viernes, 12 de septiembre de 2008

José Mª Amigo Zamorano: 'No todo se puede digerir'

Lo acabábamos de adoptar. Hacía pocos días. Era negro. De ojos saltones, brillantes, color de miel. Le íbamos cogiendo cariño. Jugábamos con él. Nunca se cansaba. Era buena señal. De buena salud, creimos.

Y desde el primer momento se llevó muy bien con el otro de raza blanca. También lo habíamos adoptado. Menos vivaracho, más tranquilo. De ojos azules un poco tristes.

Nuestro primer hijo dijo en tono de broma:

-Es un ensayo de multiculturalismo.

No lo decía porque se sintiera celoso, no. Había sido él, precisamente, el impulsor de las adopciones.

Este negrito comía mucho. De todo. Incluso le comía parte de la ración del otro.

Nuestro hijo decía:

-Un día, revienta.


-¿Por qué? Tiene hambre. Sabe dios dónde habrá estado... Mira esas pobres gentes que vemos en la tele... -razonó mi marido.

Entonces nos vinieron de golpe las imágenes de muchedumbres hasmbrientas rodando por caminos sin fin... las pateras atestadas de negros y negras, casi siempre delgados, pero no famélicos, dignos, aunque muchos de ellos tambaleantes por los muchos días de navegación sin comer y beber...

Era entonces cuando nos encorajinábamos. Atropellándose para salir a la memoria los hechos más crueles que la rapiña mundial había causado en la humanidad doliente y nos cagábamos en el capital imperialista y deseabamos que los pueblos del mundo corrieran, como hacía nuestro negrito particular tras el blanco, para romperle la coyunda que los ataba a la miseria.

Incluso personalizábamos individualizando en un personaje, más bien personajillo, pero otroz, a ese capital sin entrañas, bañado en sangre de los pies a la cabeza como dejó dicho Marx (D. Carlos) Le poníamos nombre: Leopoldo, rey de los belgas que tuvo para el solito al Congo. Al que robó y esquilmó. Y asesinó a miles de pobres congoleños. Y en ese empujarse para salir del olvido al teatro de muestro recuerdo salieron en primer lugar aquel horror de 'El corazón de las tinieblas' de J. Conrad o párrafos de la novela 'El fuego de los Orígenes' del congolés Emmanuel Dongola como este:

"Cierto día una veintena de abrumados obreros se negaron a continuar el trabajo pese a las amenazas del ingeniero jefe. El contramestre eligió cinco hombres al azar, entre ellos a Djermakoye, les puso un collar de dinamita alrededor del cuello y les hizo saltar por los aires. Lo demás volvieron inmediatamente al trabajo"

Pero no es lo mismo verlo por la televisión o imaginarlo leyéndolo que contemplarlo, a pequeña escala, en la proopia casa. Aquí la animalidad adquiere carta de naturaleza. Dura. No a los extremos del texto de Dongala, claro. Pero dura. Sin el cendal de la imagen o de la letra. Ahí lo teníamos, al negrito, comiendo y comiendo, voraz. Sin saciarse. A todas horas. Lo que fueses. Por lo que no nos asambrábamos de sus abundantes cagadas.

-¡Qué cagadas! ¡Cómo huelen, madre mía! -exclamaba nuestro hijo mayor.

Así debieron de ser los excrementos dejados por el rey Leopoldo, abundantes y hediondos.

Hemos seguido citando a este individuo. Mal hecho. Porque leopoldos ha habido en todas épocas y lugares. Y en una escala muy superior. Por ejemplo: la reina Victoria, de la Inglaterra victoriana imperial, le dio sopa con ondas a Leopoldito; o Felipe II de España... Y olvidándonos de monarcas y lechuguinos, o de lechuguinos y monarcas, recordamos las tropelías que los yanquis han hecho en los últimos años de nuestra historia y lo transforman en un enanito: el enanito Leopoldito.

De modo que al ver este negrito corriendo tras el blanquito, en nuestra casa, es como una representación de lo que harían los pueblos del mundo, los pueblos pobres del orbe, con los banqueros, generales, terratenientes, rabinos, imanes, obispos... si pudieran: se los comerían sin masticar... aunque después vomitaran... ya que todo no se puede digerir.

