1.-
Aquí estoy yo
Mussunda amigo
aquí estoy
contigo
con la firme victoria de tu alegría
de tu conciencia
O ió kalunga ua mu bangele
O ió kalunga ua mu bangele-lé-lelé…
Cuando volví
las casuarinas había desaparecido de la ciudad.
Y también tú
Amigo Liceu
voz consoladora de los ritmos calientes de la fiesta
en las noches de los sábados infalibles…
2.- “Fuego y ritmo”
Sones de grilletes en las carreteras
cantos de pájaros
bajo el verdor húmedo de los bosques
frescura en la dulce sinfonía
de los cocotales
fuego
fuego en el césped
fuego sobre las calientes planicies de Cayatte
Caminos largos
llenos de gente llenos de gente
llenos de gente
en éxodo de todas partes
caminos largos hacia los horizontes cerrados
más caminos
caminos abiertos por encima
de la imposibilidad de los brazos
Hogueras
danza
tam-tam
ritmo
Ritmo en la luz
ritmo en el color
ritmo en el son
ritmo en el movimiento
ritmo en las grietas sangrantes de los pies
descalzos
ritmo en las uñas arrancadas
Más ritmo
ritmo
¡Oh voces dolorosas de África!
3.- “Aquí en la cárcel”
Aquí en la cárcel
yo repetiría a Hikmet
si pensase en ti Marina
y en aquella casa con un abuelo y un niño
Aquí en la cárcel
yo repetiría a los héroes
si alegremente cantase
las canciones guerreras
con que nuestro pueblo aplasta la esclavitud
Aquí en la cárcel
yo repetiría a los santos
si les perdonase
las crueldades y las mentiras
con que nos destruyen la felicidad.
Aquí en la cárcel
la rabia contenida en el pecho
espero pacientemente
el paso de las nubes
por la fuerza de la historia
Nadie
impedirá la lluvia
4.- “Noche oscura”
¡Ay, es tan triste la noche sin estrellas”
Un día
mi sol cayó en el mar
y me anocheció
Un día empezó una noche sin estrellas.
Pero en la noche oscura
los corazones se levantan
¡Ah! ¡Es tan alegre la madrugada!
Sobre la curva del río del río Cuanza
el sol se sumerge
rojo
recortando en el horizonte sombras de palmeras.
Autor: Solidaridad.net- Fecha: 2005-01-01
(TOMADO DE LA WEB: http://www.solidaridad.net/articulo2372_enesp.htm
A la revista 'Caminar Conociendo', nº 5, se le han ido agregando escritos. Si desea ojear el número de ella retroceda hasta encontrar el índice, el staf o los titulares de la misma.
martes, 10 de junio de 2008
viernes, 6 de junio de 2008
José Mª Amigo Zamorano: "La de los ojos verdes"
En la localidad estaban de fiestas y aquel día se organízó una carrera ciclista. La plaza mayor fue invadida por automóviles con bicicletas en las bacas. Poco a poco fueron llegando ciclistas con sus llamativos y multicolores ropajes. Los vecinos se arrimaban a las vallas para ocupar los sitios mejores a lo largo de la calle principal.
Para los entendidos la carrera era importante ya desde hace años: Pero este año lo era aun más porque el premio se había incrementado considerablemente y se habían acercado figuras del ciclismo como moscas a la miel.
Una de ellas atraía las miradas de los espectadores. Sobre todo chicas. Era un ciclista de tez morena, faz angulosa, barba tan cerrada que, a pesar de estar bien rasurado, se le notaba el negreo en su cara. Mirada penetrante y sonrisa irónica. En ese momento se frotaba sus piernas morenas de músculos pronunciados por el ejercicio del pedaleo.
Cerca de él, junto a las vallas, unas chicas reían y lo provocaban con piropos:
-¡Morenazo! ¡Guapo! ¡Tío bueno!...
