su andadura a veces se asustaba con los ruidos que sin cesar se oían. Por lo que comenzó a andar más rápido. Incluso a correr. Siempre que el sendero lo percibiera claramente. A ratos pensaba en la tontería que había hecho viniendo a pasear por estos andurriales tan alejados del poblado.

Es que se le estaban pasando los efectos de la yerba. Y veía con más claridad las cosas que le rodeaban.

Adquiría conciencia de lo solo que estaba en el mundo y lo poco que le importaba a los demás lo que pudiera sucederle. Se agrandaba el relieve de las ideas por las que había luchado: la unión de los trabajadores en pos de un ideal común de fraternidad. Enseguida le vinieron los versos de Goytisolo, aquellos que cantaba Paco Ibáñez: ' Un hombre solo, una mujer, así tomados de uno en uno, son como polvo, no son nada'. Los había dedicado a su hija Teresa. Pues eso: no era nada. Un grano de polvo en el espacio. Un grano andando sin rumbo por ese sendero, vereda, atajo o lo que fuere. Y que al parecer no tenía fin.

Un perro le salió al paso ladrándole. Enseñándole los dientes. Furioso. Tal vez hambriento. Y él era la chuleta con la que pensaba saciar su gazuza. Se iba acercando peligrosamente mientras ladraba.

¿Qué hacer? Ahora las ideas no le servían para nada. Necesitaba acción, también pensamiento. Pensamiento y acción para ahuyentarlo o matarlo. Pero... ¿cómo... ¡Un palo!... Pero, ¿dónde?... Si se volvía para coger una rama, el perro se lanzaba contra él... ¡Una piedra!... ¡Joder, esta!... Se la tiró. El perro se retiró un poco, lo que le permitió acercarse al trono de un roble y desgajar una rama que pronto convirtió en palo. Dejó acercarse, confiado, al perro dándole con el palo en los hocicos. El perro huyó aullando de dolor.

Se sintió más tranquilo al ver alejarse entre los árboles al perro.

Con el palo en la mano prosiguió su caminata. Al poco, se dio cuenta que la neblina de la droga se había disipado por completo. Al fondo del sendero aparecían luces. ¡Su pueblo! ¡Su poblado! ¡Su tribu! El frío en ese momento era ya muy intenso, pero, por fortuna para él, en su lucha contra el perro no solo el animal había huido, también se había ido el frío. Lo que para su desgracia no había desaparecido era la soledad... La angustiosa soledad que rodea su cuerpo, hasta casi axfisiarlo en ese enero rojo...

Abrió los ojos.

-¡Papá! Ya amanece. Es hora de levantarse.

lunes, 14 de abril de 2008

14 de Abril: ¡Viva la República!

Diario:

hoy es 14 de Abril. Día de la República. Un día de derrota. Una festividad de derrota.



El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República Española. Desde ese mismo instante los perdedores se conjuraron para derribarla. Efectivamente, en 1936 se sublevaron al mando de unos generales felones, quienes a sangre y fuego la derrotaron. A pesar de la heroica resistencia del pueblo.

Ha pasado mucho tiempo. Es verdad. Pero, ahora, en este mismo momento, en este mismo instante histórico, el jefe del estado de España y, además, jefe de los ejércitos ha sido nombrado por uno de esos generales felones: Franco Bahamonde que fue dictador durante muchos años en España.

Se trata de Juan Carlos I. Rey. De España. Nombrado a dedo por un golpista. Por un terrorista. Pues si. Pero hoy le tenemos de flamante rey. Curiosidades de la historia.

martes, 8 de abril de 2008

Jean-Joseph Rabearivelo: Viejas canciones de Imérina

Jean-Joseph Rabearivelo


Viejas canciones de Imérina
Traducción de Rogelio Martínez Furé


¡Rendid, rendid homenaje a la Ciudad-de-los-Mil(*), no faltéis, no faltéis a la Bella-Colina! Qué extrañas son las jóvenes de Iarive: apenas se las cruza en el camino, que ya dicen: '¡Dadme dinero!' Vayamos más lejos si queremos buscar mujer; si allá los frutos de las higueras no nos sacian, al menos disfrutaremos de la enramada que dispensan sus hojas.