Lo decimos porque nuestro negrito particular, oriundo de España, callejero, vomitó el otro día. Al principio nos preocupamos. ¿Qué le habría pasado?... ¿Lo alimentábamos mal?... ¿habría ingerido algún veneno?... ¿Estaría caducada la comida?... Mas viendo, porque lo veíamos a diario, lo mucho que tragaba lo consideramos hasta lógico. No todo se podía digerir.

Empero, contemplando, como lo veíamos ahora, lo que aparecía a nuestra vista, el negro corriendo feroz a por el blanco, y arrancándole, como le arrancaba, pelos de la cabeza, ¡todo un mechón de pelos blancos!, con las uñas, y con las uñas se los llevaba a la boca y se los tragaba... enteros... el negrito... de ojos saltones... brillantes... color de miel... al que le íbamos cogiendo cariño... el pequeño de pelo de azabache... el gatito de pelo negro... el gatito negrito... ¡claro!... luego devolvía los pelos... los vomitaba...

Pues no todo lo que se come se puede digerir.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Txomin Goñi Tirapu enfrentándose con el poder

Como espectadores, y no como activos participantes, vemos todos los días en tele, u oímos por las radios, tal vez leemos en los periódicos polémicas y más polémicas: que si el Losantos y la Cope dijeron y la Ser contestó; el Rajoy por una parte y el Zapatero por otra se liaron y bla bla bla ¡Todo el circo mediático de la Monarquía! Y parece que en este mundo todo es así, de color de rosa. Luego vemos que continuamente son represaliados de distintas formas los auténticos luchadores del pueblo: esos que luchan honradamente contra injusticias y desafueros sin que detrás de ellos esté ninguna empresa, banco o sindicato, solo los que como él no se dejan amedrentar por el poder capitalista.
Esa es la cuota que les tiene reservada la Monarquía a los que no apean de sus labios que España mañana será republicana y no olvidan el origen espúreo de esta corona.

De entre las manifestaciones de esa represión, señalamos aquí, en este video, la ejercida contra Domingo F. Goñi Tirapu, vean:

http://www.dailymotion.com/video/x301qu_proceso-a-txomin-goni-tirapu_news

miércoles, 18 de junio de 2008

A los 25 años de la muerte de José Bergamín

Leemos en 'gure liburuak' nº 18 Zka. (EUSKAL HERRIKO IRAKUBLE KLUBA) boletín de la editorial Txalaparta bajo el título 'Bergamín en el recuerdo':



El 25 aniversario de la muerte de José Bergamín, acaecida el 29 de agosto de 1983, es la excusa para que sus amigos, entre los que se encuentran Miguel Castell, Alfonso Sastre, José Félix Azurmendi, Xabier Sánchez Erauskin, le brinden su cariño en torno a una serie de actos culturales que están preparando en su recuerdo 'queremos agradecerle el regalo de su entereza, de su humor, de su amistad, la huella profunda de su pensamiento y escritura y, desde luego, su amor por nuestro pueblo... '.

José Bergamín nació en Madrid en 1895. Escritor de la generación del 27, poeta, ensayista, autor de teatro, creador y director de la revista Cruz y Raya. Fue activo miliante de la cultura de la República, Presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y del Congreso Internacional de Escritores en Valencia. Exiliado en América y Europas... Insobornable crítico de la Transición, se autoexilió en Euskal Herria y falleció en Donostia.
El libro 'José Bergamín. Escritos en Euskal Herria' contiene una selección de los últimos artículos que el autor publicó en 'Egin' y 'Punto y Hora de Euskal Herria', cuya edición corrió a cargo de Xavier Sánchez Erauskin.

Luego el boletín de la editorial Txalaparta termina con unos versos de José Bergamín:



"Fui peregrino en mi patria desde que nací
y fue en todos los tiempos que en ella viví
y por eso sigo siéndolo ahora y aquí
peregrino de una España que ya no está en mí
Y no quisiera morirme aquí y ahora
para no darle a mis huesos
tierra española"

FOTO: TUMBA DE BERGAMÍN EN FUENTARRABIA. EL QUE LA MIRA ES, CURIOSAMENTE, MARAGALL EL QUE FUERA PRESIDENTE DE LA GENERALIDAD DE CATALUÑA.

martes, 10 de junio de 2008

AGOSTINHO NETO: Algunos poemas

1.-
Aquí estoy yo
Mussunda amigo
aquí estoy
contigo
con la firme victoria de tu alegría
de tu conciencia
O ió kalunga ua mu bangele
O ió kalunga ua mu bangele-lé-lelé…
Cuando volví
las casuarinas había desaparecido de la ciudad.