No hacía mucho caso acostumbrado, como estaba, a ese tipo de demostraciones.
Se le acercó un compañero y se levantó para hablarle. Miró casualmente hacia donde estaban las mozas. Una de ellas, aunque sonreía como las otras, le pareció diferente: pelo corto, cara muy blanca y redonda, ojos verdes, grandes y luminosos. Mientras charlaba con el otro ciclista sus miradas se cruzaron y ella se encendió, coloreándosele la cara como un tomate. Tanto que a él le pareció hermosísima. ¡Vamos, que se quedó prendado de la moza! Y a pesar de los llamamientos a que se pusieran en la línea de salida se le quedó grabada la cara.
Se colocó en el lugar que decidieron en el equipo. Hasta el fondo de la calle a ambos lados de las aceras se había colocado muchísima gente. Al ser las fiestas anuales del pueblo de cuando en cuando se oía la musiquilla de algún tiovivo, de los autos de choque o de vaya usted a saber que chiringuitos. Por donde extendía su vista destacaban por encima del público numerosas casetas de feriantes; a los puestos de churros o de fritangas, se unía ahora otros para preparar cocina turca o marroquí, y la venta ambulante de ropa de gentes hispanoamericanas: bolivianos, peruanos, ecuatorianos... hombres, mujeres y niños de rasgos andinos, pequeños, morenos... de ojos ligeramente achinados...
Miró hacia el punto donde había visto esos ojos verdes y luminosos. Pero ya no estaban las chicas. Se acercaba el coche de policía indicando que pronto comenzaría la carrera. El concejal de deportes dio la orden de salida. Eran varias vueltas por calles del pueblo. El sol calentaba de lo lindo. Al principio todos los ciclistas se lo tomaron con lentitud. Gozaban de las bellezas que les deparaba el pueblo al tanto que calibraban las dificultades del trayecto. En un tramo podían apreciar la impresionante mole del castillo y un fonde de valles cubiertos de pinares y robles.
Y, allí, encima de un risco, la vio. Era ella, la de los ojos verdes. Un ciclista le pasó rozando, se le puso delante y cuando quiso recrearse con la moza venía una curva que cerraba la vista del risco. Se quedó un poco defraudado.
Pronto olvidó este episodio, porque estando, como estaba, dispuesto a ganar se dio cuenta que algunos de los que corrían con él y que conocían el peligro de la velocidad que adquirían en momentos precisos se habían colocado más adelante y tenía que pasarlos o como mínimo colocarse lo más cerca posible para vigilarlos y cortar de raiz una escapada que después podía ser insuperable. Aun quedaban vueltas, pero no tenía que dejarse abandonar. Su experiencia le indicaba que cualquier liberalidad de pensamiento podría ser fatal paar una consecución positiva de la carrera ciclista. El era un profesional. Y a mucha honra. Tenía que concentrarse y nada ni nadie distraerlo del objetivo principal: ganar la carrera. Ni esa moza por muy hermosa que fuera. Que lo era. Pedaleó cun fuerza. El públicó le ovacionó y pronto se colocó paralelo a esos que sabía eran sus contrincantes más notorios.
-Te habías rezagado -le dijo uno.
-¡En qué estarías pensando! -exclamó otro.
-En dos buenas tetas -espetó el tercero riéndose.
Permaneció mudo, en parte porque venía una curva y en parte para no servir de chacota a sus compañeros uy amigos, aunque contrincantes.
En la curva creyó verla. No, no era ella. Por cierto, esa si tenía buen tetamen, pensó para si. Era curioso que no se hubiera fijado en esa parte de la anatomía de la moza de los ojos verdes. Lo atribuyó al hecho, cierto, de la hermosura de sus ojos que le atrajeron como un imán. Porque a él, precisamente a él, la delantera nunca le pasaba inadvertida. No había otra razón. Cuando volviera a verla, si la veía, que la vería. De eso no tenía ninguna duda. Ya haría ella por buscarlo, se fijaría en esos apéndices mamarios. Se sonrió para sus adentros. Y su razonamiento no nacía de una petulancia propia de de un ciclista que se cree el dios del mundo. Ni hablar. Surgía de la experiencia de otras carreras en otras localidades. Luego, sacaba esa conclusión del enrojecimiento de su cara. Una muestra de la atracción que la moza había sentido hacia él.
