viernes, 9 de marzo de 2007

Rafael Morales: 'Gerardoalba'


GERARDOALBA

(A Gerardo Diego. In memoriam)


Al alba. Siempre al alba.

Las azucenas tienden camisas

blancas

y saltan los cuchillos del agua.

Es una carta en blanco

la esperanza.

Canta, Gerardo, canta,

porque tu vida es larga, larga, larga

y la muerte no podrá acabarla.

Resucitarías en tu palabra.

¡Oh, tú, Gerardoalba, siempre alba!


Rafael Morales


EN LA PÁGINA III DE LA 'FONTANA SONORA', SUPLEMENTO DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' NÚMERO 5 DE JULIO DE 1996

Manuel Blanco Chivite: Cualquier Tiempo Pasado Fue Peor

Cualquier Tiempo Pasado Fue Peor



por Manuel Blanco Chivite


Reseña:

Título: La década oscura (1940-1950)
Autor: Luis Garrido
Editorial: VOSA
Ciudad: Madrid
Año: 1994
(donado por el Ayuntamiento de Las Navas)

La 'Década oscura' comienza en Las Navas del Marqués y nos habla del tiempo y el lugar en el que aconteció su origen –el de Luis Garrido, su autor- su nacimiento al trabajo, a los libros y a la escritura: la España de 1940 a 1950.

E incluso, antes, cuando Genaro, el ganadero de Las Navas, encuentra ‘caminando por la carretera a un mozalbete que huye de los borregos’.


Son recuerdos grises tirando en demasiadas ocasiones a negros, matizados por el ansia de vida y saber de un muchacho dedicado desde los trece años a ganarse los garbanzos y aprender por el viejo método de ‘compóntelas como puedas’.

La vida de Luis Garrido ha sido trabajo, duro trabajo, escritura y libros. Libros en el más amplio y completo sentido de la palabra: los ha escrito, editado, vendido… Librero desde hace muchos años, lo sabe casi todo del mundo del libro.

Pero, sobre todo, es escritor. Su obra ha sido juzgada, criticada, justamente elogiada y reconocida en cada nueva entrega. Sus novelas y libros autobiográficos se sitúan en la gran tradición novelística española que va desde Cervantes y la picaresca a Galdós, Baroja y a los grandes narradores de fondo de hoy día.

Allí, en la calle Hermosilla, de Madrid, tiene su librería Luis GARRIDO. Madrugador e inquieto, se ha hecho, durante años, sus diez o doce folios diarios. Allí fue destilando los recuerdos de ‘La década oscura’, ‘aquella época’ ominosa, fatal, triste, de gris y de sangre…

‘Era una época difícil… solo con que alguien pareciese policía te echabas a temblar…’.


Si se cantaba era ‘porque cantar siempre ayuda a pasar calamidades’. Tiempos en que ni Caperucita ni los pimientos podían ser rojos, sino ‘colorados’; en los que se apreciaba un número capicúa en el billete del tranvía porque… ‘la única esperanza de mejora para la gente era la suerte y un capicúa se tomaba como símbolo de un afortunado presagio’.

De ‘aquella época’, de aquellos trabajos, de aquellos temores –‘ten cuidado, hijo, ya ves lo que la ha pasado a tu padre’- de aquellos silencios a hierro y fusil, de aquellos sudores anónimos, ha extraído Luis Garrido este libro. Nos cuenta su vida, sólo eso, nada menos que eso, y lo cuenta bien, construyendo cuidadosamente, línea a línea, un fresco traspasado de sangre, carne y hueso, voces, risas…

En la ‘Década oscura’ están los menos importantes, aquellos de quienes nadie habla a no ser, de tarde en tarde, algún escritor o algún poeta. Gentes sometidas, las que solo contaban para trabajar, producir y callar… las más importantes, las que levantaron el país y, de paso, sobre su esfuerzo, se hicieron las grandes fortunas del franquismo.

En esa década, pues, se fraguó la vocación y la voluntad de futuro de Luis Garrido y el carácter de un hombre trabajador, tenaz y sumamente observador con una memoria admirable, gracias a la cual, casi medio siglo después, ha podido darnos estas páginas.

Páginas que son el grito de ‘tantos jóvenes frustrados en sus estudios, en sus oportunidades, en sus posibilidades de futuro’, en unos momentos en que todo, cultura, canciones, cine, tebeos, cuentos infantiles, periódicos, NODO, discursos políticos, ‘encubría la realidad y el que trabajaba recibía migajas y los que estabn en la cima se comían el pastel’.