Y también tú
Amigo Liceu
voz consoladora de los ritmos calientes de la fiesta
en las noches de los sábados infalibles…


2.- “Fuego y ritmo”

Sones de grilletes en las carreteras
cantos de pájaros
bajo el verdor húmedo de los bosques
frescura en la dulce sinfonía
de los cocotales
fuego
fuego en el césped
fuego sobre las calientes planicies de Cayatte

Caminos largos
llenos de gente llenos de gente
llenos de gente
en éxodo de todas partes
caminos largos hacia los horizontes cerrados
más caminos
caminos abiertos por encima
de la imposibilidad de los brazos

Hogueras
danza
tam-tam
ritmo

Ritmo en la luz
ritmo en el color
ritmo en el son
ritmo en el movimiento
ritmo en las grietas sangrantes de los pies
descalzos
ritmo en las uñas arrancadas
Más ritmo
ritmo

¡Oh voces dolorosas de África!


3.- “Aquí en la cárcel”

Aquí en la cárcel
yo repetiría a Hikmet
si pensase en ti Marina
y en aquella casa con un abuelo y un niño

Aquí en la cárcel
yo repetiría a los héroes
si alegremente cantase
las canciones guerreras
con que nuestro pueblo aplasta la esclavitud

Aquí en la cárcel
yo repetiría a los santos
si les perdonase
las crueldades y las mentiras
con que nos destruyen la felicidad.

Aquí en la cárcel
la rabia contenida en el pecho
espero pacientemente
el paso de las nubes
por la fuerza de la historia

Nadie
impedirá la lluvia


4.- “Noche oscura”
¡Ay, es tan triste la noche sin estrellas”

Un día
mi sol cayó en el mar
y me anocheció

Un día empezó una noche sin estrellas.

Pero en la noche oscura
los corazones se levantan

¡Ah! ¡Es tan alegre la madrugada!

Sobre la curva del río del río Cuanza
el sol se sumerge
rojo
recortando en el horizonte sombras de palmeras.





Autor: Solidaridad.net- Fecha: 2005-01-01

(TOMADO DE LA WEB: http://www.solidaridad.net/articulo2372_enesp.htm

viernes, 6 de junio de 2008

José Mª Amigo Zamorano: "La de los ojos verdes"

En la localidad estaban de fiestas y aquel día se organízó una carrera ciclista. La plaza mayor fue invadida por automóviles con bicicletas en las bacas. Poco a poco fueron llegando ciclistas con sus llamativos y multicolores ropajes. Los vecinos se arrimaban a las vallas para ocupar los sitios mejores a lo largo de la calle principal.

Para los entendidos la carrera era importante ya desde hace años: Pero este año lo era aun más porque el premio se había incrementado considerablemente y se habían acercado figuras del ciclismo como moscas a la miel.

Una de ellas atraía las miradas de los espectadores. Sobre todo chicas. Era un ciclista de tez morena, faz angulosa, barba tan cerrada que, a pesar de estar bien rasurado, se le notaba el negreo en su cara. Mirada penetrante y sonrisa irónica. En ese momento se frotaba sus piernas morenas de músculos pronunciados por el ejercicio del pedaleo.

Cerca de él, junto a las vallas, unas chicas reían y lo provocaban con piropos:

-¡Morenazo! ¡Guapo! ¡Tío bueno!...

No hacía mucho caso acostumbrado, como estaba, a ese tipo de demostraciones.
Se le acercó un compañero y se levantó para hablarle. Miró casualmente hacia donde estaban las mozas. Una de ellas, aunque sonreía como las otras, le pareció diferente: pelo corto, cara muy blanca y redonda, ojos verdes, grandes y luminosos. Mientras charlaba con el otro ciclista sus miradas se cruzaron y ella se encendió, coloreándosele la cara como un tomate. Tanto que a él le pareció hermosísima. ¡Vamos, que se quedó prendado de la moza! Y a pesar de los llamamientos a que se pusieran en la línea de salida se le quedó grabada la cara.