Pedaleó con ansia y se colocó a la cabeza del pelotón. Calculó que estarían por la mitad de la carrera. Era el momento en el que se va diezmando el grupo. Las fuerzas van fallando en los individuos peor preparados y se retrasan. Sienten un agotamiento que por momentos se transforma en angustia y se ven morir. De ahora en adelante cada vuelta era un tormento dificil de soportar. Muchos no podrían ni con su alma por muy etérea que fiera. Lo más seguro es que solo cuatro o cinco, como siempre, resistirían el ritmo acelerado al frente del pelotón. Esos eran los peligrosos. A esos tenía que tener a raya. Naturalmente ganaría. Como siempre. Alguno podría pensar que se repetía al decir, como decía, 'como siempre'. Pero era la pura verdad. No podía utilizar otra locución porque esta era la que resumía su historia en el el ciclismo. Si, siempre ganaba. En todo.
Para corroborar sus reflexiones, allí estaba. Era ella. La moza. Le ofrecía una botella de agua que agradeció. Lo agradeció por muchas cosas: porque tenía necesidad de agua, porque era una prueba del atractivo que tenía con las mujeres, porque necesitaba verla y también, por qué no, para calibrar el grosor, el volumen, la medida exacta de su delantera a la que antes no había prestado atención. En este caso el resultado no daba igual. Lo decía por la canción de los mozos y mozas del pueblo entonaban y llegaba a sus oídos: 'Hemos venido a emborracharnos y el resustado nos da igual ¡Alcohol, Alcohol, Alcohol!'. No podía é, el ciclista, el campeón, concordar con el estribillo: a él no le daba igual que la chica de ojos verdes, grandes y luminosos, tuviera buene pechera o fuera lisa como una tabla. En este caso el tamaño si que importaba. Su inspección con la mirada, claro, (la otra vendría después), logró una calificación más que notable. Los genitales lo captaron. Daba gracias en esre caso a que estuviera subido en una bicicleta y que los trajes fueran tan ajustados que no permitían el movimiento de su miembro viril. De lo contrario su vergüenza le saldría por todos los poros de su piel.
Estos pensamientos por poco casi le cuestan salir derrotado en la carrera. Se retrasó y cuando sonó la sirena de la policía municipal estaba lejos de sus contrincantes. Costole Dios y ayuda lograr que su rueda pisase la meta con unos centímetros por delante de los otros. Pero lo logró. Como siempre.
Después de descansar se dijo:
-Ahora, a por el otro triunfo.
Tenía pensado quedarse tarde y noche a la fiesta del pueblo. Pasó con sus compañeros por un bar. La vió. Allí estaba. En un bar. Hermosa. Cara redonda. Pelo corto. Ojos verdes. Luminosos. Reía. Lo miraba. Pero, ¡ay!, para su desgracia, estaba en brazos de otro.
*
Fdo: José Mª Amigo Zamorano
viernes, 30 de mayo de 2008
Aimé Césaire: 'Con todas sus fuerzas'
Con todas sus fuerzas el sol y la luna se estrellan,
los luceros caen como testigos demasiado maduros
y como una lechigada de ratones grises.
No temas nada, prevé tus crecidas aguas,
que si bien se llevan la ribera de los espejos
han salpicado lodo en mis ojos,
y veo, veo terriblemente, yo veo
que de todas las montañas de todas las islas
sólo restan los pocos dientes cariados
de la impenitente saliva de la mar
*
Aimé Césaire
MARTINICA
1913-2008
los luceros caen como testigos demasiado maduros
y como una lechigada de ratones grises.