Luis Garrido a los 13, a los 14, a los 15 años, cuando recorría Madrid para ir a trabajar, tenía a su padre preso en la cárcel de Burgos, por política, claro está. Inició su andadura bajo el signo del trabajo precoz y aún hoy sigue en el tajo. no es mala síntesis.

‘Mi generación –escribe al final- se pasó la vida reconstruyendo sin tener apenas tiempo de juzgar si era buena o mala su actitud’.

Tampoco a nosotros nos toca juzgar; lo que la generación de Luis Garrido hizo posibilitó casi todo lo vino después, quizá todo. Y en este caso, y en nuestro país, si se puede decir que cualquier tiempo pasado (entre 1939 y 1975) fue peor; aunque, para muchos vaqueros de Las Navas del Marqués, ahora, el viento del Mercado Común Europeo le haya aventado parte –si no toda- de la cabaña ganadera.

Manuel Blanco Chivite, editor, periodista, autor de numerosas novelas, sobre todo negras, estuvo condenado a muerte en 1975 por el franquismo.


SE PUEDE LEER EN LA PÁGINA 26 DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’ NÚMERO 5 DE JULIO DE 1996

OVIDIO PÉREZ MARTÍN: 'Fragmentos del diario...'


FRAGMENTOS DEL DIARIO DE DON ALONSO QUIJANO, EL BUENO, HALLADOS EN UN LUGAR DE CUYO NOMBRE NADIE QUIERE ACORDARSE

Nota: una mañana del mes de abril, en mi buzón, encontré un pequeño paquete atado y lacrado. Estas ‘Memorias de don Alonso Quijano, era su misterioso contenido. Una nota me prometía ‘futuros envíos’. Desde aquí mi agradecimiento al anónimo remitente. Tal y como recibí estas memorias, sin faltar punto ni coma, las envío a la revista ‘Caminar Conociendo’

Fragmento primero


'Y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio'.
Cervantes


Fina ironía la de Cervantes cuando escribió esto. El mismo fue un gran lector y nadie le tomó por loco. Cuerdo y bien cuerdo hay que estar para escribir con tanto tino y fino ingenio como él hizo. Es de todos sabido que la lectura aviva el juicio y, si este se pierde, ayuda a restaurarlo. Si, además, por el mucho leer se duerme menos, por la misma razón se vive más. Yo siempre sembré mis tierras y recogí las mejores cosechas, lo que quiere decir que regía bien mi mollera. Pero donde Cervantes destila su mejor ironía es cuando dice: 'Rematado ya su juicio vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo y fue que le pareció convenible y necesario... hacerse caballero andante'. Todos sabemos que cualquier hombre que se precie, sin estar rematado en su juicio, mas bien en el mejor estado de lucidez, viene a dar en este razonable pensamiento: salir de casa e irse por el mundo, bien de caballero andante, bien de correcaminos, o de romero o... Lo que ocurre es que el ama, o la mujer, o los hijos, o el miedo, o el misterio, o todo ello reunido, hace desistir. Pero este es el más común pensamiento de los hombres. Todos deseamos ir a otra parte, pero son muy pocos los que se atreven. Algunos hacen el viaje de destierro dentro de su vecindad... De este razonamiento deduzco que Cervantes ironizaba y, para no ser desterrado por anarquizante, lamaba locura a la cordura. Sin estar loco él fue correcamino y caballero andante. Pero, sobre todo, en cualquier momento difícil construía puentes para pasar de su situación real a países imaginarios, aventura propia del que en nada se parece a los árboles, que allí donde nacen mueren.



Copió estas memorias Ovidio Pérez Martín que es abulense, maestro de primaria y poeta; autor entre otros, del poemario 'Cuaderno'.

TOMADO DE LA PÁGINA IV DE 'FONTANA SONORA', SUPLEMENTO DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' NÚMERO 5 DE JULIO DE 1996


OVIDIO PÉREZ MARTÍN: 'Fragmentos del diario...'