Se colocó en el lugar que decidieron en el equipo. Hasta el fondo de la calle a ambos lados de las aceras se había colocado muchísima gente. Al ser las fiestas anuales del pueblo de cuando en cuando se oía la musiquilla de algún tiovivo, de los autos de choque o de vaya usted a saber que chiringuitos. Por donde extendía su vista destacaban por encima del público numerosas casetas de feriantes; a los puestos de churros o de fritangas, se unía ahora otros para preparar cocina turca o marroquí, y la venta ambulante de ropa de gentes hispanoamericanas: bolivianos, peruanos, ecuatorianos... hombres, mujeres y niños de rasgos andinos, pequeños, morenos... de ojos ligeramente achinados...

Miró hacia el punto donde había visto esos ojos verdes y luminosos. Pero ya no estaban las chicas. Se acercaba el coche de policía indicando que pronto comenzaría la carrera. El concejal de deportes dio la orden de salida. Eran varias vueltas por calles del pueblo. El sol calentaba de lo lindo. Al principio todos los ciclistas se lo tomaron con lentitud. Gozaban de las bellezas que les deparaba el pueblo al tanto que calibraban las dificultades del trayecto. En un tramo podían apreciar la impresionante mole del castillo y un fonde de valles cubiertos de pinares y robles.

Y, allí, encima de un risco, la vio. Era ella, la de los ojos verdes. Un ciclista le pasó rozando, se le puso delante y cuando quiso recrearse con la moza venía una curva que cerraba la vista del risco. Se quedó un poco defraudado.

Pronto olvidó este episodio, porque estando, como estaba, dispuesto a ganar se dio cuenta que algunos de los que corrían con él y que conocían el peligro de la velocidad que adquirían en momentos precisos se habían colocado más adelante y tenía que pasarlos o como mínimo colocarse lo más cerca posible para vigilarlos y cortar de raiz una escapada que después podía ser insuperable. Aun quedaban vueltas, pero no tenía que dejarse abandonar. Su experiencia le indicaba que cualquier liberalidad de pensamiento podría ser fatal paar una consecución positiva de la carrera ciclista. El era un profesional. Y a mucha honra. Tenía que concentrarse y nada ni nadie distraerlo del objetivo principal: ganar la carrera. Ni esa moza por muy hermosa que fuera. Que lo era. Pedaleó cun fuerza. El públicó le ovacionó y pronto se colocó paralelo a esos que sabía eran sus contrincantes más notorios.

-Te habías rezagado -le dijo uno.

-¡En qué estarías pensando! -exclamó otro.

-En dos buenas tetas -espetó el tercero riéndose.

Permaneció mudo, en parte porque venía una curva y en parte para no servir de chacota a sus compañeros uy amigos, aunque contrincantes.

En la curva creyó verla. No, no era ella. Por cierto, esa si tenía buen tetamen, pensó para si. Era curioso que no se hubiera fijado en esa parte de la anatomía de la moza de los ojos verdes. Lo atribuyó al hecho, cierto, de la hermosura de sus ojos que le atrajeron como un imán. Porque a él, precisamente a él, la delantera nunca le pasaba inadvertida. No había otra razón. Cuando volviera a verla, si la veía, que la vería. De eso no tenía ninguna duda. Ya haría ella por buscarlo, se fijaría en esos apéndices mamarios. Se sonrió para sus adentros. Y su razonamiento no nacía de una petulancia propia de de un ciclista que se cree el dios del mundo. Ni hablar. Surgía de la experiencia de otras carreras en otras localidades. Luego, sacaba esa conclusión del enrojecimiento de su cara. Una muestra de la atracción que la moza había sentido hacia él.

Pedaleó con ansia y se colocó a la cabeza del pelotón. Calculó que estarían por la mitad de la carrera. Era el momento en el que se va diezmando el grupo. Las fuerzas van fallando en los individuos peor preparados y se retrasan. Sienten un agotamiento que por momentos se transforma en angustia y se ven morir. De ahora en adelante cada vuelta era un tormento dificil de soportar. Muchos no podrían ni con su alma por muy etérea que fiera. Lo más seguro es que solo cuatro o cinco, como siempre, resistirían el ritmo acelerado al frente del pelotón. Esos eran los peligrosos. A esos tenía que tener a raya. Naturalmente ganaría. Como siempre. Alguno podría pensar que se repetía al decir, como decía, 'como siempre'. Pero era la pura verdad. No podía utilizar otra locución porque esta era la que resumía su historia en el el ciclismo. Si, siempre ganaba. En todo.