No temas nada, prevé tus crecidas aguas,
que si bien se llevan la ribera de los espejos
han salpicado lodo en mis ojos,
y veo, veo terriblemente, yo veo
que de todas las montañas de todas las islas
sólo restan los pocos dientes cariados
de la impenitente saliva de la mar
*
Aimé Césaire
MARTINICA
1913-2008
lunes, 19 de mayo de 2008
José Mª Amigo Zamorano: 'La alegre otoñada de 'Fiat Umbra''
Alegre otoñada de 'Fiat umbra'

Ya hace unos día nos comunicó Isabel Escudero la salida de un nuevo libro de poesías suyo titulado 'Fiat Umbra' que la Editorial Pre-Textos le había editado. Estaba muy alegre. Y con razón no a todos le publica una editorial tan prestigiosa.
Conocemos, un poco, a Isabel Escudero. Su poesía. Su empeño poético. Su laborar cantando. 'Coser y cantar' se rotula uno de sus libros. Su lucha por la lectura en voz alta de la poesía. De modo que nos hemos dejado llevar por la caricia de las palabras. Por su rima. Su ritmo. Su cadencia. Por su música: 'Traca de trinos / trizan / la copa del pino'. Pasamos la vista por sus versos leves, ligeros, como lo hacemos, caminando, por las florecillas del sendero, dejándonos llevar por la belleza de su colorido. Sin detenernos a meditar en cada copla. Sin preocuparnos por los detalles. Sin pormenorizar su contenido. En una primera lectura.
Igualmente dejamos que nuestro oído capte los trinos, deleitándonos con al música sin pararnos a meditar en las diferencias de uno y otro canto. Que solo la música nos lleve. Sin importarnos saber el pico que modula esa canción que acompaña nuestro alegre caminar: 'Canta la alondra; / quien la escuche, a ella / ¡qué le importa!'. Henchidos de gozo por todo lo que existe.
Aun 'No sé si debo / hacer ver a los otros / lo que yo veo'. Duda Isabel y con razón, dándose cuenta de que cada uno tiene su 'cadaunada' que le nace, que le brota, de lo que ha vivido, de su historia personal, pequeña pero historia al fin y al cabo. Y es suya y es nuestra. Hay quien le emociona la vista del oleaje de los campos de trigos, cebadas y avenas, enrojecidos de amapolas, ondulados por el viento. Pero a otros no les dice nada, acostumbrados, como están, a las oleadas de vehículos ritmadas por el sonidos de los cláxones, cogidos de la mano de su abuelo por las tascas del barrio de su urbe. 'En el espejo / la verdad se mira: / Si me parezco mentira'. Podemos preguntarnos: ¿Verdad o mentira? Y eso qué mas da. Para unos es verdad absoluta porque es su vida y la reivindica. Y nadie, ni nada, va a distorsionar su poética leve, alegre, firme, su andar erecto por la vida. Y si algo le sale al paso con afán agresivo o feo lo neutraliza embelleciéndolo: 'Hermosura: / el sol sacando diamantes / de la basura'.
Muchos de los que lean el 'Fiat umbra' de Isabel Escudero, sentirán, como hemos sentido nosotros, una inundación de luz, claridad y alegría. Y, a pesar del título, sentirán un rejuvenecimiento. Ahora y en la hora de sus muertes. Notarán la primavera, aunque sea en el otoño o en el ocaso de sus vidas. Ahora y en la hora. Presente. La muerte. La muerte siempre presente. Pero no en danza macabra, en fúnebre cortejo, como en las 'Coplas a la muerte de su padre' de Jorge Manrique, sino con una cierta serenidad y risa, como la risa irónica de Pepe Bergamín, de quién cita unos versos de su último libro titulado, no por casualidad, 'Esperando la mano de nieve': 'Me estoy muriendo cada día / desde hace muchísimo tiempo; / no sé si desde que nací / soy un muerto de nacimiento'.