FRAGMENTOS DEL DIARIO DE DON ALONSO QUIJANO, EL BUENO, HALLADOS EN UN LUGAR DE CUYO NOMBRE NADIE QUIERE ACORDARSE

Nota: una mañana del mes de abril, en mi buzón, encontré un pequeño paquete atado y lacrado. Estas ‘Memorias de don Alonso Quijano', era su misterioso contenido. Una nota me prometía ‘futuros envíos’. Desde aquí mi agradecimiento al anónimo remitente. Tal y como recibí estas memorias, sin faltar punto ni coma, las envío a la revista ‘Caminar Conociendo’


Fragmento segundo


'La del alba sería...' Cervantes


¿Cómo pudo Cervantes conocer mi pensamiento y deseo de marcahrme antes del alba y dejar este mi lugar donde apenas pasa otra cosa que las estaciones del año? Aquí se suceden los días como se sucede, inetrminable, la llanura. Arar la tierra, cuidar las merinas, mantener la troje con grano, con leña el corral... y seguir soñando al amor de la lumbre en la hora del alba... Fueron muchas las noches pasadas de claro en claro convenciéndome para escapar. He salido muchas veces a la hora del alba con mi galgo a cazar y hubiera querido perderme por los caminos para no regresar a la monotonía. Pero siempre, al atardecer, la conceincia apremia y, con las sombras pisándome los talones, he regresado al lugar, para inmediatamente soñar con irme de nuevo. ¡Qué gran escritor, Cervantes! Logró adivinar mis sueños y los escribió casi tal y como yo los soñaba al amor de la lumbre. Hasta acertó con exactitud la hora que yo hubiera elegido para cumplir mis sueños. 'La del alba sería...' Siento nostalgia de esa hora del alba que nuca cristalizó en salida. Y leo y releo continuamente esa página del gran libro y, a veces, siento como si de verdad yo fuera don Quijote.

Copió estas memorias Ovidio Pérez Martín que es abulense, maestro de primaria y poeta; autor, entre otros, del poemario 'Cuaderno'.

En la página IV de 'Fontana Sonora', suplemento de la revista 'Caminar Conociendo' número 5 de julio de 1996

OVIDIO PÉREZ MARTÍN: 'Fragmentos del diario...'


FRAGMENTOS DEL DIARIO DE DON ALONSO QUIJANO, EL BUENO, HALLADOS EN UN LUGAR DE CUYO NOMBRE NADIE QUIERE ACORDARSE

Nota: una mañana del mes de abril, en mi buzón, encontré un pequeño paquete atado y lacrado. Estas ‘Memorias de don Alonso Quijano, era su misterioso contenido. Una nota me prometía ‘futuros envíos’. Desde aquí mi agradecimiento al anónimo remitente. Tal y como recibí estas memorias, sin faltar punto ni coma, las envío a la revista ‘Caminar Conociendo’

Fragmento cuarto


Y ya es hora de que lo sepáis: Cide Hamete a quien Cervantes propone como autor del manuscrito donde encontró la inimaginable historia de don Quijote, no es otro que Alonso Quijano, personaje desdoblado de los dos anteriores, el original, vuestro seguro servidor -ya un poco viejo y aún vivo a pesar de haberme matado mi amigo don Miguel con una muerte que ya me gustaría a mi que así fuera- y el otro, el Ingenioso Hidalgo, sublimación del primero. También Cide Hamete es un personaje creado por don Miguel pero en cierto modo real. Pues aunque yo nunca escribí tales manuscritos, si fue cierto que muchas historias que en el Quijote aparecen se las conté yo al amor de la lumbre y yo las había imaginado en las interminables noches de invierno, cuando el insomnio y la aventura me acometían bajo las sábanas.

Y es que mi hogar fue siempre puerto para extraviados. Y extraviado llegó a mi puerta don Miguel, lleno de sueños y melancolía, abatido el ánimo y recién salido de la cárcel. De mia pláticas y sus fantasías surgió el Ingenioso Hidalgo... Todo lo que podemos llamar crónica de las Españas de nuestro tiempo, el mío y el de don Miguel, surge de cuantas pláticas tuvimos al amor de la lumbre, en las largas noches manchegas con la nieve cubriendo barbechos y sembrados.

Quede claro que nunca fui de aventuras de caballero andante, lo que mucho me pesa y que, como labrador, mis campos estuvieron labrados con primor siempre, eso es. Y la hora del alba -'La hora del alba sería'- nunca llegó para la aventura, sí a diario para mi trabajo. Aunque nuca es tarde si la dicha es buena.


Copió estas memorias Ovidio Pérez Martín que es abulense, maestro de primaria y poeta; autor entre otros, del poemario 'Cuaderno'.


