martes, 29 de enero de 2008

Goethe: Desprecia la Ciencia y la Razón

Escena IV

(Mefistófeles, con las ropas talares de Fausto; luego Discípulo)


Goethe

Mefistófeles:

Desprecia solamente la razón y la ciencia, la suprema fuerza del hombre; deja tan solo que con artilugios de relumbrón y magia te corrobore el espíritu del engaño, y así serás ya mío sin condiciones...
Diole a él la suerte un espíritu que siempre indómito corre hacia adelante, y cuyo atropellado anhelo salta por sobre los goces de la Tierra. Tras de mi he de arrastrarle a través de la bárbara vida, por entre la chata insignificancia; se me agarrará, se me quedará prendida, se pegará a mi, y comida y bebida se cernerán ante los ávidos labios de su insaciabilidad; en vano implorará satisfacción, y aunque no se hubiera entregado al diablo habría de todos modos de irse a los profundos.

(entra un discípulo)

Fausto, escena IV, de Johan Wolfgang Goethe (ver cuadro); traducción de Rafael Cansinos Asséns

miércoles, 23 de enero de 2008

Abdelkebir Jatibi: Devenir

Devenir


Los árboles proyectan sus frágiles sombras
entremexcladas
que se prolongan como un hastío de niño
La danza crepuscular de una hoja muerta
construye la geometría
del tiempo
mi acto se convierte en un hacha en la noche

jueves, 17 de enero de 2008

Grafiteclo con Perse

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Cuatro cabezas reacias al nudo del puño forman un vivo corimbo sobre el azul del cielo. Los fundadores de asilos se paran bajo un árbol y encuentran ideas para la elección de terrenos. Me muestran el sentido y el destino de las construcciones: cara de honor, cara muda; las galerías de laterita, los vestíbulos de piedra negra, y las piscinas de sombra clara para bibliotecas; construcciones muy frescas para los productos farmacéutícos.
Saint-John Perse en 'Anábasis'

miércoles, 2 de enero de 2008

Jacinto Herrero Esteban

El pueblo que andaba a oscuras
vio una luz intensa.
Sobre los que vivían en tierra de sombras
brilló una luz.

Isaias, 9,1



Estos días tan breves de solsticio
en diciembre, caminan, aunque a oscuras,
hacia otra luz hundida en el poniente.
No habrá lugar a la melancolía
pues el sol vencerá porque aun existe
y brilla a las espaldas de esta noche.
(Tal nuestra vida asida a la esperanza
de no morir). Volver a la costumbre
de abrir la puerta a la desierta calle
y caminar sobre la escarcha. Dile
que espere al corazón, que para todos
habrá un sol cegador tras de la niebla.
Son hermosos los árboles desnudos
húmedos del relente en madrugada.

Jacinto Herrero Esteban

Avila 2002

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Neruda: 'Oda al Cactus de la Costa'

Un día
para tí,
para todos,
saldrá
desde tu corazón un rayo rojo,
florecerás también una mañana:
no te ha olvidado hermano,
hermana
no te ha olvidado,
no
la primavera:
yo te lo digo,
yo te lo aseguro
porque el cacto terrible,
el erizado
hijo de las arenas
conversando
conmigo
me encargó este mensaje
para tu corazón desconsolado.

Y ahora
te lo digo
y me lo digo:
hermano, hermana,
espera,
estoy seguro:
No nos olvidará la primavera.

*
Pablo Neruda
(Nuevas odas elementales)

jueves, 6 de diciembre de 2007

José Mª Amigo Zamorano: El Alijar navero en Urbano Blanco Cea

Acabábamos de hacernos cargo, mi esposa y yo, de la biblioteca de Las Navas del Marqués cuando recibimos un libro de Urbano Blanco Cea. Entonces yo escribí una letras que he encontrado por casualidad en un anuario. Sé que se las envié al corresponsal de 'El Diario de Ávila'. Supongo que lo firmaría él como si fuera su autor. Por entonces hice muchos escritos que luego firmaban los corresponsales. Fui una especie de 'negro'. No me importaba. Lo que quería es que se hiciera público lo que hacíamos en la biblioteca. Lo de menos era la firma del autor. Lo recuerdo ahora que Urbano Blanco Cea me ha enviado, por correo electrónico, el último de sus libros: 'El Alijar jara en flor', número 36 de la colección 'el toro de granito' que dirige mi buen amigo el poeta Jacinto Herrero Esteban. Me dice que lo presentó, aquí, en Las Navas, en el nuevo local que ha inaugurado la Caja de Ahorros de Ávila hace pocos días. Tengo que decir que cuando me lo envió yo no tenía el 'ordenata' porque se me había estropeado. Pero, con las ganas de leer lo que había escrito, me fui a sacarlo a un ciber. Un poco caro me salió. Y más cuando me acerqué a la exposición de pintura que se exhibe en ese local de la Caja que he mencionado más arriba. Y es que allí estaba, a la venta, el libro de Urbano. Seguro que a los diose no les gustaron mis maldiciones: valía casi un tercio menos de lo que me había costado en el ciber.