Esa reflexión irónica casi a las puertas de la muerte por parte de Bergamín ilumina la vida y la muerte de los demás. Es como un bálsamo. Tranquiliza: 'Aquel aro de mi niñez / me va llevando / tras él', dice la poetisa extremeña metiendose por las breñas del tiempo que se va. Tranquiliza la aceptación de la muerte como algo natural. Sin traumas. Para ello hay que irse preparando poco a poco: 'Cae la nieve / sobre el anciano: / cuando todo está escrito, / página en blanco'. Nombrándola. Citándola como cita el torero al toro. Mirándose al espejo de los ojos del toro. E ir contando de cuando en cuando las arrugas que el tiempo marca: 'A mis sesenta / aquí frente al mar: / olas que vienen y van'. Son como las llamadas de atención de la fugacidad del tiempo. De que él se va primero con pasos de plomo y luego con pasos de pluma. De todo ello tratan también los versos de la poetisa de Quintana de la Serena (Badajoz)
Las citas nos indican, ya, que la autora no ha variado su poesía; sigue siendo el proverbio, la copla, los haikus... estrofas de pocos versos... fogonazos, chispazos, bocaditos, pasteles pequeños... Cita a Machado (D. Antonio), muy admirado por la poetisa, a Bergamín (D. José), a Chicho Sánchez Ferlosio, o los poetas japoneses cultivadores del haiku como Yosa Buson y Hobayashi Issa. En las 190 páginas del libro, efectivamente, los deslumbramientos de esos chispazos o fogonazos son continuos desde el primero: 'Guadaña de luna / tiembla en el agua: / ¿de qué duda?' hasta el último: 'Mas por más atrás que miro, / no me acuerdo / de haber nacido'. Si bien está dividido en seis partes ante poniéndole un soneto de D. Antonio Machado y una larga cita de D. Agustín García Calvo 'compañero de mis días' y terminando, 'a modo de epílogo', con el 'Elogio del Ciprés' de Horacio en versión rítmica del ya mentado D. Agustín García Calvo.
En su reseña del diario ABC el profesor de literatura de la Universidad de Salamanca, García Jambrina, termina diciendo: 'Un oasis, en fin, de fresca tinta en medio de la aburrida pedantería literaria. Una canción que cuando suena, es de todos, porque, en verdad, no es de nadie. Ya lo dice la copla:
Para que no sea del todo
mía, con tinta robada escribo
la poesía.'
Qué vamos a decir nosotros si ya lo dice el profesor...

Ya hace unos día nos comunicó Isabel Escudero la salida de un nuevo libro de poesías suyo titulado 'Fiat Umbra' que la Editorial Pre-Textos le había editado. Estaba muy alegre. Y con razón no a todos le publica una editorial tan prestigiosa.
Conocemos, un poco, a Isabel Escudero. Su poesía. Su empeño poético. Su laborar cantando. 'Coser y cantar' se rotula uno de sus libros. Su lucha por la lectura en voz alta de la poesía. De modo que nos hemos dejado llevar por la caricia de las palabras. Por su rima. Su ritmo. Su cadencia. Por su música: 'Traca de trinos / trizan / la copa del pino'. Pasamos la vista por sus versos leves, ligeros, como lo hacemos, caminando, por las florecillas del sendero, dejándonos llevar por la belleza de su colorido. Sin detenernos a meditar en cada copla. Sin preocuparnos por los detalles. Sin pormenorizar su contenido. En una primera lectura.
Igualmente dejamos que nuestro oído capte los trinos, deleitándonos con al música sin pararnos a meditar en las diferencias de uno y otro canto. Que solo la música nos lleve. Sin importarnos saber el pico que modula esa canción que acompaña nuestro alegre caminar: 'Canta la alondra; / quien la escuche, a ella / ¡qué le importa!'. Henchidos de gozo por todo lo que existe.
