miércoles, 27 de diciembre de 2006

Agustín García Calvo: Don Felipe, memoria siempre-viva



PARA DON FELIPE, CONTEMPORÁNEO DE ESTOS VERSOS, MEMORIA SIEMPRE-VIVA



No puedo yo fingir que no sé lo que eres,
oh luna, o que no sé por qué creces y menguas,
ni puedo ya en verdad dibujar en tu cara
figuras ni un collar que de ánimas blancas
te ciña ni beber fría miel de tu cuenco.





Sé todo ya de tí, cómo giras y ruedas
y cómo, al par que vas cada tarde más gruesa
volviéndote, a la par sales más y más tarde
hasta que, cuando ya sales justo al momento
que el sol se pone, hoy, toda llena seguro
que en alto cielo a tí te veré a medianoche,





y luego, cuanto más trasnochando me hagas
aquí esperarte, al fin cuando asomes, más poca
y cada noche más he de verte flaquilla,
hasta que, al asomar con el alba, te anule
de un parpadeo el sol como hebrilla de seda.





Lo sé todo de tí: que eres un mordisquito
que se desmigajó una vez de esta pella,
cuando se estaba aún para tierra cuajando,
lo cual tampoco más era que una pavesa
que del ardor del sol desprendida brincara,
cuando él no era más, a su vez, que el destello
de un rebujón de gas que estalló en llamaradas





por un momento, oh sí, un momento, que es éste,
y que por eso a tí te parece que dura
tan largo, pero es un momento cualquiera
del juego del azar de fugaces relumbres
de chispas que a través de la noche sin fondo
de vez en cuando dan en brillar, y se llaman
'estrella' por no más que el istante que tarda
la boca del sinfín en decirle su nombre;





y más te digo aún, que ese juego al fin todo
de a tiempos encender y apagar farolillos
y de espolvorear el abismo de polvo
de luz y de enroscar caminitos de leche
tal vez solo a un rincón del profundo te toca,
y fuera, más allá de tu cielo y el mío
(¿me oyes?), más allá no se juega a esas cosas,
quizás a nada (¿no?) a silencio sin nombre.





Ya ves; y aún sé más de tí, luna, y te digo
que, cuanto más lo sé, menos sé lo que eres,
y menos eres tú, menos eres tú, luna,
y hundiéndoteme vas pequeñita a lo lejos,
y te me esfumas ya como un guiño en eun sueño.





¡Espera! Escucha aún: que el que sabe eso todo,
qué sé quien eres tú y te borro, ese mismo
¿quien es? No puede ser: yo no puedo estar dentro
de lo que sé, y así no podré saber nunca
quién soy. ¿Verdad que yo no soy nadie ni nada?





Oh luna, dílo tú, díme tú "No soy nadie",
y de ese modo, yo seré tú que lo dices.
Sé tú mi espejo, tú mi espejito de plata,
que en tí me mire yo, y que vea que nada,
no hay nada. Líbrame de ilusiones, oh luna,
oh tú: desnúdame de mi último harapo.



Agustín García Calvo. Las Navas, agosto, 1997
(Aparecido el poema en la revista 'Caminar conociendo')


SE HA RESPETADO LA PARTICULAR ORTOGRAFÍA DEL AUTOR
Y LA FORMA DEL POEMA

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