En fin... lo que escribí, antaño, fue lo siguiente:

"Un hermoso libro de poemas, de pasta marrón, en papel verjurado, ha entrado en esta biblioteca. Su autor: Urbano Blanco Cea. Su título: Lágrimas de ciego. Del que se han impreso 500 y éste es el número 20. Número 20 que, en nuestra biblioteca, se ha transformado en 12.563.


Amigo Urbano, acabo, como quien dice, de llegar a tu pueblo, no te conozco de nada, no sé quién eres, pero quiero comunicarte que con este número 12.563 ya estás en esta biblioteca, ya has cumplido "emocionado el sueño de figurar en su catálogo".Que lo sepan todos los naveros. Que lo sepan los pinos y los robles. Que este pregón vaya de risco en risco. Y lo oiga hasta Magalia.


Los maestros que te enseñaron a leer sentirán con orgullo que su semilla germinó.


Los mecenas que han invertido en sueños saben que tienen una realidad tangible.


Las Navas del Marqués debe saber que tiene, si no un poeta, si un "diletante escribidor". Por sus poemas se pasean, como por un jardín florido, los románticos, junto a Machado y Lorca.


Sobre tus versos, "buenos o malos" o "buenos y malos" que tú ya sabes que "de todo hay en la viña del Señor", levita un espíritu romántico y también machadiano y lorquiano.

Si te digo que no vas con la moda, que no se hacen los poemas, hoy en día, así, no te descubro nada: en tu "exordio" nos aclaras que has hecho lo que te gusta, que se es feliz haciendo lo que se quiere.

Te animo a que sigas en esa línea de sinceridad. Sabes que, a veces, como dice Goethe, "nuestros hechos nos amargan la existencia". De modo que, siendo siempre uno mismo, es una manera, como otra cualquiera, de no amargarnos la existencia.

Yo suelo decir, de los álbumes de fotos, que son semejantes a panteones donde vamos guardando nuestras muertes sucesivas. Así los libros en las bibliotecas. Así el tuyo. Pero, al menos, se guarda en un lugar cálido. Y entrañable para ti. Y no en los gélidos frigoríficos que son esos panteones donde yacen, descansando de su arduo y duro trabajo a pico y pala, príncipes y monarcas, como en El Escorial. Tu fragmento de vida podrá, así, ser hojeado o leído en esta Biblioteca Pública Municipal de Las Navas del Marqués: "tu pueblo amado", "tu hogar".

Y como deseo que lo conozcan... ¡todos!... ¡que lo sepan todos!... lo repito, bien en alto, para que mi voz llegue hasta el ganadero que está echándole forraje a su ganado, hasta el barrendero que recoge incesante las hojas caídas del otoño, hasta el obrero que va a Madrid por la mañana temprano, hasta el ama de casa colocando la loza en la alacena, hasta el cabrero de rostro curtido por los aires helados de los altos... ¿queda alguno?... ¡ah, si! ¡quedan, quedan!: el bancario, el maestro, el oficinista, el camarero, el librero... ¡Oidlo bien!: ¡Las Navas del Marqués tiene un diletante escribidor! ¡Se llama Urbano Blanco Cea!."

No sé lo que aparecería en el diario citado de todo esto que escribí. No guardo copias de eso. Soy un desastre. Pero, ahora, leído después de numerosos años, creo que poco tengo que añadir, salvo dos cosas: Una): si, Urbano escribe como se hace ahora. No hay tendencias en una dirección determinada. Eso se acabó. Ahora cada uno escribe como quiere. Como él. Y eso está muy bien. Dos): Urbano no es un poeta que cante a Las Navas, un bardo de las hazañas de su pueblo, es un poeta de Las Navas del Marqués, nacido en este pueblo abulense, enamorado de su tierra. Nada más.

Hacía, antes, mención de los artículos que por entonces escribí. Algunos estuvieron dedicados a esta colección, 'el toro de granito', que estuvo olvidada décadas y sus libros, abandonados o arrumbados por organismos como la Diputación, aparecían tirados por pasillos... ¡Una dejadez! Yo recordé esa desidia e hice un homenaje a la labor que, con esa colección, llevó a cabo el poeta Jacinto Herrero Esteban. Como eran muchos los poetas que incluyó, entre ellos grandísimos poetas como el nicaragüense Ernesto Cardenal o la española Carmen Conde, me dediqué a comentar solo los que eran de Ávila. Es decir, cinco a seis poetas, de los cuales había uno de Las Navas del Marqués que hoy está en Colombia como profesor destacaddo en Ciencias de la Comunicación, si mal no recuerdo. Del resto, me viene a la mente ahora un tal Moises Gómez, un abogado abulense que creo vive por la provincia de León (del que dicen que no es mal poeta y a mi no me gustó nada) y el propio Jacinto Herrero Esteban. Parece ser que el hecho de denunciar esa dejadez no le gustó a las autoridades. Es buena señal porque quiere decir que di en el blanco. Luego se vengarían no dando un duro para las actividades que se hicieron en la Biblioteca Pública Municipal de estas Navas que dicen 'del Marqués'. Lo cierto es que se agitó el ambiente cultural abulense que estaba por aquellos años muerto o al menos dormido y pocos después se reanudó la colección. Algo tuve que ver, para qué negarlo, en esa reanudación de la colección 'el toro de granito' que ahora ha publicado a otro navero: Urbano Blanco Cea.