En las páginas de 'Fontana Sonora', suplemento de la revista 'Caminar Conociendo' número 5 de julio de 1996

Juan C. García Jiménez: 'Aún Perdura'

Bernini




AUN PERDURA

Juan Carlos García Jiménez

Juan Carlos se encuentra por el camino con una andariega de tomo y lomo, Santa Teresa 'La Santa' (que así la llaman en Ávila) con motivo de una macroexposición 'Teresa y el siglo XVI: Castillo Interior'. Y... por muchos otros que a nadie se le escapan. Santa Teresa es muy compleja; de modo que el autor del artículo se limita a hacer un recorrido sencillo, como tal vez le hubiera gustado a esta escritora, pero esencial; desde el Convento de la Santa y sus alrededores hasta el puente romano que cruza el río Adaja; luego a la Catedral donde acudió a rezar 'La Santa' tras la muerte de su madre; el Convento de Gracia donde comenzó su educación con las agustinas.

Abandona el convento por motivos de salud y, tras su estancia curativa por la provincia, su vocación se revela definitivamente y entrará a formar parte del convento de contemplativas del Carmen de la Encarnación. Un cenobio diferente de lo que hoy conocemos no tanto en el aspecto externo como en la organización interna. Allí Teresa experimenta incipientes explosiones místicas y comienza su 'calvario' de fe particular que la encumbrará posteriormente en los altares. Gravemente enferma, tentada por el maligno, al final conseguirá ver al Señor y convertirse definitivamente ante su imagen -tenemos en la casa natal una reproducción magnífica de la escena de Cristo Castigado contemplado por Teresa sorprendida-. Su ebullición mística su inquieto espíritu la llevaron a recorrer todod los templos de la ciudad en oración: buscaba a la Virgen de la Soterraña en la Cripta de San Vicente -hoy todavía allí- y ante la cual acabará por descalzarse inagurando así un símbolo de humildad que posteriormente definirá al Carmen Reformado; entraba en la Catedral ¡Cómo olvidarse de su querida madre la Virgen de la caridad!; no podía faltar nuestro Señor, y para ello acudía al convento dominico de Santo Tomás; donde tendrá importantes visiones, como aquella de San José y la Virgen imponiéndole un collar en presencia de la Santísima Trinidad y que hoy preside la Iglesia del Convento de Santa Ana.
Ajetreada vida espiritual y de oración que la conduce cada vez al señor. Grandes personajes la apoyan con su aliento y confesión: Baltasar Gracián (jesuita), San Pedro de Alcántara (franciscano) y más adelante el pequeño fraile carmelita abulense, Juan de Yepes (San Juan de la Cruz).
Dos actividades comienzan a confluir en la madre Teresa: escritora (alguna de sus obras la redactó en Ávila) y fundadora. De esta última tenemos en Ávila el primer testigo del Carmen nuevo, San José de Ávila. Dos humildes casas sacadas adelante con más problemas que apoyos, sin olvidar a Doña Guiomar de Ulloa, proetctora y amiga de Teresa, cuya casa se mantiene en pie, cercana al nuevo convento.
Pronto Teresa deja de ser abulense para convertirse en universal difundiendo su Reforma. Volverá a la Encarnación donde le esperan una comunidad levantisca y un San José, el Parlero, que le ayudará en todo lo que pueda. Pero cada día más se hace una mujer del mundo, y las huellas por Ávila pasan a difundirse por toda la geografía nacional. Perdimos una paisana para ganar la primera mujer doctora de la Iglesia. Recorrerá toda España para al final, dar con sus huesos en Alba de Tormes, donde parte de ellos allí reposan.
Sirvan estas breves líneas para animar a cuantos su inquietud se lo demande a que nos visiten y al modo de Teresa recorra edificios singulares de esta ciudad buscando ese encuentro con el Castellno del Castillo o lo que es lo mismo, recorriendo las huellas teresianas en Ávila buscando cada uno nuestro propio camino y destino.

Juan Carlos García Jiménez es Guía Regional de Turismo

Pagina V de 'Fontana Sonora', suplemento de la revista 'Caminar Conociendo' nº 5 de julio de 1996

jueves, 8 de marzo de 2007

'Honorarios' de Fernando Quiñones



No se envanezca Frost

de los 1.000 dólares por verso

ni de sus cenas con el Presidente,

que el joven al-Usbuni, llegado ayer de Málaga,

cobró 100 doblas por un elogio

y durmió luego con la reina.


Fernando Quiñones

(Crónicas de al-Andalús)