Vieilles chansons des pays d'Imérina


(*) Antananarivo

viernes, 28 de marzo de 2008

Charles Nokan: 'Bandama'

Bandama

de Charles Nokan (Zègua Nokan)

 
Vi la sangre, Bandama, inundar tus verdes riberas.
Vi aguas del N'Zi llevar cadáveres de mis hermanos.
Fue, lo recuerdo muy bien, en febrero de 1950,
y el viento aciago soplaba sobre el país baulé.
Todo... todo... todo estaba empapado de dolor,
y mi recelo se hundía en un océano sombrío.
Vi más tarde a las mujeres marchar caminando
por encima de las prisiones y seguir probando
todos, todos los sufrimientos del universo.
Fue, si, en ese terrible día de febrero de 1950,
y mi sospecha se ahogaba en el mar tenebroso...


*

(versión libre de José Mª Amigo Zamorano del poema 'Bandama')

martes, 18 de marzo de 2008

Jean-Paul Sartre: Mas sobre la negritud

Jean-Paul Sartre dice:

"Y si el sacrificio, un día, se consuma, ¿qué ocurrirá? ¿Qué ocurrirá si el negro, despojándose de su negritud en provecho de la Revolución, ya no quisiera considerarse sino como un proletario? ¿Qué ocurrirá si no se deja ya definir sino por su condición objetiva? ¿Si se obliga para luchar contra el capitalismo blanco, a asimilar las técnicas blancas? ¿La fuente de la poesía se agotará? ¿O bien el gran río negro coloreará, a pesar de todo, el mar en que se lance? No interesa: a cada época su poesía. en cada época las circunstancias de la historia eligen una nación, una raza, una clase, para retomar la antorcha, creando situaciones que no pueden expresarse, o trascenderse, sino por la Poesía. Y ora el impulso poético coincide con el impulso revolucionario, ora divergen. Saludemos hoy la posibilidad histórica que permitirá a los negros, como dice Césaire,


"lanzar con tal rigidez el gran río negro que los cimientos del mundo serán quebrantados." (*)

Jean-Paul Sartre en 'Orfeo Negro', página 105 del libro 'El negro y su arte' que consta de dos partes; a saber: una 'El negro danzarín y cantor' (en el índice 'Extasis en negro') de Bertrand Wolfe y otra 'Orfeo Negro' de Jean-Paul Sartre; traduce Bernardo Guillén. Editorial Deucalion, Buenos Aires 1956, en la colección 'Todo lo nuevo'.

Este párrafo lo cita C. Wauthier en su obra 'El África de los africanos' en la página 328, líneas 27 a 44.


(*) pousser d'un telle raideur le grand cri nègre que les assises du monde en seront ébranlées

martes, 19 de febrero de 2008

Vicente Huidobro: Casa

CASA


Sobre la mesa
El abanico tierno
Un pájaro muerto en pleno vuelo

La casa de enfrente
blanca de yeso y nieve

En el jardín ignorado
Alguien pasea
Y un ángel equivocado
Se ha dormido sobre el humo de la chimenea

Para seguir el camino
Hay que recomenzar

Quién Escondió Las Llaves
Había tantas cosas que no pude contar.

*
Vicente Huidobro

martes, 29 de enero de 2008

Goethe: Desprecia la Ciencia y la Razón

Escena IV

(Mefistófeles, con las ropas talares de Fausto; luego Discípulo)


Goethe

Mefistófeles:

Desprecia solamente la razón y la ciencia, la suprema fuerza del hombre; deja tan solo que con artilugios de relumbrón y magia te corrobore el espíritu del engaño, y así serás ya mío sin condiciones...
Diole a él la suerte un espíritu que siempre indómito corre hacia adelante, y cuyo atropellado anhelo salta por sobre los goces de la Tierra. Tras de mi he de arrastrarle a través de la bárbara vida, por entre la chata insignificancia; se me agarrará, se me quedará prendida, se pegará a mi, y comida y bebida se cernerán ante los ávidos labios de su insaciabilidad; en vano implorará satisfacción, y aunque no se hubiera entregado al diablo habría de todos modos de irse a los profundos.

(entra un discípulo)

Fausto, escena IV, de Johan Wolfgang Goethe (ver cuadro); traducción de Rafael Cansinos Asséns