Para corroborar sus reflexiones, allí estaba. Era ella. La moza. Le ofrecía una botella de agua que agradeció. Lo agradeció por muchas cosas: porque tenía necesidad de agua, porque era una prueba del atractivo que tenía con las mujeres, porque necesitaba verla y también, por qué no, para calibrar el grosor, el volumen, la medida exacta de su delantera a la que antes no había prestado atención. En este caso el resultado no daba igual. Lo decía por la canción de los mozos y mozas del pueblo entonaban y llegaba a sus oídos: 'Hemos venido a emborracharnos y el resustado nos da igual ¡Alcohol, Alcohol, Alcohol!'. No podía é, el ciclista, el campeón, concordar con el estribillo: a él no le daba igual que la chica de ojos verdes, grandes y luminosos, tuviera buene pechera o fuera lisa como una tabla. En este caso el tamaño si que importaba. Su inspección con la mirada, claro, (la otra vendría después), logró una calificación más que notable. Los genitales lo captaron. Daba gracias en esre caso a que estuviera subido en una bicicleta y que los trajes fueran tan ajustados que no permitían el movimiento de su miembro viril. De lo contrario su vergüenza le saldría por todos los poros de su piel.

Estos pensamientos por poco casi le cuestan salir derrotado en la carrera. Se retrasó y cuando sonó la sirena de la policía municipal estaba lejos de sus contrincantes. Costole Dios y ayuda lograr que su rueda pisase la meta con unos centímetros por delante de los otros. Pero lo logró. Como siempre.
Después de descansar se dijo:

-Ahora, a por el otro triunfo.

Tenía pensado quedarse tarde y noche a la fiesta del pueblo. Pasó con sus compañeros por un bar. La vió. Allí estaba. En un bar. Hermosa. Cara redonda. Pelo corto. Ojos verdes. Luminosos. Reía. Lo miraba. Pero, ¡ay!, para su desgracia, estaba en brazos de otro.

*

Fdo: José Mª Amigo Zamorano

viernes, 30 de mayo de 2008

Aimé Césaire: 'Con todas sus fuerzas'

Con todas sus fuerzas el sol y la luna se estrellan,
los luceros caen como testigos demasiado maduros
y como una lechigada de ratones grises.
No temas nada, prevé tus crecidas aguas,
que si bien se llevan la ribera de los espejos
han salpicado lodo en mis ojos,
y veo, veo terriblemente, yo veo
que de todas las montañas de todas las islas
sólo restan los pocos dientes cariados
de la impenitente saliva de la mar


*
Aimé Césaire
MARTINICA

1913-2008

lunes, 19 de mayo de 2008

José Mª Amigo Zamorano: 'La alegre otoñada de 'Fiat Umbra''

Alegre otoñada de 'Fiat umbra'



Ya hace unos día nos comunicó Isabel Escudero la salida de un nuevo libro de poesías suyo titulado 'Fiat Umbra' que la Editorial Pre-Textos le había editado. Estaba muy alegre. Y con razón no a todos le publica una editorial tan prestigiosa.

Conocemos, un poco, a Isabel Escudero. Su poesía. Su empeño poético. Su laborar cantando. 'Coser y cantar' se rotula uno de sus libros. Su lucha por la lectura en voz alta de la poesía. De modo que nos hemos dejado llevar por la caricia de las palabras. Por su rima. Su ritmo. Su cadencia. Por su música: 'Traca de trinos / trizan / la copa del pino'. Pasamos la vista por sus versos leves, ligeros, como lo hacemos, caminando, por las florecillas del sendero, dejándonos llevar por la belleza de su colorido. Sin detenernos a meditar en cada copla. Sin preocuparnos por los detalles. Sin pormenorizar su contenido. En una primera lectura.

Igualmente dejamos que nuestro oído capte los trinos, deleitándonos con al música sin pararnos a meditar en las diferencias de uno y otro canto. Que solo la música nos lleve. Sin importarnos saber el pico que modula esa canción que acompaña nuestro alegre caminar: 'Canta la alondra; / quien la escuche, a ella / ¡qué le importa!'. Henchidos de gozo por todo lo que existe.