Aun 'No sé si debo / hacer ver a los otros / lo que yo veo'. Duda Isabel y con razón, dándose cuenta de que cada uno tiene su 'cadaunada' que le nace, que le brota, de lo que ha vivido, de su historia personal, pequeña pero historia al fin y al cabo. Y es suya y es nuestra. Hay quien le emociona la vista del oleaje de los campos de trigos, cebadas y avenas, enrojecidos de amapolas, ondulados por el viento. Pero a otros no les dice nada, acostumbrados, como están, a las oleadas de vehículos ritmadas por el sonidos de los cláxones, cogidos de la mano de su abuelo por las tascas del barrio de su urbe. 'En el espejo / la verdad se mira: / Si me parezco mentira'. Podemos preguntarnos: ¿Verdad o mentira? Y eso qué mas da. Para unos es verdad absoluta porque es su vida y la reivindica. Y nadie, ni nada, va a distorsionar su poética leve, alegre, firme, su andar erecto por la vida. Y si algo le sale al paso con afán agresivo o feo lo neutraliza embelleciéndolo: 'Hermosura: / el sol sacando diamantes / de la basura'.
Muchos de los que lean el 'Fiat umbra' de Isabel Escudero, sentirán, como hemos sentido nosotros, una inundación de luz, claridad y alegría. Y, a pesar del título, sentirán un rejuvenecimiento. Ahora y en la hora de sus muertes. Notarán la primavera, aunque sea en el otoño o en el ocaso de sus vidas. Ahora y en la hora. Presente. La muerte. La muerte siempre presente. Pero no en danza macabra, en fúnebre cortejo, como en las 'Coplas a la muerte de su padre' de Jorge Manrique, sino con una cierta serenidad y risa, como la risa irónica de Pepe Bergamín, de quién cita unos versos de su último libro titulado, no por casualidad, 'Esperando la mano de nieve': 'Me estoy muriendo cada día / desde hace muchísimo tiempo; / no sé si desde que nací / soy un muerto de nacimiento'.
Esa reflexión irónica casi a las puertas de la muerte por parte de Bergamín ilumina la vida y la muerte de los demás. Es como un bálsamo. Tranquiliza: 'Aquel aro de mi niñez / me va llevando / tras él', dice la poetisa extremeña metiendose por las breñas del tiempo que se va. Tranquiliza la aceptación de la muerte como algo natural. Sin traumas. Para ello hay que irse preparando poco a poco: 'Cae la nieve / sobre el anciano: / cuando todo está escrito, / página en blanco'. Nombrándola. Citándola como cita el torero al toro. Mirándose al espejo de los ojos del toro. E ir contando de cuando en cuando las arrugas que el tiempo marca: 'A mis sesenta / aquí frente al mar: / olas que vienen y van'. Son como las llamadas de atención de la fugacidad del tiempo. De que él se va primero con pasos de plomo y luego con pasos de pluma. De todo ello tratan también los versos de la poetisa de Quintana de la Serena (Badajoz)
Las citas nos indican, ya, que la autora no ha variado su poesía; sigue siendo el proverbio, la copla, los haikus... estrofas de pocos versos... fogonazos, chispazos, bocaditos, pasteles pequeños... Cita a Machado (D. Antonio), muy admirado por la poetisa, a Bergamín (D. José), a Chicho Sánchez Ferlosio, o los poetas japoneses cultivadores del haiku como Yosa Buson y Hobayashi Issa. En las 190 páginas del libro, efectivamente, los deslumbramientos de esos chispazos o fogonazos son continuos desde el primero: 'Guadaña de luna / tiembla en el agua: / ¿de qué duda?' hasta el último: 'Mas por más atrás que miro, / no me acuerdo / de haber nacido'. Si bien está dividido en seis partes ante poniéndole un soneto de D. Antonio Machado y una larga cita de D. Agustín García Calvo 'compañero de mis días' y terminando, 'a modo de epílogo', con el 'Elogio del Ciprés' de Horacio en versión rítmica del ya mentado D. Agustín García Calvo.
En su reseña del diario ABC el profesor de literatura de la Universidad de Salamanca, García Jambrina, termina diciendo: 'Un oasis, en fin, de fresca tinta en medio de la aburrida pedantería literaria. Una canción que cuando suena, es de todos, porque, en verdad, no es de nadie. Ya lo dice la copla:
Para que no sea del todo
mía, con tinta robada escribo
la poesía.'
Qué vamos a decir nosotros si ya lo dice el profesor...
jueves, 17 de abril de 2008
Acaba de morir Aimé Césaire
PARÍS (AFP) - El poeta martiniqués Aimé Césaire, considerado el padre de 'la negritud', falleció este jueves, 17 de abril de 2008, a los 94 años de edad en Fort de France (Martinica), en el centro donde se encontraba hospitalizado desde el 9 de abril, informaron fuentes gubernamentales.
Un ejemplo de su poesía:
ELEGÍA
Un ejemplo de su poesía:
ELEGÍA
El hibisco no más que un ojo reventado de donde pende el hilo de una larga mirada, las trompetas de esparavanes el gran sable negro de los flamboyanes, el crepúsculo llavero siempre tintineante las arecas indolentes soles que jamás se pusieron por traspasadas por un alfiler que las tierras que se saltan la tapa de los sesos no dudan nunca en incrustarse hasta el corazón, los fantasmas horrorosos, Orion la extática mariposa que los pólenes mágicos crucificaron sobre la puerta de las noches cimbreantes los bellos tirabuzones negros de las cañafístulas mulatas altaneras cuyo cuello tiembla levemente bajo la guillotina y no te sorprendas si en la noche gimo más hondamente o si mis manos estrangulan más sordamente es el tropel de viejas penas que hacia mi olor negro y rojo en escolopendra alarga la cabeza y con una insistencia en el hocico aún blanda y desmañada busca más dentro mi corazón de nada me sirve entonces apretarle contra el tuyo y perderme en la espesura de tus brazos que acaba por encontrarlo y muy gravemente de manera siempre nueva lo lame amorosamente hasta que brota salvaje la primera sangre bajo las bruscas garras desplegadas del DESASTRE
miércoles, 16 de abril de 2008
José Mª Amigo Zamorano: 'Porros en un enero rojo'
Lo llamó enero rojo porque, por entonces, llevaba varios días que, a la caída de la tarde, cuando se adentraba en el robledal, el sol parecía enrojecer el bosque dando la sensación de estar en pleno verano. 

A él el colorido le animaba. La atmósfera que lograba crear le atraía como un imán. Se sentaba en un tronco y se liaba un pitillo de marihuana. Luego lo prendía, daba unas caladas y respiraba profundamente. ¡Uf! era como tomarse un trago de optimismo.
Pero la tarde que narramos se metió más en la arboleda y cuando quiso volver sobre sus pasos la noche se le abalanzó de repente y no supo enontrar el camino de retorno. No le dio importancia, porque no quería encontrarse con su mujer y sus hijos quienes, en su estado soñador, siempre se reían de él. De modo que se arrimó tranquilamente al tronco de un árbol y se lió un segundo porro. Salió la luna e iluminó el bosquecillo. Las sombras que proyectaban los árboles semejaban terribles monstruos que a otros hubieran encogido el ánimo, pero no a él que suscitaron una estruendosa y sonora carcajada que el silencio de la noche aumentó y el eco le devolvió quedándolo en suspenso.
-¡Coño! Otro que se ríe... ¡Eh, tú!... ¿Te ríes de mi?
Y el eco repitió: '¿Te ries de mi mi mi... ?