Aun 'No sé si debo / hacer ver a los otros / lo que yo veo'. Duda Isabel y con razón, dándose cuenta de que cada uno tiene su 'cadaunada' que le nace, que le brota, de lo que ha vivido, de su historia personal, pequeña pero historia al fin y al cabo. Y es suya y es nuestra. Hay quien le emociona la vista del oleaje de los campos de trigos, cebadas y avenas, enrojecidos de amapolas, ondulados por el viento. Pero a otros no les dice nada, acostumbrados, como están, a las oleadas de vehículos ritmadas por el sonidos de los cláxones, cogidos de la mano de su abuelo por las tascas del barrio de su urbe. 'En el espejo / la verdad se mira: / Si me parezco mentira'. Podemos preguntarnos: ¿Verdad o mentira? Y eso qué mas da. Para unos es verdad absoluta porque es su vida y la reivindica. Y nadie, ni nada, va a distorsionar su poética leve, alegre, firme, su andar erecto por la vida. Y si algo le sale al paso con afán agresivo o feo lo neutraliza embelleciéndolo: 'Hermosura: / el sol sacando diamantes / de la basura'.

Muchos de los que lean el 'Fiat umbra' de Isabel Escudero, sentirán, como hemos sentido nosotros, una inundación de luz, claridad y alegría. Y, a pesar del título, sentirán un rejuvenecimiento. Ahora y en la hora de sus muertes. Notarán la primavera, aunque sea en el otoño o en el ocaso de sus vidas. Ahora y en la hora. Presente. La muerte. La muerte siempre presente. Pero no en danza macabra, en fúnebre cortejo, como en las 'Coplas a la muerte de su padre' de Jorge Manrique, sino con una cierta serenidad y risa, como la risa irónica de Pepe Bergamín, de quién cita unos versos de su último libro titulado, no por casualidad, 'Esperando la mano de nieve': 'Me estoy muriendo cada día / desde hace muchísimo tiempo; / no sé si desde que nací / soy un muerto de nacimiento'.

Esa reflexión irónica casi a las puertas de la muerte por parte de Bergamín ilumina la vida y la muerte de los demás. Es como un bálsamo. Tranquiliza: 'Aquel aro de mi niñez / me va llevando / tras él', dice la poetisa extremeña metiendose por las breñas del tiempo que se va. Tranquiliza la aceptación de la muerte como algo natural. Sin traumas. Para ello hay que irse preparando poco a poco: 'Cae la nieve / sobre el anciano: / cuando todo está escrito, / página en blanco'. Nombrándola. Citándola como cita el torero al toro. Mirándose al espejo de los ojos del toro. E ir contando de cuando en cuando las arrugas que el tiempo marca: 'A mis sesenta / aquí frente al mar: / olas que vienen y van'. Son como las llamadas de atención de la fugacidad del tiempo. De que él se va primero con pasos de plomo y luego con pasos de pluma. De todo ello tratan también los versos de la poetisa de Quintana de la Serena (Badajoz)

Las citas nos indican, ya, que la autora no ha variado su poesía; sigue siendo el proverbio, la copla, los haikus... estrofas de pocos versos... fogonazos, chispazos, bocaditos, pasteles pequeños... Cita a Machado (D. Antonio), muy admirado por la poetisa, a Bergamín (D. José), a Chicho Sánchez Ferlosio, o los poetas japoneses cultivadores del haiku como Yosa Buson y Hobayashi Issa. En las 190 páginas del libro, efectivamente, los deslumbramientos de esos chispazos o fogonazos son continuos desde el primero: 'Guadaña de luna / tiembla en el agua: / ¿de qué duda?' hasta el último: 'Mas por más atrás que miro, / no me acuerdo / de haber nacido'. Si bien está dividido en seis partes ante poniéndole un soneto de D. Antonio Machado y una larga cita de D. Agustín García Calvo 'compañero de mis días' y terminando, 'a modo de epílogo', con el 'Elogio del Ciprés' de Horacio en versión rítmica del ya mentado D. Agustín García Calvo.

En su reseña del diario ABC el profesor de literatura de la Universidad de Salamanca, García Jambrina, termina diciendo: 'Un oasis, en fin, de fresca tinta en medio de la aburrida pedantería literaria. Una canción que cuando suena, es de todos, porque, en verdad, no es de nadie. Ya lo dice la copla:

Para que no sea del todo
mía, con tinta robada escribo
la poesía.'


Qué vamos a decir nosotros si ya lo dice el profesor...