Giró en redondo. Miró en todas direcciones. Se estremeció. Comenzaba a hacer frío de verdad. Posiblemente estuviera ya helando. Echó a andar por una vereda que, la luz de la luna, descubrió iluminándola. En su andadura a veces se asustaba con los ruidos que sin cesar se oían. Por lo que comenzó a andar más rápido. Incluso a correr. Siempre que el sendero lo percibiera claramente. A ratos pensaba en la tontería que había hecho viniendo a pasear por estos andurriales tan alejados del poblado.
Es que se le estaban pasando los efectos de la yerba. Y veía con más claridad las cosas que le rodeaban.
Adquiría conciencia de lo solo que estaba en el mundo y lo poco que le importaba a los demás lo que pudiera sucederle. Se agrandaba el relieve de las ideas por las que había luchado: la unión de los trabajadores en pos de un ideal común de fraternidad. Enseguida le vinieron los versos de Goytisolo, aquellos que cantaba Paco Ibáñez: ' Un hombre solo, una mujer, así tomados de uno en uno, son como polvo, no son nada'. Los había dedicado a su hija Teresa. Pues eso: no era nada. Un grano de polvo en el espacio. Un grano andando sin rumbo por ese sendero, vereda, atajo o lo que fuere. Y que al parecer no tenía fin.
Un perro le salió al paso ladrándole. Enseñándole los dientes. Furioso. Tal vez hambriento. Y él era la chuleta con la que pensaba saciar su gazuza. Se iba acercando peligrosamente mientras ladraba.
¿Qué hacer? Ahora las ideas no le servían para nada. Necesitaba acción, también pensamiento. Pensamiento y acción para ahuyentarlo o matarlo. Pero... ¿cómo... ¡Un palo!... Pero, ¿dónde?... Si se volvía para coger una rama, el perro se lanzaba contra él... ¡Una piedra!... ¡Joder, esta!... Se la tiró. El perro se retiró un poco, lo que le permitió acercarse al trono de un roble y desgajar una rama que pronto convirtió en palo. Dejó acercarse, confiado, al perro dándole con el palo en los hocicos. El perro huyó aullando de dolor.
Se sintió más tranquilo al ver alejarse entre los árboles al perro.
Con el palo en la mano prosiguió su caminata. Al poco, se dio cuenta que la neblina de la droga se había disipado por completo. Al fondo del sendero aparecían luces. ¡Su pueblo! ¡Su poblado! ¡Su tribu! El frío en ese momento era ya muy intenso, pero, por fortuna para él, en su lucha contra el perro no solo el animal había huido, también se había ido el frío. Lo que para su desgracia no había desaparecido era la soledad... La angustiosa soledad que rodea su cuerpo, hasta casi axfisiarlo en ese enero rojo...
Abrió los ojos.
-¡Papá! Ya amanece. Es hora de levantarse.
lunes, 14 de abril de 2008
14 de Abril: ¡Viva la República!
Diario:
hoy es 14 de Abril. Día de la República. Un día de derrota. Una festividad de derrota.
hoy es 14 de Abril. Día de la República. Un día de derrota. Una festividad de derrota.

El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República Española. Desde ese mismo instante los perdedores se conjuraron para derribarla. Efectivamente, en 1936 se sublevaron al mando de unos generales felones, quienes a sangre y fuego la derrotaron. A pesar de la heroica resistencia del pueblo.
Ha pasado mucho tiempo. Es verdad. Pero, ahora, en este mismo momento, en este mismo instante histórico, el jefe del estado de España y, además, jefe de los ejércitos ha sido nombrado por uno de esos generales felones: Franco Bahamonde que fue dictador durante muchos años en España.
Se trata de Juan Carlos I. Rey. De España. Nombrado a dedo por un golpista. Por un terrorista. Pues si. Pero hoy le tenemos de flamante rey. Curiosidades de la historia.
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